Adaptar la obra de H.P. Lovecraft siempre ha sido un reto monumental, especialmente por la naturaleza abstracta del horror cósmico. Sin embargo, Call of the Elder Gods, desarrollado por Out of the Blue, logra abrazar este imaginario con una fuerza inusitada, superando a su predecesor. El juego construye una aventura narrativa donde se entrelazan cultos, reliquias milenarias y horrores ancestrales, todo ello con un tono familiar que evoca a Lara Croft o Nathan Drake, diferenciándose de otros títulos lovecraftianos como The Sinking City o Dark Corners of the Earth. Esa mezcla le otorga una identidad sólida y única.

La trama se sitúa años después de Call of the Sea y sigue a Evangeline Drayton, una estudiante atormentada por sueños extraños que revelan estructuras alienígenas, idiomas desconocidos y una estatua cubierta de una sustancia negra. En su búsqueda de respuestas, contacta a Harry Everhart, el arqueólogo sobreviviente de la expedición anterior. Lo que empieza como un misterio académico pronto escala a una conspiración oscura que involucra sociedades ocultistas, experimentos nazis y seres primordiales capaces de alterar la realidad humana.
Uno de los aciertos más notables es la dinámica entre los protagonistas. Harry carga con culpa, pérdidas y secretos del pasado, mientras que Evie aporta optimismo y racionalidad, aunque también está marcada por eventos que no comprende. La narrativa juega con esa brecha generacional y emocional, complementándose tanto en la historia como en los puzzles. Funciona como una especie de buddy movie adaptada al videojuego, y aunque el guion a veces cae en clichés del género, la relación entre ellos sigue siendo un punto alto.

A diferencia del tono introspectivo de la primera entrega, Call of the Elder Gods apuesta por una estructura más dinámica y cinematográfica. Ofrece viajes por el mundo, mapas que muestran desplazamientos, y escenarios variados como mansiones laberínticas, cuarteles ocultistas, cavernas y ruinas. Esta diversidad visual y narrativa impulsa el ritmo, haciendo que la exploración repetitiva no se sienta pesada. Es importante señalar que el juego está dirigido a un público específico: aquellos que disfrutan las aventuras gráficas, a diferencia de los jugadores más orientados a la acción.
El núcleo de la experiencia reside en los puzzles. Algunos son accesibles, mientras que otros exigen examinar documentos, símbolos y patrones ocultos. El juego no subestima al jugador y eleva la dificultad, algo refrescante en una época donde muchos títulos dan todo resuelto. No obstante, algunos acertijos resultan confusos, basados más en prueba y error que en lógica. Afortunadamente, existe un sistema de pistas que funciona bien, aunque el orgullo impide usarlo a algunos jugadores.

Visualmente, Out of the Blue demuestra una personalidad artística marcada, fusionando realismo con una estética estilizada casi pictórica, con secuencias de ilustraciones dibujadas a mano. La ambientación es uno de los aspectos más logrados, transmitiendo aislamiento, misterio y la sensación de que algo observa desde cada rincón. Esto captura la esencia del horror cósmico, pero con un enfoque propio, transformando las reglas en un diccionario único.
Otro acierto narrativo es el uso de detalles históricos reales para reforzar la ficción lovecraftiana. El ocultismo nazi, referencias a la Herencia de los Ancestros (creada por Heinrich Himmler) y la Operación Paperclip (donde EE.UU. reclutó científicos nazis) añaden peso al terror, sugiriendo que los verdaderos monstruos no siempre vienen de las estrellas, sino de la humanidad misma. Este enfoque recuerda a Stephen King o Edgar Allan Poe.

En resumen, Call of the Elder Gods es un título que sabe lo que quiere ser. Entiende la necesidad del combate, las secuencias de acción y no se pierde en sistemas complejos. Es una aventura corta, compacta y concreta, consciente de su tono y objetivos. Quienes no hayan jugado Call of the Sea deberían darle una oportunidad antes de sumergirse en esta secuela, que expande el universo con maestría. Durante el juego, recordé a títulos como Conarium, SOMA, The Room (especialmente la cuarta entrega) y la saga Rusty Lake.
Fuente: Infobae