La explosión del cohete New Glenn ocurrida en Cabo Cañaveral el pasado 28 de mayo podría alterar significativamente la estrategia de la NASA y sus ambiciones de regresar a la Luna en 2028 mediante el programa Artemis.
La destrucción total de la nave y la plataforma de lanzamiento de Blue Origin, la compañía fundada por Jeff Bezos, se produjo durante una prueba de encendido estático, donde los motores se verifican sin que el cohete despegue. Este incidente no solo representa un duro golpe técnico para la empresa, sino que también pone en riesgo los plazos estadounidenses para llegar primero a la Luna, especialmente después de que China anunciara su propia misión lunar para 2030.
El estallido, que iluminó el cielo nocturno con tonos anaranjados y blancos, fue descrito por el exastronauta de la NASA Garrett Reisman como “probablemente la mayor explosión de un cohete en plataforma”. Este suceso deja al gobierno estadounidense y a los consumidores con una mayor dependencia de los servicios privados de SpaceX, justo antes de la esperada oferta pública inicial de la compañía de Elon Musk, programada para esta semana.

La escala del accidente recuerda al fallo del misil soviético N1 en 1969, una de las mayores explosiones no militares registradas. Reisman, profesor de ingeniería astronáutica en la Universidad del Sur de California, señaló: “Los cohetes que explotan en pleno vuelo suelen producir una explosión mucho menor porque han consumido combustible. La única otra explosión de cohete en la plataforma que habría sido mayor fue la del N1 soviético. Esta es probablemente la mayor que hemos tenido”.
La detonación destruyó el transportador-erector y una torre pararrayos, aunque Blue Origin informó que los tanques de combustible y el sistema de agua se mantuvieron intactos.

Dave Limp, director ejecutivo de Blue Origin, reconoció: “Es una pequeña buena noticia, volveremos a volar antes de que termine este año”. Sin embargo, la empresa admitió que parte del proceso de reconstrucción demandará un tiempo considerable y solicitó a la población que no manipule posibles restos que pudieran llegar a las costas.
El accidente ocurrió apenas dos días después de que la NASA otorgara a Blue Origin un contrato por cientos de millones de dólares para lanzar dos vehículos exploradores destinados a futuras misiones lunares del programa Artemis.
El New Glenn también tenía un rol crucial en el despliegue del módulo de alunizaje Blue Moon y en los planes de la agencia espacial estadounidense para establecer una presencia permanente en la Luna. Por ello, el incidente podría tener consecuencias en el cronograma de varios proyectos lunares.

El colosal New Glenn, bautizado en honor a John Glenn, el primer estadounidense en orbitar la Tierra, es el cohete más grande desarrollado por Blue Origin. Con 98 metros de altura y siete metros de diámetro, es capaz de transportar más de 13 toneladas a órbita de transferencia geoestacionaria y hasta 45 toneladas a órbita terrestre baja, capacidades esenciales para las misiones de exploración lunar y el despliegue de infraestructura espacial a gran escala.
La onda expansiva de la explosión se sintió a kilómetros de distancia y, según testigos, provocó que ventanas y estructuras de viviendas cercanas temblaran. Vecinos de la zona grabaron el suceso y lo compartieron en redes sociales, asombrados por la magnitud de la bola de fuego que tiñó el cielo nocturno de naranja y blanco.
Dominio de SpaceX, presión internacional y futuro del programa Artemis

El accidente del New Glenn generó reacciones inmediatas en la comunidad espacial internacional. Josef Aschbacher, director general de la Agencia Espacial Europea (ESA), expresó su consternación por las imágenes y el alcance del daño: “Es sin duda un enorme revés, no es bueno para nadie en la comunidad espacial”.
Aschbacher destacó el esfuerzo que implica desarrollar un cohete y el golpe que representa ver destruido un vehículo en las primeras fases del programa: “Este era solo uno de los primeros vuelos, así que estamos realmente en la fase de despegue del programa, y esto es sin duda algo que me preocupa”.
Aschbacher también enfatizó: “Han visto la explosión, creo que la base de lanzamiento está prácticamente destruida, algo que llevará bastante tiempo reconstruir, pero también investigar por qué se produjo esta explosión. Y sé que esto lleva bastante tiempo”.

Hasta la semana pasada, Blue Origin era considerada la mejor posicionada para liderar la siguiente etapa del programa Artemis, cuyo objetivo es devolver astronautas a la superficie lunar y construir una base permanente. La propia NASA confiaba en que este tipo de cohete fuera fundamental en el programa Artemis, estructurado en varias fases, para lograr ese retorno.
En abril de este año, la NASA lanzó la misión Artemis II, una histórica misión tripulada de diez días de sobrevuelo lunar. La siguiente misión, Artemis III, contempla un vuelo en órbita baja terrestre de dos módulos lunares comerciales a fines de 2027, construidos por SpaceX y Blue Origin, otorgándoles tiempo para probar los sistemas de lanzamiento necesarios para un futuro alunizaje con la misión Artemis IV, en 2028.
El propio Jared Isaacman, administrador de la NASA, insistió en que la agencia mantendrá el calendario y buscará alternativas para los lanzamientos de los módulos lunares.

“La NASA está muy enfocada en el alunizador porque en eso se basa nuestra misión para llevar astronautas de regreso a la superficie de la Luna antes de 2029, y podremos seguir desarrollando ese alunizador y avanzando para que esté disponible en 2027 para nuestra misión de prueba Artemis 3, potencialmente también para nuestros objetivos de alunizaje de 2028”, remarcó.
La urgencia de encontrar soluciones surge porque el alunizador Blue Moon fue diseñado específicamente para las dimensiones del New Glenn. Isaacman señaló que las opciones para lanzar los módulos lunares son limitadas y que, tras el accidente, la NASA se encuentra “únicamente con la Starship de SpaceX”.
El dominio de SpaceX en el sector, justo cuando la compañía se prepara para una oferta pública inicial que podría ser la mayor de la historia, añade presión sobre la agencia estadounidense y genera interrogantes sobre la soberanía tecnológica y la competitividad futura del sector. La exclusividad de SpaceX en los lanzamientos de gran capacidad obliga a la NASA a replantear su estrategia de proveedores y refuerza el liderazgo de Elon Musk en la industria espacial privada.
Reconstrucción, incertidumbre y el desafío de mantener el liderazgo lunar

A pesar del desastre, Blue Origin reportó que los tanques de combustible y el sistema de agua de la plataforma se mantuvieron en buen estado, mientras que el propulsor “Never Tell Me The Odds” y varias etapas superiores GS-2 no resultaron dañados. La empresa destacó que estos componentes requieren largos tiempos de fabricación, por lo que su conservación facilitará la reconstrucción de la plataforma.
El accidente también retrasó el despliegue de la constelación Kuiper de Amazon, que esperaba lanzar 48 satélites en la misión accidentada. Este proyecto, clave para competir con Starlink, deberá esperar a que Blue Origin recupere su capacidad operativa.
El incidente puso en duda la posibilidad de cumplir con el alunizaje tripulado de la misión Artemis IV previsto para 2028. La destrucción de la base de lanzamiento y la necesidad de investigar las causas del accidente posponen el regreso del New Glenn al menos hasta 2027, según estimaciones de especialistas.

El contexto obliga a la NASA a potenciar la redundancia tecnológica y a mantener abiertas varias líneas de desarrollo para asegurar el cumplimiento de sus objetivos estratégicos.
En 2025, el New Glenn completó un aterrizaje controlado de su primera etapa sobre una plataforma marítima y reutilizó por primera vez uno de sus propulsores, demostrando avances en reutilización y eficiencia que la industria considera clave para el futuro de la exploración espacial. Sin embargo, la magnitud de la explosión y la destrucción parcial de la plataforma exigen inversiones y tiempo para la recuperación total de la capacidad operativa.
Mientras las tareas de limpieza avanzan y la investigación continúa, Blue Origin pidió a la población no manipular posibles restos que pudieran llegar a las costas. El accidente, comparado con el fallo del misil soviético N1 por la magnitud de la energía liberada, marcó un hito negativo en la historia de la empresa y de la industria espacial estadounidense.

La explosión del New Glenn reconfigura el tablero global y coloca a la NASA ante la necesidad de diversificar proveedores y acelerar la innovación para no depender de un solo actor. El desafío es técnico, económico y geopolítico: el sector espacial privado nunca fue tan determinante para el futuro de la exploración lunar estadounidense.
El programa Artemis, pieza central de la estrategia estadounidense para volver a la Luna, continúa en marcha, pero la incertidumbre tecnológica y la presión internacional marcan el ritmo de los próximos años para la agencia y sus socios industriales.
Fuente: Infobae