Jaime Lorente: “Siempre intento ser lo menos gilipollas posible en el set”

El oficio de novelista y el de actor comparten un desafío fundamental: la capacidad de habitar a otros. Para Daniel Lonces, el protagonista de La silla, esa inmersión lo lleva a un límite extremo. Mientras escribe su próximo best seller, decide realizar un arriesgado experimento que termina con él atado a una silla y amordazado, observando impotente cómo su vida perfecta se desmorona.

Bajo la dirección de Ángel de la Cruz, esta historia cautivó de inmediato a Jaime Lorente, quien interpreta al personaje central. “Me pareció un reto enorme tener que contar una historia sin las herramientas básicas de comunicación, como son el habla o el movimiento”, comentó el actor en una entrevista. Con una duración de apenas una hora y cuarto, La silla mantiene al espectador pegado a un protagonista que no puede moverse ni pedir auxilio, creando una experiencia claustrofóbica donde el intérprete debía transmitir toda la angustia del momento.

“Prepararse el papel fue muy difícil”, confiesa el actor, conocido por series como La casa de papel y Élite. “Uno puede estar ensayando, pero los escenarios no se ensayan. Todo fue muy in situ. Al final, un rodaje son diez u once horas que te tiras ahí sin poder moverte. Fue bastante agobiante, la verdad”. Para colmo, en una escena hizo tanta fuerza mientras estaba atado que se rompió el bíceps. “Escuché un ruido”, recuerda entre risas, “y pensé que se había roto una brida de la silla. Pero no, no se había roto la brida. Estaba tan caliente en ese momento que ni noté el dolor”.

“Había días que en la primera escena ya no podía más”

Jaime Lorente no duda al afirmar que rodar La silla ha sido uno de los mayores desafíos de su carrera. “Los días de rodaje se me hacían eternos, me desorientaba muchísimo. Llegaba un momento en el que no tenía muy claro lo que estaba haciendo o dejando de hacer, y creo que eso le benefició al personaje, porque él también tiene un poco esa pérdida”. La silla a la que estaba atado pesaba doce kilos de hierro forjado, que tenía que arrastrar durante horas por la casa.

“Había días que llegaba y, después de la primera escena, decía: ‘Tío, si es que no puedo más’”. En ese proceso, la figura de Ángel de la Cruz fue fundamental para establecer puntos de referencia, un orden que seguir en un rodaje donde todo daba la sensación de estar en el mismo punto exacto. Un ejemplo de ello está en el vestuario: se confeccionaron hasta treinta polos iguales, con ligeros cambios para que el deterioro y la suciedad aumentaran conforme avanzaban las escenas. Lo mismo ocurrió con las heridas, el aspecto físico y la ambientación de la casa.

Jaime Lorente en 'La silla', la nueva película de Ángel de la Cruz. (AF Films)

La silla no será el único proyecto de este año para AF Films. Al conversar con Jaime Lorente, se encuentra en plena postproducción de El mal hijo, la película con la que debutará como director. “Tenía muy claro lo que quería hacer”, afirma al ser consultado. “Llevaba mucho tiempo trabajándola y tenía muy claro el estilo”, explica. “Estoy muy contento y muy agradecido, porque me han dejado hacer la peli que quería, algo que muchas veces es difícil, sobre todo siendo una ópera prima en la que necesitas que confíen en ti y te den el espacio para jugártela”.

Su inminente estreno como director

El actor asegura que ponerse detrás de las cámaras le ha ayudado enormemente a crecer como intérprete. “Siempre he sido un poco enfermo de lo que pasa en un rodaje. Como actor no soy de verme a mí mismo, pero sí me encanta saber con qué óptica se rueda, cómo se plantea la luz. Creo que son cosas que benefician mucho porque, como actor, conozco muy bien el lugar de vulnerabilidad absoluta que visitamos cuando entramos a un set de rodaje. En cambio, como director entiendes la exigencia y la presión que hay. Todo el rato pasan cosas, y el director es el guarda que hace que, a pesar de todo, la historia se mantenga”.

El intérprete no oculta que los rodajes son espacios tensos. Hay un calendario que siempre va retrasado y un presupuesto que siempre se queda corto. En medio de ese caos, los actores deben permitir que una cámara los grabe y que las cosas que suceden parezcan reales. “Y para que lo parezcan”, continúa Jaime Lorente, “uno tiene que entrar en el set de rodaje en un estado de vulnerabilidad tal que no diferenciemos lo que pasa antes de decir acción ni lo que pasa después”.

Jaime Lorente en 'La Silla', la nueva película de Ángel de la Cruz. (AF Films)

“Cualquier cosa te hace sentir chiquitito, hay egos”, prosigue. “Siempre hago el ejercicio de ser lo menos gilipollas posible en un set de rodaje. Muchas veces pagamos sentirnos muy inseguros con aires de grandeza, con aires de estrella o de estrellao. Todo denota lo mismo: estamos pequeñitos porque necesitamos que nos pasen cosas que sean de verdad”. A lo largo de su trayectoria, ha tenido tiempo de comprobar hasta qué punto una mala palabra en el momento justo puede afectarle: “Los actores somos como niños, estamos rozando el trauma todo el tiempo”.

“Nunca he disfrutado tanto delante de la cámara como lo he disfrutado detrás”

Con esa perspectiva, ponerse tras las cámaras le ha permitido entender lo agotador que puede ser dirigir una película. “Ahora siempre digo que hacer una película no es hacerla, es salvarla”. Sin embargo, “tener la posibilidad de generar mucho amor para que la gente quiera dejarse la vida en una película es bestia”. Por eso, aunque El mal hijo aún no se ha estrenado, ya está pensando en su segundo largometraje.

“Actuar me encanta. Tiene algo que me parece único, pero es cierto que dirigir me parece lo más completo del mundo. Nunca he disfrutado tanto delante de la cámara como lo he disfrutado detrás”, expresa. “Como actor te recogen de casa, te llevan; normalmente no ruedas todos los días, llegas a unos ensayos y te tratan muy bien, te ponen calentito cuando tienes frío y te dan de comer de lujo. En cambio, tú, como director, te tragas todo lo intragable: curras todos los días, todo el mundo te pregunta todo. Pero solo quería más”.

Jaime Lorente en 'La silla', la nueva película de Ángel de la Cruz. (AF Films)

De esta manera, para Jaime Lorente, ser director es como “ser el arquitecto brutal de miles de cosas que terminan en una pantalla”. El resultado de este trabajo aún tardará en conocerse, pero mientras tanto, los espectadores ya pueden disfrutar de La silla, ya estrenada en cines, donde el actor ofrece uno de sus últimos (y más destacables) papeles antes de iniciar una nueva etapa como cineasta.

Fuente: Infobae

COMPARTIR ESTA NOTICIA

Facebook
Twitter

FACEBOOK