La educación en Milagro tiene en Alba Karina Espinel Guadalupe un ejemplo de vocación, entrega y amor por la enseñanza. Con 40 años de trayectoria educativa, la reconocida docente milagreña ha dedicado su vida a formar generaciones de estudiantes, dejando huellas imborrables dentro y fuera de las aulas.
Inspirada por el ejemplo de su madre, la también educadora Victoria Cincha Valdez, Alba Karina descubrió desde muy joven que enseñar sería más que una profesión: una misión de vida. “Docente por vocación y por amor”, expresa al recordar los valores y enseñanzas heredados de su familia.
Sus inicios en la educación fueron como auxiliar de Educación Inicial. Posteriormente, consolidó más de tres décadas de experiencia docente, desempeñándose en distintos niveles educativos y asumiendo importantes responsabilidades académicas.
Para Alba Karina, educar va más allá de transmitir conocimientos. “Enseñar no solo es impartir clases; es dejar valores y trabajar cerca de los estudiantes”, manifiesta. Durante toda su carrera ha promovido la importancia del trabajo en equipo, la solidaridad y el sentido humano en cada proceso educativo.
Con cariño recuerda a aquellos estudiantes que, después de muchos años, aún la saludan y recuerdan con afecto, incluso por su característico tono de voz fuerte, el cual —asegura entre sonrisas— siempre buscó orientar y formar con disciplina y compromiso.
La docente milagreña también destaca los principios inculcados por sus padres: ayudar a quien lo necesite, actuar con empatía y enseñar siempre desde la parte humana. Valores que marcaron profundamente su estilo de enseñanza.
Su preparación académica refleja su constante deseo de superación. Es profesora de segunda enseñanza, licenciada, posee un diplomado y una maestría en Diseño Curricular. Además, inició su labor en la sección nocturna, fue inspectora, trabajó en la jornada matutina con Bachillerato Internacional y durante dos años impartió módulos en la maestría de Educación de la Universidad Estatal de Milagro.
A lo largo de estas cuatro décadas también enfrentó momentos difíciles, como la pérdida de estudiantes, experiencias que marcaron profundamente su vida personal y profesional.
Hoy, a dos años de acogerse a la jubilación, Alba Karina continúa enseñando con la misma pasión que la impulsó desde el inicio. “Enseñar es mi vida, es parte de mi día a día”, afirma con emoción.
La historia de Alba Karina Espinel Guadalupe representa el compromiso y la dedicación de los docentes milagreños que, con esfuerzo y amor, contribuyen diariamente a la formación de nuevas generaciones y al desarrollo de la sociedad.
LV