La momia de Ötzi, el famoso Hombre de Hielo de los Alpes, continúa asombrando a la ciencia: a pesar de tener más de 5.300 años de antigüedad, aún alberga vida microscópica. Un nuevo estudio descubrió que bacterias y levaduras presentes en su cuerpo no solo sobreviven, sino que se mantienen activas bajo condiciones de congelación.
El hallazgo ocurrió en septiembre de 1991, cuando una pareja de montañistas alemanes encontró el cadáver momificado en los Alpes austríacos. Inicialmente creyeron que era un alpinista perdido, pero pronto identificaron que se trataba de una momia del Calcolítico. Su flora intestinal reveló su antigüedad.
Ahora, un equipo del Institute for Mummy Studies de Bolzano (Italia), liderado por Mohamed S. Sarhan y Frank Maixner, publicó en la revista Microbiome que los microbios de Ötzi, tanto de la Edad del Cobre como los modernos, siguen vivos. La momia se conserva a -6 grados Celsius en una cámara frigorífica del Museo de Arqueología del Tirol del Sur, en Bolzano.
Colonias microbianas ancestrales
El estudio identificó colonias microbianas en tejidos internos y externos que evolucionaron desde el Calcolítico hasta hoy. Se analizaron muestras durante la descongelación controlada de 2019, incluyendo tejidos internos (intestino, músculo, piel), hielo superficial, aguas de deshielo, aire de la cámara y suelo original de los Alpes de Ötztal. Los datos se compararon con registros de 1992, 2010 y 2019.
Los tejidos internos mantienen una comunidad bacteriana ancestral, dominada por especies anaerobias como Clostridium, Romboutsia hominis y Treponema succinifaciens, identificadas por su perfil de daño en ADN antiguo. Estas bacterias son muy similares a las de poblaciones humanas no occidentalizadas, ofreciendo una ventana al microbioma intestinal de hace milenios.
Levaduras adaptadas al frío
En contraste, la microbiota externa sufrió un cambio drástico: levaduras adaptadas al frío extremo como Glaciozyma watsonii, Mrakia robertii y Phenoliferia glacialis dominan ahora la piel y el agua del cuerpo. Su ADN muestra escaso daño, lo que indica que están activas y se multiplican en la momia, a pesar de las temperaturas bajo cero.
Este estudio documenta por primera vez que microorganismos especializados en ambientes fríos pueden estar metabólicamente activos y replicarse en una momia conservada a -6 °C. La abundancia de Glaciozyma watsonii subió del 85% en 2010 al 98% en 2019 en la piel, con mayor integridad del ADN, atribuido a su proliferación contemporánea.
“Ötzi no es una cápsula del tiempo congelada, sino un ecosistema dinámico que sigue cambiando bajo las condiciones de conservación actuales”, concluyen los investigadores.
Fuente: Infobae