El INEI reveló que el 25.7% de la población peruana se encuentra en pobreza monetaria, una reducción frente al 27.6% de 2024. Sin embargo, estas cifras generales esconden disparidades regionales notables: en Ica, Madre de Dios y Moquegua, menos del 10% de la población es pobre, mientras que en Cajamarca y Loreto la tasa supera el 40%.
Además, el 47.3% de los peruanos padece inseguridad alimentaria moderada y un 4.3% sufre la forma severa. Esto implica que la población tiene un consumo limitado de alimentos (25.2%), enfrenta vulnerabilidad económica y requiere usar más de dos estrategias de afrontamiento (45%), como vender activos o recurrir a ahorros para comprar comida. La inseguridad alimentaria surge por tres causas: falta de disponibilidad de alimentos, problemas de acceso (precios altos o ingresos insuficientes), y deficiencias en el uso y distribución eficiente dentro del hogar (falta de energía, refrigeración).
La pobreza está estrechamente ligada a la inseguridad alimentaria en varios niveles: a escala nacional, limita los recursos para producir o importar alimentos; a nivel subnacional, reduce la construcción de caminos y mercados; y en el hogar, restringe la capacidad de comprar alimentos de calidad.
Siete regiones presentan más del 45% de su población en inseguridad alimentaria y simultáneamente más del 30% en pobreza monetaria. En contraste, trece regiones tienen igualmente más del 45% de inseguridad alimentaria, pero con tasas de pobreza inferiores al 30% e incluso al 20%. Por lo tanto, combatir la pobreza es prioritario, pero reducir la inseguridad alimentaria debe ser un objetivo específico dentro de esa lucha.
La estrategia propuesta opera en dos niveles: primero, crear condiciones para recuperar un crecimiento del PBI superior al 6%, lo cual exige fomentar inversión pública y privada, gasto público eficiente e institucionalidad estable; segundo, implementar medidas concretas sobre disponibilidad, acceso y uso de alimentos.
En este segundo nivel, la investigación “Mecanismos para reducir la Inseguridad Alimentaria: el rol de la productividad agraria, y las mejoras en disponibilidad, acceso y uso de los alimentos”, publicada en “Agenda 2026”, propone acciones para cada pilar. Para aumentar la disponibilidad, se requiere elevar la productividad agrícola mediante mejoras en semillas, riego y capacidad técnica, así como diversificar cultivos en zonas rurales, especialmente altoandinas. Para mejorar el acceso, se sugieren esquemas de provisión para la población de menores recursos, como vales de consumo, y programas alimentarios focalizados en quienes sufren inseguridad alimentaria, sin limitarse solo al criterio de pobreza.
Estas estrategias, desarrolladas por el Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico, enfrentan tanto oportunidades como riesgos. Entre las oportunidades destacan los altos precios de los minerales, que mejoran los términos de intercambio y generan más recursos públicos y privados, y el auge de la inteligencia artificial, que puede impulsar el sector agrario. Como riesgos figuran un potencial Fenómeno El Niño de intensidad inédita y la incertidumbre electoral, que frena la inversión. Para avanzar, es crucial aprovechar las oportunidades y mitigar los riesgos mediante prevención y planes de acción. Lo que no se puede hacer es permanecer inactivos.

Fuente: Infobae