Cada año, el Parque Nacional del Gran Cañón, en Estados Unidos, recibe a millones de turistas. Desde hace varias décadas, la operación de este destino turístico depende casi por completo del agua que brota de Roaring Springs, un imponente manantial subterráneo alimentado por cuevas. Esta fuente es la única proveedora de agua potable para toda la infraestructura del parque.
En ese marco, la revista especializada Science Daily reportó que un equipo de investigadores de la Universidad del Norte de Arizona dio a conocer los hallazgos de un estudio que identificó una red de cavidades subterráneas capaces de conducir el agua del deshielo hacia los manantiales que surten al parque. El propósito principal del trabajo es resguardar este recurso frente a la sequía, la contaminación y otras amenazas ambientales.
Escondido entre las formaciones rocosas, este manantial abastece tanto a los visitantes como a los ecosistemas que viven en el cañón. Según los especialistas, proteger esta fuente resulta fundamental ante el calentamiento global y la creciente aridez de la región.
Gracias a un fondo otorgado para investigar uno de los monumentos geológicos más impresionantes del mundo, la Escuela de Informática, Computación y Sistemas Cibernéticos de la Universidad del Norte de Arizona empleó escáneres lidar móviles para mapear con detalle más de 10 kilómetros de túneles subterráneos. Según la casa de estudios, esta representación tridimensional permitió identificar las rutas por donde fluye el agua y detectar sectores propensos a la contaminación.
El peligro de la contaminación y el control de riesgos

El recorrido subterráneo todavía no se ha descifrado por completo. Blase LaSala, estudiante estadounidense con doctorado en ecoinformática, explicó que el grupo de trabajo ahora busca seguir el trayecto del agua desde la superficie hasta los manantiales, en colaboración con la investigadora Temuulen Sankey.
De acuerdo con los ensayos de trazado efectuados junto al parque, el agua viaja hasta 20 kilómetros bajo tierra en menos de siete días. Esa rapidez implica que los contaminantes también pueden alcanzar los manantiales en poco tiempo. La geología kárstica de la zona, descrita como un “queso suizo”, facilita el movimiento del líquido y limita la filtración natural de impurezas.
Abe Springer, profesor e investigador estadounidense de la Facultad de Ciencias de la Tierra y Sostenibilidad, señaló que los incendios forestales o la presencia de bacterias como E. coli representan peligros para el suministro. Si se detecta contaminación, las autoridades podrían verse forzadas a suspender temporalmente el acceso al agua, lo que afectaría a turistas y fauna.
En el futuro, los científicos planean integrar cartografía lidar aérea, imágenes satelitales y análisis de los sumideros en la meseta para entender mejor los patrones de acumulación y deshielo de nieve durante los últimos 40 años. Según la Universidad del Norte de Arizona, el proyecto buscará vincular los cambios en la superficie con los datos obtenidos en el subsuelo.
Impacto mundial y desafíos venideros

Esta investigación tiene repercusiones que van más allá del Gran Cañón y Arizona. Más de mil millones de personas en todo el mundo dependen de manantiales kársticos. Ampliar el conocimiento sobre el movimiento del agua en estos sistemas podría optimizar la gestión hídrica a escala global. Las tribus nativas que habitan cerca del parque podrían beneficiarse de una administración del agua más segura y predecible.
El equipo científico incorporará en sus análisis los efectos del reciente incendio Dragon Bravo, ocurrido en la meseta de Kaibab. Según la especialista Sankey, los cambios ambientales provocados por este incendio incidirán en las futuras mediciones, pero no detendrán el avance del proyecto.
Al concluir la investigación, se dispondrá de un archivo de datos ambientales sobre el Gran Cañón. Esos recursos permitirán a gestores y científicos anticipar riesgos, proteger los manantiales y asegurar el acceso al agua en uno de los parques más concurridos del planeta.
“Ahora contamos con una gran cantidad de datos increíbles y estamos intentando combinarlos con otros datos para descubrir información útil”, concluyó LaSala.
Fuente: Infobae