Cada año, durante una quincena, el nombre de Roland Garros resuena en pantallas, titulares de periódicos y conversaciones de aficionados en todo el planeta. Para el público mundial, es sinónimo de tenis, de arcilla roja y de la capital francesa.
Sin embargo, pocos saben que no se trató de un tenista de élite que brilló por sus logros deportivos. Fue aviador, precursor de la aeronáutica moderna, intrépido explorador y héroe de guerra. Su vida, intensa y corta, lo convirtió en una figura emblemática en Francia.
Eugène Adrien Roland Georges Garros nació el 6 de octubre de 1888 en la isla de Reunión, territorio galo en el océano Índico. Su niñez estuvo marcada por dolencias físicas. De adolescente, se mudó a la Francia continental para proseguir sus estudios. Allí comenzó a incursionar en varios deportes: rugby, ciclismo, fútbol y tenis.
Pero hubo una pasión que lo cautivó por completo. A principios del siglo XX, cuando los aeroplanos aún eran artefactos experimentales y volar se consideraba una empresa extremadamente riesgosa, Garros descubrió la aviación y quedó hechizado.
Nacido en una familia acomodada, aprendió a pilotar casi de forma autodidacta, adquirió su propio avión y pronto empezó a sobresalir en una actividad que recién daba sus primeros pasos. Su destreza lo llevó a establecer varios récords de distancia y altitud, aunque la proeza que lo transformó en una celebridad ocurrió en 1913, cuando se convirtió en el primer hombre en atravesar el mar Mediterráneo en avión.
La travesía, que conectó el sur de Francia con Túnez, parecía inalcanzable para la tecnología de entonces. Tras casi ocho horas de vuelo sobre el agua, Garros aterrizó exitosamente y de inmediato ocupó las portadas de los diarios europeos. Francia había hallado un nuevo héroe.

De los cielos al campo de batalla
La fama de Roland Garros pasó a un segundo plano cuando estalló la Primera Guerra Mundial. El aviador se alistó en el ejército francés y comenzó a servir como piloto militar.
Junto al ingeniero Raymond Saulnier, ideó un sistema de deflectores que permitía disparar una ametralladora a través del plano de la hélice sin dañarla. Ese invento transformó para siempre el combate aéreo y marcó un antes y un después en la historia de la aviación militar.
Durante la guerra derribó varios aviones enemigos, pero en 1915 su aeronave sufrió un desperfecto y tuvo que aterrizar detrás de las líneas alemanas. Allí Garros fue capturado y pasó casi tres años como prisionero. Finalmente logró escapar junto al teniente Anselme Marchal y regresó a su país para reintegrarse al servicio militar.
Su historia, no obstante, tendría un desenlace trágico. El 5 de octubre de 1918, apenas un día antes de cumplir 30 años, Roland Garros fue derribado durante una misión aérea cerca de Vouziers, en la región de Ardenas. Solo un mes después terminaría la Primera Guerra Mundial.

El vínculo entre un aviador y el tenis
Roland Garros era socio del Stade Français, uno de los clubes deportivos más prestigiosos de París, donde practicaba diversas disciplinas y mantenía estrechos lazos con la comunidad deportiva francesa. Mientras tanto, el Campeonato de Francia —que décadas más tarde se convertiría en el Abierto de Francia— seguía expandiéndose y requería una sede acorde a su nueva dimensión internacional.
La oportunidad llegó en 1927, cuando los legendarios Cuatro Mosqueteros del tenis francés —René Lacoste, Jean Borotra, Henri Cochet y Jacques Brugnon— ganaron la Copa Davis en Estados Unidos.
Francia debía organizar la defensa del título al año siguiente y necesitaba construir un estadio de gran capacidad.
Fue entonces cuando el Stade Français puso a disposición los terrenos ubicados en Porte d’Auteuil, en el oeste de París, con una condición innegociable: que el nuevo complejo llevara el nombre de uno de sus socios más ilustres y héroe nacional: Roland Garros.
El estadio fue inaugurado en 1928 y desde entonces el nombre trascendió al propio recinto hasta convertirse en la denominación con la que millones de personas identifican al torneo. Técnicamente, la competencia sigue siendo el Abierto de Francia, pero la fuerza simbólica de Roland Garros terminó imponiéndose sobre cualquier nombre oficial.

Un legado que trasciende generaciones
Con el paso de las décadas, el complejo fue creciendo hasta transformarse en uno de los escenarios deportivos más reconocidos del mundo.
Allí se construyó posteriormente el estadio Philippe Chatrier, bautizado en honor al histórico dirigente de la Federación Francesa de Tenis. Sin embargo, para entonces Roland Garros ya no necesitaba nuevos homenajes. Su nombre se había convertido en una marca global.
A diferencia de otros Grand Slams que toman el nombre de una ciudad o una región, Roland Garros recuerda a una persona. Es la evocación de un pionero que desafió los límites de su tiempo, cuando la aviación apenas comenzaba a conquistar los cielos.
Más de un siglo después de su muerte, cada pelota que se juega en el Abierto de Francia mantiene vivo aquel legado. Antes de convertirse en el nombre de un torneo, Roland Garros fue un hombre que eligió ir más allá de sus propios límites.

Quizás por eso, una frase atribuida a Napoleón que Roland Garros grabó en las hélices de sus aviones, terminó siendo también una definición perfecta para el deporte:
“La victoria pertenece a los más perseverantes”.
La cita está inmortalizada en las paredes de la pista Philippe Chatrier, donde cada vez que el polvo de ladrillo se eleva en espiral por el paso del viento recuerda a los remolinos que provocaban las hélices del Morane Saulnier G, con el que Roland Garros despegaba a cumplir misiones de combate.
Fuente: Infobae