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Astrónomos confirman la evidencia más clara de campos magnéticos en exoplanetas

Un grupo de astrónomos ha logrado lo que parecía imposible durante años: encontrar la prueba más contundente hasta ahora de que existen campos magnéticos en planetas ubicados fuera de nuestro Sistema Solar.

Gracias al Very Large Telescope (VLT) del Observatorio Europeo Austral, en Chile, y al Telescopio Gemini North, en Hawái, los científicos midieron la velocidad del viento en siete exoplanetas gigantes y extremadamente calientes, similares a Júpiter. Los resultados indican que estos vientos están controlados por fuerzas magnéticas, lo que representa la primera medición confiable de magnetismo en el ámbito de los exoplanetas.

“Este avance abre una ventana completamente nueva sobre la investigación de exoplanetas. Es la primera vez que podemos comparar los entornos magnéticos de otros mundos —un paso clave para comprender, en última instancia, qué planetas pueden sobrevivir, conservar su agua e incluso, quizás, algún día, albergar vida tal y como la conocemos”, afirma Julia Seidel, astrónoma del Laboratorio Lagrange (Observatorio de la Costa Azul, Francia) y autora principal del estudio publicado hoy en Nature Astronomy.

El campo magnético terrestre es fundamental para mantener la atmósfera y las condiciones de vida. También se ha detectado en otros planetas del Sistema Solar, como Júpiter y Saturno. Sin embargo, en los últimos 15 años ningún científico había conseguido medir directamente la intensidad magnética de un exoplaneta, hasta ahora.

Inicialmente, el equipo no se propuso buscar campos magnéticos, sino analizar los vientos. Midieron la velocidad del viento en siete gigantes gaseosos que orbitan muy cerca de sus estrellas y que están acoplados por marea, es decir, siempre muestran la misma cara hacia su sol. Este fenómeno genera un lado diurno abrasador y un lado nocturno helado, creando condiciones climáticas extremas.

Las velocidades registradas son sorprendentes: oscilan entre 7.200 km/h y más de 25.000 km/h. Para ponerlo en perspectiva, los vientos más rápidos jamás medidos en Júpiter alcanzan apenas 1.500 km/h.

El estudio utilizó datos del instrumento ESPRESSO, instalado en el VLT de ESO en el desierto chileno de Atacama, y de un instrumento gemelo en el Telescopio Gemini North, en Hawái. Al analizar cómo variaban las velocidades del viento con la temperatura de cada planeta, los astrónomos notaron un patrón inesperado: cuanto más caliente es el planeta, más lento es el viento.

“Esto es totalmente contraintuitivo porque todo lo demás es igual, los planetas calientes tienen más energía para acelerar los vientos. Debe ocurrir algo que ralentice la velocidad del viento para los objetos más calientes”, señala Vivien Parmentier, coautor del estudio y profesor del Laboratorio Lagrange.

La explicación más coherente, según el equipo, es la presencia de campos magnéticos planetarios. Estos campos actúan como un freno, desacelerando el movimiento de partículas cargadas en la atmósfera. Así, los datos permitieron inferir la intensidad magnética de cada exoplaneta: resultaron ser comparables a los del Sistema Solar, aproximadamente cuatro veces más fuertes que los de Saturno y la mitad de intensos que los de Júpiter.

Además de influir en los vientos, estos campos magnéticos podrían generar fenómenos visuales espectaculares. Bibiana Prinoth, coautora del estudio y antes estudiante de doctorado en la Universidad de Lund (Suecia) —hoy astrónoma de ESO en Garching (Alemania)—, lo explica así:

“Aquí en la Tierra, conocemos la belleza de las luces boreales y australes, donde partículas del Sol impactan en nuestro campo magnético y son guiadas hacia los polos, colisionando con gases de la atmósfera para producir coloridos espectáculos de verde, rosa y púrpura”.

En los exoplanetas estudiados, las auroras impulsadas magnéticamente podrían ser aún más impresionantes. El equipo espera con entusiasmo la puesta en marcha del Extremely Large Telescope (ELT) de ESO, que permitirá caracterizar no solo grandes planetas similares a Júpiter, sino también otros más pequeños como la Tierra, y posiblemente detectar gases que generen auroras en estos mundos distantes.

Fuente: Infobae

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