Una reciente investigación global realizada por el Capgemini Research Institute con 500 ejecutivos de distintas compañías proyecta que la participación activa de la inteligencia artificial (IA) en reuniones laborales se multiplicará por tres en los próximos tres años. Sin embargo, incorporar esta tecnología sin la preparación adecuada conlleva riesgos como la disminución de la participación, la fragmentación de los debates y la pérdida del sentido de pertenencia y responsabilidad dentro del grupo.
Para enfrentar estos desafíos, los expertos proponen un concepto innovador: la “química humano-IA en los equipos”. Se trata de un conjunto de prácticas que permiten a los grupos de trabajo sacar el máximo provecho de la inteligencia artificial mientras mantienen la cohesión y el control del proceso. Las conclusiones surgen de un experimento de cinco meses en el que participaron 60 directivos de 12 empresas de diversos rubros. Todos los equipos emplearon la misma metodología y usaron el modelo ChatGPT de OpenAI. Los investigadores monitorearon en vivo las interacciones, analizaron las transcripciones completas del chat y aplicaron encuestas posteriores para captar las impresiones de los involucrados.
Primera sesión: obstáculos iniciales y oportunidades desperdiciadas
Durante la primera ronda de trabajo, los participantes comenzaron a guardar más silencio, mostraron una actitud pasiva y se limitaron a observar la pantalla mientras la IA generaba respuestas. En lugar de fortalecer la colaboración, la inteligencia artificial parecía, al menos en un principio, debilitarla. Un análisis detallado de las transcripciones reveló el origen del problema: al no compartir las mismas reglas de interacción con la IA, los equipos no lograban transmitir el contexto completo, los distintos roles, la experiencia y los puntos de vista de cada miembro. Como resultado, la herramienta recurría a una perspectiva limitada y centrada en el individuo.
Otro patrón recurrente fue que la mayoría de los grupos asignaba a la IA un rol estático, generalmente el de “investigador” o “experto en la materia”, manteniéndolo durante toda la sesión. Además, las instrucciones eran breves y transaccionales. Con frecuencia, la inteligencia artificial se adelantaba sugiriendo “próximos pasos” no solicitados u opciones predefinidas, empujando al equipo a simples confirmaciones de un solo clic.
Segunda sesión: construyendo la química entre el equipo y la IA
Para superar estas dificultades, los investigadores desarrollaron un marco de trabajo con tres pilares fundamentales:
- Interactuar con la IA como equipo: promoviendo una comunicación grupal y no individual.
- Aprovechar la flexibilidad de roles de la IA: asignándole distintas funciones según la etapa de la discusión.
- Mantener la responsabilidad colectiva: asegurando que el equipo conserve el control de la conversación.
Se introdujo una lista de preguntas guía para que los participantes identificaran los patrones de interacción que limitaban su efectividad. Tras aplicar este enfoque en la segunda sesión, los equipos mostraron mayor dinamismo. La mayoría comenzó a presentarse de forma grupal, y la IA empezó a considerar los matices de los diferentes roles y niveles de experiencia. Los grupos también usaron la herramienta de manera más versátil: según el momento, la IA actuaba como socia generadora de ideas, voz crítica para cuestionar supuestos, prototipadora para crear materiales o narradora para perfeccionar presentaciones.
Un cambio clave fue que, antes de enviar una instrucción, los equipos hacían una pausa para discutir entre ellos cómo plantear la siguiente iteración. Estas pausas evitaban caer en un “modo espectador” y mantenían al equipo firmemente al mando. La participación promedio aumentó un 30%, y los participantes señalaron que la IA aportaba un apoyo mucho más significativo a las discusiones.
Tres recomendaciones prácticas para integrar la IA en reuniones
Como demuestra el experimento, la química entre equipos e IA no surge de forma natural y rara vez aparece en el primer intento. Para la mayoría de los grupos, debe cultivarse de manera deliberada e integrarse intencionalmente en la dinámica laboral. Estas son las tres sugerencias clave:
- Planificar la agenda de la reunión incluyendo espacios específicos para el uso de la IA.
- Preparar instrucciones para recurrir a la IA en un rol determinado según la necesidad del momento.
- Revisar el historial del chat después de la sesión para identificar patrones y mejorar la interacción futura.
Fuente: Infobae