Ecuador y el mundo del rock recibieron la noticia con estupor: Carlos «Indio» Solari había fallecido. Pero más allá del mito, existía un ser humano contradictorio, y sus memorias lo reflejan con crudeza.
Publicada en 2019, la obra Recuerdos que mienten un poco es el resultado de largas conversaciones entre Solari y el periodista Marcelo Figueras. En sus 862 páginas, el Indio repasa su infancia, sus amigos, la historia de Los Redondos, el quiebre con Skay Beilinson, el papel de Carmen “la Negra” Poli, la muerte de Walter Bulacio y su teoría sobre un complot en su último concierto en Olavarría.

La conexión con el público
Solari abre el libro con una reflexión sobre la memoria: “La memoria es lo que uno recuerda, sí, pero al mismo tiempo es lo que uno cree que recuerda, y además lo que dice que recuerda”. Durante años esquivo a los medios, pero habituado a entrevistas gráficas y radiales, decidió fijar “apenas mi versión respecto de la vida que me tocó en suerte”.
En otro pasaje, agradece a su audiencia: “Yo tengo la suerte de que el público de Los Redondos haya proyectado sobre mí ciertas destrezas o aptitudes”. Y añade que esa expectativa colectiva “te da permiso para ser mejor”.
También define su estilo: “Mis letras no son crípticas. Siempre reflejan la realidad, sólo que contada poéticamente, a través de un lenguaje rítmico”. Se autodenomina “un renegado de la clase media” y confiesa su “fascinación por los desposeídos”.
La ruptura definitiva con Skay y Poli
Uno de los pasajes más duros del libro es la disolución de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, sociedad artística y comercial que funcionó entre 1978 y 2001. Solari carga contra Skay Beilinson y la manager Carmen “la Negra” Poli, a quienes acusa de una traición relacionada con la custodia de grabaciones audiovisuales de recitales.

Sobre el inicio con Poli, recuerda: “De pronto me sorprendió que Poli estuviese ahí, dispuesta a hacerse cargo de la parte administrativa y burocrática de la banda, que tanto a Skay como a mí nos excedía. (Cosa de la que me arrepentí, con el tiempo)”. Luego es más tajante: “Perdieron significación en mi vida. La conservan históricamente, pero nada más”.
Las muertes en los shows: Walter, Javier y Francisco
Otro tema sensible son las tragedias en sus conciertos. Sobre Walter Bulacio, joven fallecido tras ser detenido en 1991, Solari responde a quienes lo acusaron de desentenderse: asegura que en sus presentaciones aún proyecta la foto del muchacho junto a la palabra “justicia” y afirma: “No es algo que se va alegremente de uno”.
El libro también vuelve sobre el recital de Olavarría en 2017, el último de su carrera. Allí murieron Javier León (42 años, de Los Polvorines) y Juan Francisco Bulacio (36 años, de Garín). El ministerio fiscal lo desligó de responsabilidad penal.

Solari describe un clima de agitación social y política y lanza una hipótesis de conspiración: “Nadie me quita de la cabeza que esto fue algo político-mediático”. Señala como sospechosos el apagón final, calles bloqueadas por la policía, agentes que no auxiliaban al público y la desaparición de señalizaciones.
Enfermedad y muerte: el adiós del Indio
Hacia el final del libro, Solari habla sin filtro de su deterioro físico y la cercanía de la muerte: “A veces me parece que lo mejor sería irse de acá sin levantar polvareda”. Y cierra con una declaración de principios: “No se confundan. Aun cansado y enfermo, yo no soy un artista dedicado al entretenimiento”.
Siete años después de aquella publicación, el Indio Solari partió. Resulta imposible que un artista de su magnitud no levante polvareda. Sus memorias quedan como testamento de una voz que marcó a generaciones enteras.
Fuente: Infobae