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A los 100 años sigue activa: “Trabajar es un placer, me siento viva”

A punto de cumplir 101 años, Marta Beatriz Echaul continúa al frente de su empresa de transporte con energía inagotable. Defiende la independencia y el trabajo como pilares de vitalidad, sustentada en una filosofía personal forjada a lo largo de casi un siglo de transformaciones en la Argentina.

Nacida en 1925, esta empresaria cuenta que trabaja “desde hace más o menos ochenta años” y que maneja desde los 20. En una entrevista con Infobae en Vivo A las Nueve, declaró: “Tengo cien años y sigo trabajando porque es un placer para mí. Me siento viva”. Aclaró que no lo hace por necesidad económica, sino para sobrellevar una tragedia personal: “Nunca necesité trabajar, pero mi persona necesitaba trabajar”.

Recordó épocas en que podía darse el lujo de “vacaciones de tres meses”, algo impensable hoy: “Me iba a Mar del Plata el primero de diciembre y volvía en marzo, cuando empezaban los chicos. Eso ya no existe, creo”, reflexionó.

Independencia y liderazgo femenino

Como fundadora y dueña, Echaul narró cómo incursionó en el sector del transporte, un ámbito tradicionalmente masculino. Con humor, afirmó: “Mi empresa de transporte la fundé sola, en un rubro de hombres. Los puse en vereda”.

Se definió como pionera al tomar las riendas de su negocio y romper barreras impuestas a las mujeres. “No había tantas mujeres que manejaban. Yo manejo desde que tenía veinte años. Hace ochenta años”. Para ella, la independencia femenina es fundamental: “El auto, para mí, es una prolongación de mis brazos y representa la libertad, sobre todo para las mujeres”. Con tono jocoso, aconsejó a las más jóvenes: “No hay que vender el auto, chicas. No hay que vender el auto”.

Echaul subrayó que ni su padre ni su esposo, ambos comerciantes, intervinieron en su emprendimiento: “Eso lo puse yo. Y nadie, nadie se metió”.

La empresaria subraya que la verdadera riqueza reside en los vínculos y recuerdos, no en la acumulación de bienes materiales

Un siglo de cambios en Argentina

Testigo de los principales hitos del país en los últimos cien años, situó su nacimiento durante la presidencia de Hipólito Yrigoyen y observó la evolución desde épocas previas al peronismo hasta la actualidad.

“La mejor época para una mujer es cuando llega a ser madre, no nos engañemos. Yo lo tuve, gracias a Dios. Pero la mejor época de Argentina fue hace unos cuarenta años atrás”, señaló. Agregó que en décadas recientes la sociedad ha cambiado y algunos valores se han perdido.

Su experiencia como hija de inmigrantes resalta la importancia del esfuerzo y la paciencia. “Mi padre vino de Damasco a los 15 años. Mi madre, de Esmirna, Turquía. Lucharon y trabajaron mucho. Ahora ganan la plata y la quieren invertir en lo primero que ven”. Y destacó la necesidad de dar tiempo para lograr solidez: “Todo lleva su tiempo. Si llevamos nueve meses para llegar a ser un ser humano, todo se fabrica con tiempo”.

Advirtió sobre el riesgo de la búsqueda constante de bienes materiales: “La gente lucha para tener más y más. Todo se va a dejar acá en la tierra: las alhajas, la plata, todo se deja acá”.

La empresaria destaca la importancia de la independencia femenina y el manejo del auto como símbolo de libertad para la mujer argentina

Identifica que cuarenta años atrás comenzó una transformación que, según su visión, afectó valores esenciales de la sociedad argentina.

Lecciones de vida, familia y consejos para nuevas generaciones

La lectura y la vida nocturna forman parte de los recuerdos personales de Echaul. “Leo mucho porque cada libro deja una pequeña enseñanza. Yo me pasaba hasta las cuatro o cinco de la mañana leyendo”. También compartió anécdotas sobre su gusto por la noche y lugares emblemáticos de Buenos Aires.

Reconoció haber tenido algunos vicios, como fumar y el juego, pero indicó que supo dejarlos a tiempo. En el ámbito familiar, ejerce su influencia con rigor y cariño hacia nietos y bisnietos, a quienes corrige y aconseja.

Al repasar su trayectoria, la empresaria subrayó la importancia de vivir plenamente y no centrarse en la acumulación de bienes: “Doy gracias a Dios que lo viví”. Sus palabras finales reflejan una visión enfocada en el futuro, invitando a priorizar los lazos humanos por encima de la competencia y el deseo de posesión.

La verdadera riqueza, según la experiencia de Echaul, está en las relaciones personales y los recuerdos. El sentido profundo de la vida, dice, se halla en la unión entre las personas, no en lo material.

Fuente: Infobae

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