Durante décadas, la comunidad científica asumió que solo animales con cerebros grandes, como los primates y las aves, eran capaces de resolver problemas de forma espontánea utilizando herramientas. Sin embargo, un nuevo estudio publicado en la prestigiosa revista Science desafía esta creencia al revelar que los abejorros (Bombus terrestris) también poseen esta habilidad, sin necesidad de entrenamiento previo.
La investigación documenta cómo estos insectos logran resolver espontáneamente un problema completamente nuevo, lo que sugiere que la flexibilidad cognitiva está más extendida en el reino animal de lo que se pensaba. Los autores del estudio, liderados por Olli Loukola de la Universidad de Oulu y Akshaye Bhambore como autor principal, diseñaron un experimento que pondría a prueba la inteligencia de estos pequeños animales.
Un experimento que sorprendió a los investigadores
En la prueba, los abejorros debían alcanzar una flor artificial de color azul que contenía una recompensa. Para lograrlo, tenían que mover una bola hasta colocarla debajo de la flor y luego trepar sobre ella. Lo notable es que los insectos nunca antes habían sido entrenados para rodar la bola ni asociar este objeto con la obtención de alimento. Antes del desafío, los abejorros solo sabían que la flor azul ofrecía una recompensa y que la bola era un objeto móvil e inofensivo; nunca habían combinado estos conocimientos para resolver un problema.
El equipo de trabajo implementó controles rigurosos para descartar que los abejorros actuaran por azar o siguiendo simples estímulos visuales. Incluso en las pruebas más exigentes, cuando la flor quedaba oculta a la vista mientras el abejorro movía la bola, los insectos lograban colocarla en la posición correcta.
“El animal debe comprender que un objeto puede moverse y emplearse como herramienta para alcanzar un objetivo inalcanzable de otro modo. Lo que destaca aquí es que este tipo de solución espontánea se demostró en un insecto”, afirmó Olli Loukola en un comunicado oficial.
Por su parte, Akshaye Bhambore señaló que los abejorros “jamás habían sido entrenados para rodar la bola, se enfrentaban a un reto absolutamente nuevo. El comportamiento observado parecía estar dirigido a una meta, con movimientos más enfocados en los individuos que resolvieron la tarea”.

Los resultados adquieren mayor relevancia al compararse con experimentos clásicos de Wolfgang Köhler con chimpancés, quienes también combinaban objetos para alcanzar alimentos fuera de su alcance. La diferencia clave es que los abejorros no contaban con experiencias previas de manipulación de objetos similares ni de interacción con situaciones comparables.
¿Qué implican estos hallazgos para la ciencia?
La coautora Ece Nur Akmeşe, de la Universidad de Helsinki, comentó que “ver a los abejorros resolver la tarea resultaba sorprendente incluso para el equipo de investigación”. El estudio sienta las bases para repensar la evolución de la inteligencia y sugiere que cerebros diminutos pueden generar soluciones flexibles a problemas inéditos.
Loukola aclara que “no se afirma que los abejorros piensen como humanos, pero los resultados muestran que cerebros diminutos pueden generar soluciones flexibles a problemas inéditos, en formas que apenas comenzamos a explorar”.
Este descubrimiento abre nuevas preguntas sobre si otras especies consideradas “simples” podrían albergar capacidades cognitivas complejas. El estudio, que se apoya en décadas de investigación en cognición animal, concluye que los abejorros pueden mostrar resolución espontánea de problemas, cuestionando la idea de que tales capacidades avanzadas sean exclusivas de vertebrados con cerebros grandes.

Durante el último siglo, el estudio de la resolución espontánea de problemas se centró en vertebrados; ahora los insectos deben incluirse también en ese debate. El hallazgo trasciende la etología y la neurociencia, pues plantea interrogantes sobre cómo la selección natural pudo haber favorecido estrategias cognitivas complejas en organismos con sistemas nerviosos reducidos. Sin duda, los abejorros han demostrado que el tamaño del cerebro no lo es todo.
Fuente: Infobae