“Siempre fui muy curiosa por la tecnología, los proyectos de ingeniería, pero han sido mis ideas locas las que me han llevado tan lejos”, confiesa entre risas Ariel Torres, estudiante de Ingeniería Mecánica en la Universidad de El Salvador (UES). La joven fue seleccionada para participar en el International Air and Space Program (IASP) 2026 de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA), en Estados Unidos.
El camino hacia una de las codiciadas plazas no fue sencillo. El IASP es un campamento global al que postulan cientos de aspirantes de todo el mundo, pero solo se aceptan entre 17 y 30 personas cada año. Ariel logró destacar gracias a su proyecto de Comunicación y Trayectoria Satelital, una iniciativa enfocada en el desarrollo de redes de pequeños satélites.
La joven cuenta que su interés por el programa nació al conocer la experiencia de Vanesa Núñez, quien fue seleccionada en 2021, y el respaldo de Ángela Pineda, segunda estudiante de la UES en ingresar al programa en 2025. “Yo le escribí y le pregunté cómo lo había logrado, Ángela me explicó todo el proceso y me animó a intentarlo”, relata Ariel en una entrevista.
La propuesta que presentó al IASP buscaba mejorar la precisión de la comunicación satelital, inspirada por el caso del astronauta estadounidense-salvadoreño Frank Rubio. “Mi proyecto es sobre comunicación satelital, para dar nuevas señales o nuevas rutas. En 2022, Frank Rubio tuvo un problema en su nave, que se pudo haber evitado con una comunicación más precisa”, explica Ariel, quien desarrolló su idea en paralelo a la de Ángela, creando un proyecto conjunto que llamó la atención del comité de selección.
A pesar de haber sido aceptada, el mayor desafío fue el financiamiento, ya que los participantes deben cubrir los gastos de viaje, materiales y equipo. Ariel buscó apoyo en empresas privadas, pero todas le negaron la ayuda. Finalmente, la UES decidió respaldar el proyecto. “La universidad nos escuchó y sí creyeron en nosotros. Nuestra punta de lanza fue Vanesa Núñez. Entonces le dijimos: Ella ya fue, ella sí pudo, nosotras también podemos. Y aquí estamos ya nos vamos para allá”, comenta Ariel entre risas nerviosas.

En los meses previos al campamento, Ariel ha tenido que reorganizar por completo su rutina. Dejó su trabajo para concentrarse en la preparación académica y física. “El preentrenamiento es desde mi casita. Me dan material didáctico, información de la NASA, exámenes, videos y también entrenamiento físico. Estoy en natación y hago ejercicio porque es un entrenamiento complementario. El objetivo es ganar, aunque solo con ser aceptada, ya siento que gané”, dice.
El respaldo de su familia ha sido fundamental en este proceso. Ariel reconoce el apoyo de su pareja y de la familia de su pareja, quienes la han motivado a seguir adelante, especialmente después de renunciar a su empleo. “Estoy totalmente agradecida con ellos, porque me apoyan bastante, me dan mi espacio de ser yo. Ahí me ven en la casa haciendo mis locuras, para ellos es totalmente normal y motivo de orgullo”, asegura.
El sacrificio ha sido constante. Ariel ha tenido que dejar fuentes de ingreso y enfrentar la incertidumbre económica, junto con la presión de mantener el ritmo académico y físico que exige el programa. “La constancia, pero también la disciplina han sido clave, porque a veces uno dice: ‘Me merezco un descanso’, pero después te invade la culpa y te das cuenta de que tienes que seguir”, reflexiona.

A pocos meses del viaje, Ariel siente una mezcla de tranquilidad y emoción. Se alista para una semana intensa en Houston, donde competirá en equipo con estudiantes de todo el mundo. Sabe que representa a su universidad, a su país y a todos los que creyeron en ella.
Durante su infancia, Ariel fue criada por sus abuelos, quienes fueron los primeros en motivarla a estudiar y confiar en su potencial. “Mi mensaje para estas chicas es que rompan su cultura. Que crean más en su capacidad, que busquen a Dios y que sigan su sueño. No hay ideas pequeñas ni ideas locas, la disciplina y la constancia hacen la diferencia”, afirmó Ariel, convencida de que sus abuelos “estarían muy orgullosos”.
Fuente: Infobae