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Alberdi y Milei: ¿qué pensaría el padre de la Constitución del libertario?

Todo comenzó cuando Javier Milei ganó las elecciones y, en su primer discurso como presidente electo, mencionó a Juan Bautista Alberdi. Dijo que abrazaría sus ideas. Eso llevó a muchos a preguntarse: ¿qué había escrito realmente Alberdi?

Más tarde, el gobierno de Milei envió al Congreso un paquete de leyes titulado Ley de Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos, que remite directamente a la obra emblemática de Alberdi: Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina, considerada el borrador de la Constitución Nacional.

La periodista Patricia Kolesnicov, editora de Cultura de Infobae, decidió indagar a fondo en el pensamiento de Alberdi. Entrevistó a historiadores como Fernando Devoto, Eduardo Zimmermann, Darío Roldán y Julio Djenderedjian. También consultó a Marcelo Ramal, excandidato presidencial por el partido trotskista Política Obrera y profesor de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad de Quilmes. Además, conversó con los constitucionalistas Andrés Gil Domínguez y Félix Lonigro, y por recomendación del propio Milei, con el analista político Alberto Medina Méndez, quien llevó a Daniel Pereyra, fundador de la Fundación Alberdi.

El resultado es un mosaico de voces que permite examinar al “padre de la Constitución” desde múltiples perspectivas. Cada capítulo incluye frases de Alberdi, lo que permite escuchar su voz, que no deja de sorprender.

A continuación, la introducción del libro Un presidente que sea como un rey. El Alberdi que Milei tiene en la cabeza.

“Un presidente que sea como un rey” (Introducción)

La investigación arranca con una cita inesperada: “Los economistas actuales han demostrado que el salario impone al obrero una especie de esclavitud hacia el capitalista; y los partidarios de la libertad individual y de la igualdad de clases persiguen en todas partes una revolución en la distribución de la propiedad, por la que salga el jornalero de la dura dependencia que le impone el propietario”.

Esta frase data de 1842, diez años antes de que Alberdi escribiera sus Bases. En ese momento, Alberdi era abogado, estaba exiliado en Montevideo y defendía a José León, un joven de 27 años que mató al hombre que lo despidió de una panadería sin pagarle su liquidación. Según el alegato de defensa, el dueño le dijo que “le agarraría y le echaría por tierra”.

Óleo de Juan Bautista Alberdi pintado en 1938 (foto: Wikipedia/Congreso de la Nación Argentina)

El alegato, firmado por Alberdi, describe el hecho como un accidente: José León temió ser atacado, sacó un cuchillo y el patrón cayó sobre el arma. Cosas que pasan, según el escrito.

La pregunta central del libro es: ¿qué relación hay entre ese Alberdi y el que, años después, escribiría “la Patria es libre, en cuanto no depende del extranjero: pero el individuo carece de libertad, en cuanto depende del Estado de un modo omnímodo y absoluto”? ¿O con el que sugeriría que la monarquía podría ser el mejor sistema para América Latina?

El contraste es evidente: por un lado, Alberdi escribió en la Constitución que “La Constitución asegura en beneficio de todas las clases del Estado la instrucción gratuita, que será sostenida con fondos nacionales destinados de un modo irrevocable y especial a ese destino”. Por otro, en su conferencia Omnipotencia del Estado (1880), parece sugerir que si el pueblo necesita puentes o cloacas, se los haga solo. Javier Milei usó esa idea durante su campaña.

Javier Milei en 2023, como presidene electo. Por el camino de Alberdi. (REUTERS/Agustin Marcarian/File Photo)

La conexión no es casual. Cuando Milei asumió, declaró: “Volvemos a abrazar las ideas de Alberdi. De nuestros padres fundadores que hicieron que en 35 años pasáramos de ser un país de bárbaros a ser potencia”. También dijo: “Con Alberdi y una profunda reforma del Estado, en unos 35 años la Argentina podría alcanzar el dinamismo de los Estados Unidos”.

Ante esas afirmaciones, muchos periodistas se lanzaron a revisar qué había dicho realmente Alberdi. Se encontraron con frases como: “El que no cree en la libertad como fuente de riqueza, ni merece ser libre, ni sabe ser rico. La Constitución que se han dado los pueblos argentinos es un criadero de oro y plata”. Ante esto, el sentido común preguntaba: ¿desde 1853 tenemos un criadero de oro y plata? Algo había fallado. Y Milei señalaba que lo que falló fue abandonar esa idea de libertad.

También hallaron: “Si la economía es el juicio en los gastos, la disipación es la locura en el gobierno y en el país”, una frase que avalaría la “motosierra”, el recorte feroz anunciado por el presidente electo.

La tumba de Juan Bautista Alberdi en el cementerio Pere Lachaise de París. (Gilda Pedicone de Valls)

Alberdi también dijo que la aduana es mala pero inevitable, y defendió la educación pública, pero práctica. “La instrucción primaria dada al pueblo más bien fue perniciosa. ¿De qué sirvió al hombre del pueblo el saber leer?”, escribió. Eso sí: educación para trabajar está bien, pero la prensa electoral, según él, contamina y destruye. Todo esto lo dijo quien había militado en el periódico Muera Rosas.

En apariencia, Milei pisa terreno firme al erigirse como sucesor de Juan Bautista Alberdi. Sin embargo, al leer en profundidad, se advierte que “había de todo en Alberdi”, y que recortando citas se le podía hacer decir cosas muy afines a los libertarios… o lo contrario.

La periodista Patricia Kolesnicov buscó en las ideas de Juan Bautista Alberdi.
(Ale López)

El historiador Eduardo Zimmermann, profesor de la Universidad de San Andrés, advierte: “Debemos recordar la precaución con la que es necesario acercarse a la caracterización ideológica de los actores políticos del siglo XIX latinoamericano”. Señala dos cuestiones clave: la norma de la época era la fusión de ideas, resultando en un pensamiento ecléctico; y esos actores pensaban para un momento concreto y convulso, organizando países nuevos. Por eso, buscaban construir autoridad y limitarla a la vez.

“Hubo reactualizaciones de Alberdi de parte del nacionalismo, del socialismo romántico y ahora del libertarianismo”, explica Zimmermann. “Cada uno toma partes de esa mezcla. El eclecticismo permite eso”.

¿Es Alberdi un antecedente de Milei? Zimmermann cree que a Milei le vienen bien las ideas de Alberdi en términos de liberalismo económico y su flexibilidad para usar instrumentos como los decretos de necesidad y urgencia. Pero aclara que son realidades distintas. Coinciden en la urgencia de reformas rápidas y dramáticas usando el liberalismo económico como medio.

Otra coincidencia es el debate entre shock y gradualismo. En el siglo XIX, hubo un “gradualismo evolucionista” frente a una “ambición reformista rápida, fuerte y brutal que con la ley quiere cambiar la realidad”, dice Zimmermann. Esa misma tensión se ve hoy: la voluntad de cambiar todo de un plumazo, como antes se quería enterrar la colonia y el rosismo, y ahora se busca dar fin al peronismo y la socialdemocracia.

Sin embargo, Zimmermann es rotundo: “Creo que el núcleo del mensaje libertario anarcocapitalista hubiera horrorizado a Alberdi. Él no hubiera estado de acuerdo con disolver el Estado. Alberdi enfrentaba el dilema de ser liberal y constructor de un Estado en un desierto despoblado. Buscaba un orden nacional fuerte para hacer posible la libertad”.

El historiador Darío Roldán, doctor en Estudios Políticos, aporta otra perspectiva: “A mí me parece que las citas que él hace pueden no ser ni siquiera precisas, lo que importa es la efectividad que logra con la cita de Alberdi. Es la referencia a alguien que todo el mundo entiende que es importante del siglo XIX, considerado un liberal”.

Según Roldán, Milei usa “Alberdi” para decir “autoridad” y “liberalismo”. “Esa autoridad de Alberdi es Milei mismo quien la construye”, sostiene. “Porque estoy seguro de que a la mayor parte de los asistentes a los actos de Milei les resultaría muy difícil ubicar a Alberdi. Pero Milei le confiere una autoridad que el público acepta”.

Esto recuerda a Borges, quien escribió en “Kafka y sus precursores”: “Cada escritor crea a sus precursores. Su labor modifica nuestra concepción del pasado, como ha de modificar el futuro”. Así, Milei empodera a Alberdi y lo transforma.

Juan Bautista Alberdi, un pensador político cuyas ideas cambiaban según los acontecimientos, sirve para dar legitimidad a un discurso rupturista. Milei rompe con “el fracaso” y salta hacia atrás buscando un modelo exitoso en el pasado. Lo que le sirve, apunta Roldán, es trazar una línea que una la Constitución de Alberdi con el progreso económico anterior a 1930, ignorando cómo se repartió la riqueza.

En conclusión, si Alberdi ordenó las ideas que llevaron al éxito económico, ese es el precursor que Milei necesita. Sus planteos, desde la redacción de la Constitución hasta la sugerencia de un ejecutivo fuerte, representan proyectos para ubicar un país periférico en el mundo. Las circunstancias cambiaron, pero la ambición de organizar un país sigue vigente.

Fuente: Infobae

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