Un operativo conjunto entre la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC) y la Policía Ambiental logró rescatar a un mono capuchino que pasó más de tres años amarrado con una cadena en el interior de una vivienda en el municipio de Yotoco, en el departamento del Valle del Cauca. La intervención se activó gracias a una denuncia anónima que alertó sobre la situación de cautiverio extremo.
Las autoridades hallaron al primate en condiciones deplorables, atado permanentemente y sin acceso a estímulos propios de su especie. Según confirmaron los investigadores, el animal era utilizado como objeto de entretenimiento para generar contenido en redes sociales, donde su cautiverio era exhibido sin que se evidenciara el progresivo deterioro de su salud. Durante todo el tiempo que permaneció encadenado, el mono fue alimentado con productos destinados al consumo humano, como pan y leche en polvo, una dieta que la CVC calificó como tóxica y nociva para su organismo.

Inmediatamente después del rescate, el primate fue trasladado al Centro de Atención y Valoración de Fauna Silvestre (CAV) San Emigdio, ubicado en Palmira. En este centro, especialistas pusieron en marcha un protocolo de cuarentena y un plan integral de recuperación física y emocional, con la participación de veterinarios y biólogos. El equipo diseñó una dieta balanceada acorde a las necesidades de la especie y monitorea de cerca las posibles secuelas psicológicas derivadas del aislamiento prolongado.
El caso de este mono capuchino evidencia una problemática más amplia: la tenencia ilegal y el tráfico de fauna silvestre en Colombia. La CVC enfatizó que mantener a estos animales como mascotas no es un acto de protección ni de cariño, sino una forma de crueldad que vulnera sus derechos y bienestar. El aislamiento social, la ausencia de interacción con otros de su especie y la falta de acceso a entornos naturales causan graves daños a su salud física y emocional.
En su hábitat natural, los monos capuchinos forman grupos de entre 10 y 30 individuos, integrados por machos, hembras y crías. La convivencia es esencial para su desarrollo, ya que comparten actividades como el juego, el desplazamiento y el acicalamiento mutuo. Según la CVC, estos lazos sociales son fundamentales para la supervivencia y el bienestar de la especie.

La alimentación de los capuchinos en libertad es muy variada: frutas maduras, semillas, insectos, pequeños vertebrados como lagartijas y ranas, néctar, flores, savia y huevos de aves. Estas necesidades nutricionales no pueden ser cubiertas en cautiverio, y la comida humana resulta perjudicial para su organismo. La reproducción de la especie ocurre dentro del grupo, con una gestación de aproximadamente 155 días, dando origen por lo general a una sola cría por parto. Esta estructura social y reproductiva refuerza la necesidad de preservar su libertad y entorno natural.
Si bien los monos capuchinos no están considerados globalmente en peligro crítico, especies endémicas como el mono cariblanco en el Magdalena Medio enfrentan graves amenazas debido a la deforestación y al tráfico ilegal.

La corporación hizo un llamado a la comunidad para que sigan denunciando cualquier situación que ponga en riesgo a los animales silvestres, recordando que la protección de la biodiversidad depende de la participación activa de la sociedad. En Colombia, la posesión de fauna silvestre en cautiverio constituye un delito que puede ser castigado con penas de prisión de entre 48 y 108 meses, además de multas elevadas y procesos sancionatorios. La legislación penaliza tanto la tenencia como la comercialización, la caza o la extracción ilegal de animales, con agravantes para especies en peligro de extinción o cuando se causan daños graves al ambiente. El Código Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana prohíbe mantener animales no domesticados en zonas urbanas y permite su incautación inmediata por parte de las autoridades.
Fuente: Infobae