Quien tenga una presencia activa en redes sociales, especialmente si es una figura pública, probablemente ha recibido insultos, comentarios hirientes o incluso mensajes deseándole la muerte. ¿Qué pasaría si quien agrede tuviera que decir esas palabras frente a la víctima? Taylor Swift ya lo expresó: “Say it in the street, that’s a knock-out / But you say it in a tweet, that’s a cop-out”. (Algo así como: Decirlo en público, eso sí es un golpe / Pero decirlo en un tuit es una salida fácil).
Esa idea es el corazón de A la cara, el nuevo filme de Javier Marco, cocreado con su colaboradora habitual Belén Sánchez-Arévalo. La cinta está protagonizada por Sonia Almarcha —quien recientemente estrenó Yo no moriré de amor, ganadora en el Festival de Málaga— y Manolo Solo, nominado a cuatro premios de la Academia y ganador de uno. Ambos actores trabajan juntos por sexta ocasión. “Nos gustan las mismas cosas, los mismos códigos. Es muy fácil. A veces solo con mirarnos no hace falta decir nada”, confiesa Almarcha. La película llegó a los cines este viernes 29 de mayo.
Marco recuerda que el punto de partida fue una confesión de unos amigos actores: “Nos dijeron que estaban recibiendo mucho odio en las redes sociales y que ya no podían más, que querían quitárselas todas”. Ese testimonio inspiró el cortometraje homónimo que en 2021 ganó el Goya a Mejor cortometraje de ficción. “Nunca tuvimos la intención de hacer un largo sobre esta historia, porque pensábamos que la podíamos contar en 15 minutos”, explica el director.
Sin embargo, tras el recorrido del corto por festivales y el tiempo de reflexión que trajo la pandemia, Marco y Sánchez-Arévalo descubrieron que detrás de aquel enfrentamiento había espacio para explorar “qué ocurre con ellos después de este tenso encuentro”. Así fraguaron una cinta que no solo aborda el odio en redes, sino que también ahonda en la soledad, el duelo, la paternidad y la empatía.
Manolo Solo interpreta a Pedro, un troll solitario que encuentra en internet un espacio para desahogarse. No obstante, el actor rechaza reducirlo a una simple etiqueta. “No lo definiría como un hater”, asegura. “Es una persona que llega y suelta parte de la mierda que lleva dentro”. Según Solo, Pedro proyecta en los demás una frustración que nace de sí mismo: “Es una persona que se desprecia profundamente y que no tiene prácticamente autoestima”.
Pedro trabaja en mantenimiento en un campo de golf, está divorciado y es padre de una hija adolescente —interpretada por la debutante Helena Zumel— con quien apenas tiene relación. “Yo creo que se siente un fracasado. Él proyecta todo ese veneno y toxicidad que él mismo respira hacia afuera. Yo lo veo como un hater atípico, ¿sabes? No es la persona clásica que vive siempre en redes sociales; no es alguien que haya nacido con esto, pero hay algo que le aporta o él cree que le puede aportar. Es una cadena sin fin de la que es difícil salir”.
Marco afirma que tanto él como Sánchez-Arévalo “no querían justificar” nunca las acciones del protagonista. “Sí que queríamos entender por qué lo hace. Pedro es un tío vacío, divorciado, tiene una hija, pero no tiene contacto con ninguno de ellos. Está anestesiado con sus cervezas en su sofá y en un trabajo que no le gusta. Él nota que poniendo estas barbaridades en redes sociales va teniendo me gusta y seguidores. Y ese es el único momento bueno en su vida, lo único que disfruta”, asevera el director.

En el corto original de 15 minutos, Pedro escribe tuits hirientes contra Lina, una presentadora de un magazín de actualidad. Él no imagina que ella se plantará en su casa para confrontarlo, después de que Pedro publicara la dirección de su vivienda al anunciar el alquiler de una habitación tras la muerte de su madre. “En el corto decía, ‘Si no pongo algo fuerte, la gente no me mira, la gente no me lee’. Pero aquí vemos más cosas porque conocemos más al personaje y vemos sus carencias, sus dolores, sus heridas”. Es ese dolor y esa soledad lo que hará conectar a Pedro y Lina. “Hay algo que conecta con ella, con el problema de su hija, que yo creo que le dispara con especial saña”, apunta el director.
Sonia Almarcha interpreta a esta periodista cuya hija se encuentra ingresada en el hospital. La manera que encuentra de huir de la situación es aislándose por completo en casa de su hostigador, primero confrontándolo, y luego, poco a poco, entendiéndose. “En algún momento me han comentado: ‘Qué valiente tienes que ser para hacer lo que hace ella, ¿no?’. Al contrario, tienes que estar muy desesperado para hacer lo que hace. Se siente profundamente culpable y, como no sabe cómo encajarlo, ataca también. Por eso estos dos personajes, a lo largo del largo, se ve cómo hacen espejo uno del otro y a través del otro sanan”, señala la actriz, quien viene de dos años gloriosos con un total de nueve estrenos, entre ellos Subsuelo de Fernando Franco, El talento de Polo Menárguez y Marco de los Moriarti.
La empatía como antídoto
La película no solo retrata el odio y el acoso que proliferan en las redes sociales, sino también una sociedad cada vez más polarizada, crispada, incapaz de escuchar al otro o abierta a dialogar. Seis años después del cortometraje que inspiró esta historia, ¿notan diferencia en la cultura del odio entre entonces y ahora? “Ha empeorado claramente”, afirman tanto los actores como el cineasta.
“Las sociedades en general, ya no solo la nuestra, están muy polarizadas porque se está utilizando mal la herramienta. Se está utilizando para adoctrinar, para mover, para manipular”, reflexiona Almarcha. “La gente no sé hasta qué punto es consciente de que no son libres cuando se ponen a leer todo esto. Están siendo manipulados”, añade.
Marco coincide. Si en 2020 ya percibía el desgaste que estaban provocando las redes sociales en muchos profesionales, ahora cree que el problema se ha agravado. “En su día dijimos: ‘Seguramente esto pasa ahora, pero en 2025 o 2026 se habrá tranquilizado la cosa’. Pero estamos en 2026 y la cosa está igual o incluso a lo mejor peor”, reflexiona. Para el director, las redes sociales no generan necesariamente esa agresividad, pero sí contribuyen a amplificarla. “Al tener una pantalla por medio y no ver a la persona a los ojos, creo que nos hace comportarnos de una manera diferente a cómo lo haríamos si la tuviéramos enfrente. Quizá esa distancia lo que está haciendo es que estemos perdiendo la empatía y la curiosidad de escuchar y entender más al otro”, sostiene.

A pesar de interpretar a dos personajes atravesados por el hostigamiento y la confrontación, ni Almarcha ni Solo aseguran haber vivido situaciones similares a las de sus personajes. La actriz reconoce que mantiene una relación distante con las redes sociales y que incluso podría vivir sin teléfono móvil. “Las utilizo porque quiero, para lo que quiero y en el momento que quiero. No forma parte de mi ADN como puede pasarle a la gente más joven”, explica.
Solo tampoco ha sufrido episodios graves de acoso digital, aunque sí recuerda alguna experiencia desagradable fuera de internet. “Por la calle a mí me han pegado directamente”, relata. Cuenta que hasta en dos ocasiones un desconocido borracho le propinó un golpe sin motivo aparente, y en otra ocasión, otro hombre intentó agredirlo durante una gira teatral. “No les hice nada. Mi cara…”, bromea.
Marco confía en que la película sirva, al menos, para detenerse un instante antes de pulsar el botón de enviar. “Todos hemos hecho alguna vez algo de lo que luego nos hemos arrepentido porque reaccionamos demasiado rápido, en lugar de pararnos a pensar”, reflexiona. El director espera que el espectador recuerde que detrás de cada perfil hay una persona real, con circunstancias que desconoce. “Tú crees que conoces a alguien porque es una persona famosa, pero realmente solo sabes un trozo muy pequeño de su vida”, señala. Y añade: “No sabes el dolor que estás causando a una persona. A veces recibe ese mensaje en un momento en el que cualquier cosa multiplica por diez el sufrimiento”.
No pretende, sin embargo, dar lecciones ni señalar culpables. “No queremos hacer un panfleto. Tampoco estamos juzgando. Simplemente estamos abriendo preguntas”, concluye. Preguntas sobre el odio, la empatía y esa distancia que imponen las pantallas y que, quizá, nos hace olvidar que al otro lado siempre hay alguien de carne y hueso.
Fuente: Infobae