No data was found

La Oreja de Van Gogh en Madrid: nostalgia y crítica a Amaia Montero

La industria del entretenimiento y el público han librado una batalla constante en torno a la nostalgia, sin que quede claro si realmente la aman o la detestan. Los remakes, reboots y revivals —las nuevas tres erres que ya no son reciclar, reducir y reutilizar— son una fórmula que, sin embargo, sigue funcionando. Este domingo, por tercera ocasión en la semana, La Oreja de Van Gogh volvió a Madrid con su gira. Alrededor de 18.000 personas, en su mayoría treintañeros y cuarentañeros —más boomers que millennials—, agitaron el Movistar Arena como si se tratara de una noche de karaoke de principios de los 2000, como si hubieran resucitado el discman y las cintas de radiocassette.

El regreso de Amaia Montero a la banda arrancó a principios de mes en Barakaldo con el Tantas cosas por contar Tour 2026. Desde entonces, los medios y las redes sociales solo han debatido si la vocalista desafina o no cada noche. Pero al público eso pareció importarle poco. “¡Vamos Amaia, qué hemos esperado 20 años!”, gritó un hombre desde las gradas minutos antes de que comenzara el concierto, que inició con un ligero retraso, pasadas las 21:00 horas.

Al arrancar el show, las dudas sobre si Amaia estaba plenamente preparada para afrontar una tercera noche en la capital —la quinta desde que empezó la gira— se disiparon en parte. La cantante ya había respondido a las críticas de las primeras fechas: “Si algo puedo sacar en positivo de bajar al infierno es que te hace prácticamente indestructible”, dijo, refiriéndose a los problemas de salud mental que enfrentó en el pasado.

Una burbuja de euforia personal

A pesar de todo, la velada transcurrió con el público sumergido en una burbuja de euforia personal, mientras la artista mostraba una notable falta de energía. Sonrió con dificultad y solo en contados momentos durante las casi dos horas de concierto. Fue cerca del final, con La Playa —un éxito del grupo y de la historia musical de España—, donde más se evidenció que su energía era limitada. Las cámaras enfocaban a un público exultante mientras mostraban el temple tibio de la cantante.

La cantante de La Oreja de Van Gogh, Amaia Montero, durante su concierto, en el Bizkaia Arena BEC en 2026. (H. Bilbao / Europa Press)

Se desconoce si por esa razón la vocalista se apoyó en su banda en varios pasajes de la noche. En ocasiones daba la espalda al público, no solo a mitad de las canciones, sino durante los largos segundos de espera entre temas. A diferencia de la primera noche, no hubo excusas de “problemas técnicos”. Amaia parecía al borde de la inestabilidad física: desde las pantallas se observó que estuvo a punto de caerse hasta en dos ocasiones.

Montero habló al público solo una vez en toda la jornada. “La historia de La Oreja de Van Gogh no se puede escribir sin Madrid. Madrid fue el primer sitio que visitamos y donde nos quedamos un tiempo. No habíamos salido nunca de casa, de San Sebastián”, recordó la cantante de Irún poco después de empezar. “Hay lugares que a veces uno se siente un poco extraño, como un poco solo incluso y aquí era todo lo contrario. Treinta años después aquí seguimos”, añadió, omitiendo los 17 años de Leire Martínez en el grupo, tras su salida en 2007. “Esto no es un concierto, sino una fiesta”, concluyó, aunque su estado anímico pareciera decir lo contrario.

Esa fiesta, al menos, sí la disfrutó el público. La nueva regla no escrita de la música en vivo pasa por invitar famosos, cantar diferentes canciones en cada concierto o tener momentos exclusivos, como se ha visto con las sorpresas de Taylor Swift, el confesionario de Rosalía o La Casita de Bad Bunny. Pero La Oreja de Van Gogh no necesitó nada de eso para llenar el recinto.

En el repertorio no faltaron —casi— ninguna de las letras que revolucionaron el pop en español hace tres décadas. Desde El 28, el primer tema que el quinteto difundió a nivel nacional; Dulce Locura; Tan Guapa, publicada en 2016 por Xabi San Martín (teclista y compositor del grupo) dedicada a Amaia y tocada a dúo en la gira; hasta El Último Vals, única canción de la etapa de Leire Martínez como vocalista; o Rosas, tema que Montero interpretó en el Santiago Bernabéu con Karol G en verano de 2024 y que encendió las alertas de un posible regreso. Por ahora, ni rastro de los temas que la cantante eliminó del repertorio tras su criticada primera intervención: Adiós, La niña que llora en tus fiestas —también de la época de Leire— y Todos estamos bailando la misma canción, la primera y única canción lanzada por la banda tras el retorno de la vocalista.

Fotografía de La Oreja de Van Gogh en el regreso de Amaia Montero. (Instagram)

Menos destacable fue el planteamiento estético y visual. Las proyecciones parecían haber sido creadas por las hermanas Puig Baró en La Mesías, pero no se trataba de unas niñas con acceso limitado a internet, sino de una promotora con presupuesto. Los visuales recordaban a Windows XP: fondos azules con esferas de plasma y la figura de Montero superpuesta, o un fondo multicolor similar a los móviles Nokia de principios de siglo. Quizás parte de la estrategia nostálgica también pasó por lo visual.

El cierre del concierto incluyó una fusión de abrazos entre los miembros de casi toda la banda original —excepto Pablo Benegas, el guitarrista original, que decidió no sumarse a la gira—. También hubo agradecimientos y la promesa de que volverán a Madrid. Con una treintena de fechas aún por delante, dos nuevos conciertos en septiembre en la capital, el cierre de gira previsto para el 30 de diciembre y más de 90.000 entradas vendidas solo en Madrid, el regreso de La Oreja de Van Gogh ya puede considerarse un éxito. ¿Para quién? Eso ya depende de cada quien.

Fuente: Infobae

COMPARTIR ESTA NOTICIA

Facebook
Twitter

FACEBOOK

TWITTER