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Lolita Flores: «Ahora tengo un nombre y no quiero que nadie me joda»

Un mes después del estreno de La noche de Aimar, el programa conducido por Aimar Bretos en La Sexta, la artista Lolita Flores se ha sentado frente a las cámaras para reivindicar su lugar en el mundo del espectáculo. La hija de ‘La Faraona’ ha aprovechado la oportunidad para dejar claro que ya no es solo ‘la hija de Lola Flores’ y que ha construido una identidad propia. “Ahora tengo un nombre, Lolita Flores, y no quiero que nadie me joda”, sentenció durante la conversación, en la que también abordó la muerte de su madre y su hermano, su vínculo con la fama, su herencia gitana y el perjuicio económico que, según su versión, le causó el exministro Cristóbal Montoro.

La cantante y actriz explicó que necesitó años para dejar de ser vista únicamente como el descendiente de una leyenda. Recordó que pasó dos décadas trabajando en América porque en España “no tenía trabajo”. Ahora, asegura, ya ocupa un lugar propio: “Ahora tengo un nombre, Lolita Flores, y no quiero que nadie me joda”. A lo largo de la entrevista, Lolita repasó distintos aspectos de su vida: los nietos, el amor, la enfermedad, el teatro, el cine, la política, Hacienda y la exposición pública. Se definió, una vez más, como “artista”, la palabra que, según dijo, usa cuando puede definirse a sí misma.

Drogas, cáncer y la memoria de Antonio Flores

Al hablar de su nuevo proyecto, Mallorca Confidential, Lolita reconoció que “tonteó con las drogas” tras la muerte de su madre y su hermano. La entrevistada señaló que esa etapa le dejó una enseñanza clara: “Hay que saber decir basta para todo”. Para reforzar la idea, citó una frase que atribuye a su madre: “En la vida, como decía mi madre, se puede hacer de todo con medida. Cuando ves que llegas al precipicio, tienes que dar tres pasos hacia atrás”.

En el mismo segmento, la artista se refirió a la enfermedad que superó hace años: un carcinoma in situ derivado del virus del papiloma humano. Sobre ese episodio, precisó que el temor nunca estuvo centrado en ella misma. “Nunca he tenido miedo por mí, pero sí por que les pasara a mis hijos”, afirmó. Esa preocupación, añadió, se ha intensificado con la llegada de sus nietos.

La familia ocupó un lugar central en la charla. Lolita contó que sus nietos siempre la han llamado “abuela Lolita”, aunque la menor, de tres años, la llama “abuelita” y le dice que es “su mejor amiga”. Esa protección hacia los suyos, según su relato, tiene un origen concreto: recordó que durante una gira pasó demasiado tiempo fuera de casa y que, al volver, su hija Elena no la reconoció cuando era un bebé. A partir de ese momento, decidió no separarse de su familia más de 15 días.

La memoria de Antonio Flores también reapareció a raíz del documental que su hija Alba ha dedicado a la figura de su padre. Lolita explicó que el proceso ha supuesto “reabrir una herida”, aunque lo considera necesario para ella, y aseguró que Alba “ha vuelto a tener la mirada que tenía antes de irse su padre”.

Infancia feliz en el hogar de Lola Flores

En otro tramo de la entrevista, Lolita describió su infancia como “muy feliz” y “normal” dentro de una familia conocida en toda España. Contó que iba al colegio, hacía novillos, salía con amigas e intentaba llegar tarde a casa sin que su padre la descubriera, aunque la popularidad de Lola Flores y Antonio González marcaba esa vida cotidiana.

La artista fue especialmente precisa al hablar de su identidad. “Soy una gitana privilegiada”, afirmó, antes de matizar que no puede ponerse “en la piel de los gitanos que han estado perseguidos, excluidos y maltratados”. Aun así, denunció que el racismo y el clasismo siguen presentes y los vinculó con un “problema de educación generacional”.

La herida económica: “Me quitó todo lo que tenía”

El nombre propio más duro de la entrevista fue el de Cristóbal Montoro. Preguntada por las personas que le hicieron daño, Lolita aseguró: “Me quitó todo lo que tenía y tuve que empezar de cero”. Después añadió que el exministro “está investigado” y que, a su juicio, esa situación llega tarde. Su posición sobre el sistema fiscal no fue de rechazo. Defendió que “hacienda somos todos” y que hay que pagar impuestos, aunque deslizó una crítica concreta: “Quizá pagamos más de lo que deberíamos, porque pagamos justos por pecadores”. Pese a ese recorrido, aseguró que no guarda rencor y que prefiere perdonar porque ella también comete errores.

La política, según contó, nunca ocupó un lugar central en su casa. “En mi casa se hablaba de que había que llenar la nevera”, reconoció. Ya en la edad adulta, fijó su posición en torno a la sanidad, la vivienda, el transporte y la libertad personal. Su formulación fue directa: “Yo lo único que quiero es que mi país vaya bien y que tengamos una buena seguridad social, que tengamos una buena salud, que tengamos un buen transporte y que tengamos un derecho a la vivienda y una vida libre y cómoda”. Cuando Bretos le preguntó si esa visión es de izquierdas, respondió: “Pues si eso es ser de izquierdas, lo soy”.

Lolita añadió que nació con Franco y que tenía 15 años cuando murió el dictador. A partir de ahí, resumió su relación con la política con una idea práctica: “He vivido PP, he vivido PSOE, he vivido centros y aquí estoy. Yo cumplo la ley y lo único que quiero es vivir tranquila, libre y que me dejen trabajar”.

Fuente: Infobae

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