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Estudio global: la vida en ciudad vuelve más audaces a 133 especies

Los animales que habitan en ciudades no se comportan igual que sus congéneres rurales. La exposición constante al entorno urbano los transforma, y no solo en lo físico. Tienden a ser más atrevidos y osados que aquellos que viven en el campo.

Por primera vez, un estudio a escala global midió este cambio. Investigadores de Francia y Estados Unidos recopilaron datos de 133 especies en 28 países y encontraron que los animales urbanos son más audaces, agresivos, exploradores y activos que sus contrapartes rurales.

Este patrón se repite en aves, mamíferos, anfibios, reptiles e insectos. La urbanización —el proceso de transformación de territorios naturales en ciudades— moldea el comportamiento animal de manera consistente y predecible.

La urbanización influye en el comportamiento animal al hacer que especies en ciudades sean más atrevidas y audaces que en entornos rurales (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los resultados fueron publicados en el Journal of Animal Ecology, de la Sociedad Ecológica Británica. El estudio estuvo a cargo de Tracy Burkhard, del Colegio Lewis & Clark (Portland, Estados Unidos); Ned Dochtermann, de la Universidad Estatal de Dakota del Norte; y Anne Charmantier, del Centro Nacional de Investigación Científica de la Universidad de Montpellier (Francia).

La ciudad también moldea el carácter

Científicos de Francia y Estados Unidos analizaron 81 investigaciones con datos de 133 especies de animales en 28 países (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los científicos ya sabían que la urbanización afecta la morfología (forma corporal) y la fisiología (funcionamiento interno) de los animales. Lo que faltaba era determinar si también altera su comportamiento: su disposición a asumir riesgos, explorar, moverse o pelear.

Los estudios anteriores eran fragmentados: analizaban una sola especie, una región o un tipo de conducta, y sus resultados solían ser contradictorios.

Esta nueva investigación buscó verificar si los cambios conductuales se repiten en distintas especies, regiones y nichos ecológicos (el rol que cada especie cumple en su ecosistema).

Los investigadores se centraron en cuatro conductas: la audacia (reacción ante el riesgo), la exploración (reacción ante novedades), la actividad (nivel de movimiento) y la agresividad (respuestas hostiles hacia individuos de la misma especie).

Más valientes, más inquietos

La mayor exposición al riesgo y la menor aversión hacia los humanos incrementan el contacto directo entre personas y fauna silvestre urbana (Freepik)

Los investigadores realizaron un metaanálisis filogenético, una técnica que combina resultados de múltiples estudios y considera el parentesco evolutivo entre especies para evitar distorsiones. Analizaron 81 investigaciones que sumaron 279 comparaciones entre poblaciones urbanas y rurales de la misma especie.

De ese modo detectaron que las poblaciones urbanas mostraban mayor audacia, agresividad, exploración y actividad que las rurales. La audacia fue el rasgo con el cambio más pronunciado.

Burkhard comentó en el comunicado oficial:

“Encontramos que, sin importar dónde estés en el mundo, la urbanización está cambiando el comportamiento de maneras consistentes y predecibles. El resultado más sólido es que los animales parecen ser más positivos ante el riesgo. Son más audaces.”

Los resultados fueron especialmente robustos en aves, que representaron el 72% de los datos. En mamíferos, reptiles, anfibios e insectos, solo la audacia mostró una diferencia estadísticamente significativa.

La diferencia de conducta por efecto de la urbanización fue más pronunciada en aves, según el metaanálisis publicado en el Journal of Animal Ecology (Imagen Ilustrativa Infobae)

El fenómeno no se limita a ratas o palomas. También afecta a especies silvestres que se adaptan progresivamente a entornos urbanos.

Charmantier señaló:

“Nuestro estudio muestra que el esfuerzo de investigación es muy desequilibrado entre los grupos taxonómicos; en particular, las aves se estudian con mucha más frecuencia que los anfibios, reptiles o insectos.”

El estudio no encontró evidencia de que la urbanización modifique la variabilidad del comportamiento ni su repetibilidad (qué tan consistente es una conducta en un mismo individuo a lo largo del tiempo).

Lo que aún no se sabe

Las recomendaciones del estudio subrayan la necesidad de investigar más especies nocturnas, reptiles, anfibios e invertebrados en ambientes urbanos (Imagen Ilustrativa Infobae)

Una limitación central es el sesgo taxonómico: las aves acumularon 201 estimaciones frente a solo 4 de anfibios y 8 de insectos, lo que reduce la capacidad de generalizar los resultados a todos los animales.

Los investigadores señalaron que la mayoría de los estudios se concentraron en Europa y América del Norte, dejando vacíos importantes en otras regiones.

Diseñar corredores y espacios verdes conectados puede mantener el flujo genético entre las poblaciones urbanas de diferentes especies animales (Imagen Ilustrativa Infobae)

Burkhard advirtió sobre las consecuencias prácticas:

“Si los animales toman más riesgos y son menos reacios a la presencia humana, vamos a tener mucho más contacto con la fauna silvestre en ciertas áreas, y eso es potencialmente malo tanto para nosotros como para los animales.”

Los investigadores recomendaron ampliar el análisis hacia especies nocturnas, reptiles, anfibios e invertebrados. También propusieron diseñar espacios verdes conectados en las ciudades para mantener el flujo genético (intercambio de material hereditario) entre subpoblaciones urbanas de distintas especies.

Fuente: Infobae

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