Un grupo de investigadores ha desarrollado un sistema fiable para calcular la relación entre el tamaño corporal y la edad de los anfibios, especialmente durante sus primeros años de vida adulta. Así lo ha dado a conocer este martes el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN). La técnica combina métodos de captura, marcaje y recaptura con modelos de crecimiento y datos biométricos de individuos juveniles. El objetivo es conocer la estructura de edades de las poblaciones, un factor considerado «muy relevante» para la conservación de estas especies.
El estudio, publicado en la revista ‘Integrative Zoology’, se basa en el análisis de datos recopilados durante 17 años de monitoreo de poblaciones de diez especies de anfibios en la Comunidad de Madrid. En el trabajo participaron investigadores del MNCN, del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA), de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), de la Asociación Herpetológica Española y de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Validación de modelos con datos de campo
El investigador del MNCN Gregorio Sánchez-Montes explicó que, para llegar a este sistema, los científicos analizaron de forma conjunta los patrones de crecimiento de adultos marcados e identificados, aunque de edad desconocida, con la medición de cientos de juveniles recién metamorfoseados. A estos últimos se les registró su tamaño nuevamente en su primera aparición como adultos reproductores.
«Este innovador enfoque permitió al equipo validar los modelos y establecer estimaciones consensuadas de tamaño a distintas edades para ocho de las diez especies analizadas», señaló la institución en un comunicado.
Por su parte, Íñigo Martínez-Solano, también investigador del MNCN, añadió que gracias a este método han comprobado que, al menos en varias especies, es posible distinguir con bastante fiabilidad a los individuos de uno y dos años de edad a partir de su tamaño.
«Esto abre una nueva oportunidad para estudiar el reclutamiento y la dinámica de las poblaciones y nos demuestra que los programas de seguimiento a largo plazo contienen mucha información que se puede utilizar para mejorar nuestro conocimiento y planificar sobre una base científica sólida la conservación de poblaciones de anfibios», manifestó Martínez-Solano.
Edad de maduración sexual y dinámica poblacional
Identificar la edad de los individuos cuando llegan por primera vez a reproducirse a las charcas permite conocer su edad de maduración sexual, uno de los parámetros demográficos «más importantes» para comprender las dinámicas poblacionales de los anfibios, según Carlos Caballero-Díaz, investigador de la UAM.
«A partir de ese momento, el crecimiento se ralentiza mucho, aunque sin llegar a detenerse. Los programas de seguimiento que consiguen identificar a los individuos en su primer año de reproducción pueden asignar con precisión su edad, y por tanto conocer la estructura de edades a escala poblacional», indicó Caballero-Díaz.
La estructura de edades es un indicador «especialmente sensible» en lo que respecta al estado de conservación de una especie. Este revela procesos clave como:
- La edad de madurez sexual.
- La tasa de reemplazo generacional.
- La resiliencia de las poblaciones frente a sequías, pérdida de hábitat o cambio climático.
Un sistema no invasivo y de alerta temprana
Los autores destacaron que esta metodología no requiere técnicas invasivas adicionales, como la esqueleto-cronología (basada en el análisis de patrones de crecimiento óseo). En cambio, revaloriza los datos ya existentes procedentes de programas de seguimiento continuo.
Sánchez-Montes puso énfasis en cómo estudiar una población a lo largo de los años aporta una amplia perspectiva, ya que han registrado varias generaciones de individuos y han detectado los factores que amenazan su supervivencia.
«Por ejemplo, las charcas temporales que sostienen núcleos reproductores de anfibios están sufriendo sequías tempranas de forma recurrente, lo que provoca el fracaso reproductivo completo en algunos años. Como consecuencia, la población no se renueva, aunque siga habiendo muchos individuos. Estudiar la estructura de edades funciona como un sistema de alerta temprana, que nos permite actuar si la población está envejeciendo, antes de que sea demasiado tarde», concluyó Sánchez-Montes.
Fuente: Infobae