Este domingo marcó el inicio del segundo día de la visita del Papa León XIV a España, un recorrido que arrancó con un saludo masivo a los fieles desde el papamóvil por el Paseo de Recoletos. La jornada tuvo su punto más álgido cuando la familia real recibió al Sumo Pontífice en las puertas del Palacio de Cibeles, un escenario que, como era de esperarse, puso la atención en los atuendos escogidos para la ocasión.
La reina Letizia volvió a ejercer el llamado ‘privilegio de blanco’, una distinción protocolario que solo unas cuantas soberanas católicas pueden usar ante el Papa. En esta oportunidad, lució un vestido que simula un conjunto de dos piezas: un chaleco entallado con mangas abullonadas y una falda midi que caía justo hasta los tobillos. Los complementos fueron sobrios: tacones blancos sencillos y el cabello suelto, ligeramente inclinado hacia un lado.

El primer encuentro con León XIV
El primer contacto entre la monarca española y el nuevo Papa no fue menos comentado. Durante la recepción oficial en el aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas, la reina volvió a convertir la moda en un vehículo de comunicación institucional. Para aquella cita, que figura entre las más relevantes del calendario diplomático anual, recurrió al mismo privilegio del blanco, reservado a un selecto grupo de reinas y consortes católicas.
En aquella ocasión, doña Letizia optó por un elegante vestido blanco de la firma The 2nd Skin Co., confeccionado en delicado encaje con motivos florales. La prenda, que ya había usado durante la visita de Estado a Egipto en septiembre de 2025, incorporaba un cinturón de hebilla ancha que marcaba la cintura y aportaba estructura a la silueta. La reina volvió a demostrar su conocida inclinación por reutilizar prendas de su armario, lejos de estrenar diseños nuevos.

Un detalle que generó revuelo fue la ausencia de mantilla, un complemento que tradicionalmente acompaña a las audiencias con pontífices. Letizia decidió prescindir tanto de la mantilla como de la peineta, apostando por una imagen más contemporánea y sencilla. Como único adorno capilar escogió una discreta diadema que completaba el conjunto sin restar protagonismo al vestido de encaje.
La elección del blanco no fue casual. Más allá de cumplir con el protocolo vaticano que ampara a las soberanas católicas, el color transmitió un mensaje de respeto institucional y cercanía hacia el nuevo Papa. Actualmente, solo unas pocas mujeres en Europa gozan de este privilegio: la reina Sofía, las reinas Matilde y Paola de Bélgica, María Teresa y Estefanía de Luxemburgo, y Charlene de Mónaco.

Pero no todo fue moda. Uno de los momentos que más acaparó la atención fue el saludo al pontífice. Cuando León XIV descendió del avión, Letizia realizó una pronunciada reverencia, un gesto cargado de simbolismo que reflejó la trascendencia del evento. Esa imagen, junto a la inclinación de cabeza del rey Felipe VI, se convirtió en una de las fotografías más comentadas de la jornada.
Durante el acto, la reina también mostró su faceta más humana. Mientras el Papa saludaba a las autoridades y a un grupo de niños invitados especialmente para la ocasión, Letizia dedicó tiempo a conversar con los menores, intercambiar sonrisas y protagonizar varios gestos de cariño que no pasaron inadvertidos para los presentes.
Fuente: Infobae