Quedarse sin internet ya no es solo cosa de falta de antenas o fibra óptica. En América Latina, la verdadera traba para que millones de personas naveguen en la red es el alto precio que deben pagar por los dispositivos y los planes de datos. Así lo señala un reciente estudio de la Universidad de La Sabana, que deja claro que, incluso en zonas donde la señal llega sin problemas, la falta de recursos económicos sigue marginando a grandes grupos de la población.
Este problema es clave para entender el desarrollo social y económico de la región. Tener una torre de señal o un cable de fibra óptica en el barrio ya no garantiza que las familias puedan acceder a la educación en línea, al teletrabajo o a los servicios públicos digitales. El desafío real para los gobiernos y las empresas de telecomunicaciones ya no es solo instalar redes, sino asegurarse de que la gente pueda pagar por usarlas de manera constante.

La conexión no es igual para todos
El informe, titulado “Disparidades de banda ancha y respuestas de política pública en América Latina y el Caribe”, fue publicado en la revista académica Digital Policy, Regulation and Governance. Los investigadores analizaron 33 países y llegaron a una conclusión contundente: el acceso a internet depende directamente del nivel socioeconómico de cada hogar. La conectividad impulsa la educación, el empleo y el acceso a la información, pero la desigualdad estructural sigue siendo un muro difícil de derribar.
Aunque la cobertura ha mejorado en la última década, el estudio advierte que la infraestructura por sí sola no es suficiente. El factor que realmente define quién se conecta y quién no es la capacidad económica de las familias para pagar el servicio y mantenerlo mes a mes. Millones de personas viven en zonas con buena señal, pero siguen excluidas del mundo digital porque no pueden costear una suscripción, comprar un equipo o cubrir los gastos de mantenimiento.
El caso de Colombia: velocidad de lujo, acceso limitado
Colombia es un ejemplo claro de esta paradoja. El país ha logrado mejorar su velocidad de conexión hasta alcanzar un promedio de 120,21 Mbps, lo que lo ubica en el octavo lugar a nivel regional. Sin embargo, apenas 12,88 de cada 100 habitantes tiene acceso a banda ancha fija. Esta cifra coloca a Colombia en el puesto 15 de la región en términos de cobertura, evidenciando una contradicción: hay buena calidad de servicio en las urbes, pero el acceso es muy limitado en las zonas rurales y en las comunidades de bajos ingresos.

Las áreas rurales son las más golpeadas por esta desigualdad digital. La dispersión geográfica, la baja densidad de población y los menores ingresos dificultan que las empresas expandan sus servicios y que las personas adopten la tecnología. El estudio señala que las ofertas comerciales diferenciadas pueden ayudar a mejorar el acceso, pero también lanza una advertencia: los precios demasiado bajos no son sostenibles para las operadoras, mientras que las tarifas altas terminan excluyendo a quienes más necesitan conectarse.
Para cerrar esta brecha, los investigadores consideran fundamental facilitar la compra de equipos, fortalecer los programas de alfabetización digital y fomentar alianzas entre el sector público y el privado. En la actualidad, solo el 58% de los hogares latinoamericanos cuenta con internet y apenas el 43% tiene un computador, lo que da una idea de la magnitud del reto. El objetivo ya no debe ser solo desplegar redes, sino garantizar que las personas puedan utilizarlas de forma eficiente y segura.
El WiFi gratis: una solución con riesgos
Mientras se buscan formas de abaratar la conexión, millones de personas recurren al WiFi público para acceder a internet. Esto se vuelve especialmente común durante eventos masivos, como el Mundial de Fútbol 2026 en México. Sin embargo, un estudio de ciberseguridad advierte que el 17% de las redes públicas en las ciudades sede presentan riesgos importantes de exposición de datos personales y bancarios. Muchas de estas redes carecen de un cifrado sólido o utilizan protocolos obsoletos, lo que facilita los ataques informáticos y el robo de información.
Usar WiFi gratuito puede parecer una salida fácil, pero la falta de seguridad convierte a los usuarios en víctimas potenciales de los ciberdelincuentes, sobre todo en contextos con alta concentración de turistas o durante grandes eventos deportivos.
Recomendaciones para navegar seguro
Para quienes no tengan otra opción más que conectarse a una red pública, los expertos en seguridad recomiendan seguir estos consejos:
- Evitar realizar transacciones bancarias o compras en línea desde redes WiFi públicas.
- Verificar siempre la legitimidad de la red antes de conectarse.
- Usar una VPN confiable para cifrar la información.
- Mantener el software y el antivirus actualizados en todos los dispositivos.
- Desactivar funciones como el intercambio de archivos y AirDrop en lugares públicos.
- Considerar la contratación de una eSIM internacional para tener una conexión más segura durante los viajes.
La brecha digital en Latinoamérica ya no es solo un problema de cobertura. El verdadero desafío es lograr que la conectividad sea asequible, útil y segura. Solo así millones de personas podrán convertir el acceso a internet en oportunidades reales de desarrollo, sin caer en los riesgos de la era digital.
Fuente: Infobae