La península ibérica ya experimenta fenómenos climáticos extremos que se han vuelto cada vez más frecuentes. La DANA que azotó Valencia en 2024, las lluvias torrenciales que en pocos días llenaron decenas de embalses a principios de ese mismo año, y la intensa ola de calor que afectó a la región durante la última quincena de mayo son ejemplos claros de cómo los eventos meteorológicos están ganando fuerza. Sin embargo, estos episodios podrían multiplicarse y volverse aún más severos con la inminente llegada del fenómeno de El Niño.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM), organismo dependiente de la ONU, ha actualizado sus proyecciones y señala que existe una probabilidad del 80% de que se desarrolle un evento de El Niño entre junio y agosto de 2026. Más aún, las chances de que este fenómeno se extienda al menos hasta noviembre superan el 90%. Por el momento, no se ha determinado con precisión su intensidad ni el momento pico, pero la mayoría de los modelos de pronóstico anticipan que será un evento intenso.
Ante este panorama, el Secretario General de la ONU, António Guterres, ha hecho un llamado urgente para que el mundo trate esta noticia como “la urgente advertencia climática que es”. En un comunicado, Guterres advirtió: “Las condiciones de El Niño avivarán el fuego del calentamiento global. Los impactos serán aún más fuertes, se extenderán aún más y cruzarán fronteras con una velocidad devastadora. La única respuesta eficaz es una acción climática a la altura de la crisis: acabar con la dependencia de los combustibles fósiles, acelerar la transición a las energías renovables, proteger a los más vulnerables y proporcionar sistemas de alerta temprana para todos”.
Por su parte, la Secretaria General de la OMM, Celeste Saulo, instó a los gobiernos a prepararse para las posibles consecuencias. “Debemos prepararnos para un posible fenómeno de El Niño intenso, que agravará la sequía y las fuertes lluvias, e incrementará el riesgo de olas de calor tanto en tierra como en el océano”, declaró. Saulo también recordó que “El último fenómeno de El Niño, ocurrido en 2023-24, fue uno de los cinco más intensos registrados y contribuyó a las temperaturas globales récord que observamos en 2024”.
Saulo añadió que los países contarán con la información necesaria para implementar medidas paliativas. “La comunidad de la OMM supervisará atentamente las condiciones en los próximos meses para fundamentar la toma de decisiones de los gobiernos, las agencias humanitarias y los sectores sensibles al clima. Los pronósticos estacionales anticipados y las alertas tempranas son vitales para salvar vidas y mitigar el impacto en nuestras economías y comunidades”, insistió.
¿Por qué se prevé su llegada de forma inminente?
Según la OMM, entre finales de abril y mediados de mayo, la temperatura de la superficie del mar en el Pacífico ecuatorial centro-oriental —la zona de referencia para el monitoreo— se acercaba a los umbrales que marcan el inicio de El Niño, de acuerdo con observaciones de diversas plataformas utilizadas por el organismo.
Estas anomalías crecientes en la superficie se deben a “unas condiciones subsuperficiales inusualmente cálidas” en el Pacífico tropical, con temperaturas que superan los 6 grados por encima de la media, lo que genera una importante reserva de calor que alimenta el calentamiento superficial observado. Al mismo tiempo, el Índice de Oscilación del Sur, que mide el componente atmosférico de El Niño, también es coherente con el desarrollo de las condiciones del fenómeno.
Fuente: Infobae