Hay historias que parecen escritas para la pantalla grande, y la de Emilio Insolera es una de ellas. Nacido en Buenos Aires, con un acento que viaja por el mundo y una trayectoria que cruza fronteras, este actor sordo se ha convertido en un puente entre la comunidad visual y la industria audiovisual. Protagonista de Sobran las palabras, el filme italiano que escaló al primer puesto en Netflix en Argentina y sigue sumando países, Insolera demuestra que el cine puede comunicarlo todo sin necesidad de sonido.

En una entrevista exclusiva, el actor comparte su recorrido, desde su infancia en Argentina hasta los sets de Hollywood, donde ha trabajado con figuras de la talla de Johnny Depp, Jessica Chastain y Penélope Cruz. También ha recibido elogios de Ridley Scott y Jacob Elordi, consolidándose como un talento en ascenso.
Raíces argentinas y una identidad visual
Insolera nació en Buenos Aires y vivió allí sus primeros diez años. “Mis primeras grabaciones de experiencia emocional y mental fueron muy bonitas y valiosas, y quedaron profundamente impresas en mí”, recuerda. Su amor por la comida argentina, desde empanadas hasta alfajores, se mantiene intacto. “Sigo teniendo experiencias increíbles cada vez que visito la gran ciudad azul y blanca”, afirma.
Su camino hacia la actuación comenzó en la infancia. “Desde niño, la actuación siempre fue parte de mí. Veía películas sin subtítulos y sin sonido en los canales 7, 9, 11, 13 y 2. Lo observaba todo de forma visual, enfocándome en la actuación de los actores y notando imperfecciones. Terminaba imitándolos o imaginando cómo lo habría hecho mejor”, relata.
Proveniente de una familia de personas sordas, sus padres, Alfio Insolera y María Cristina Drovetta, crecieron en escuelas para sordos, él en La Plata y ella en el Instituto Provolo. “Con ellos tuve una influencia artística extremadamente positiva. He incorporado en mí un lenguaje de micro y macro expresiones faciales y una coreografía precisa desde brazos, manos hasta los dedos”, explica. “Una lengua con reglas propias, orgánica y exacta, que exige años de refinamiento fino”.
Educación bimodal y el salto a Estados Unidos
Insolera estudió en el Instituto Oral Modelo, una escuela para personas sordas donde no se usaba lengua de señas. “Yo utilizaba ambas lenguas: la sonora en la escuela y la visual fuera de ella. Mis padres me preparaban para ser bi-modal y estar listo para convivir en ambos mundos”, detalla. En Italia asistió a una escuela con Lengua de Señas Italiana (LIS) y luego obtuvo la beca Fulbright-Wirth para la Gallaudet University en Estados Unidos, la única universidad del mundo para personas sordas. Allí perfeccionó su dominio de Lengua de Señas Argentina (LSA), LIS y Lengua de Señas Americana (ASL).
—En una industria centrada en el sonido, ¿creés que falta entender el mundo de los sordos?
—Sí, la industria cinematográfica es audiocéntrica y no se ha comprendido del todo nuestro visualcentrismo. “No se trata de imágenes visuales en el sentido convencional, sino de lenguas y manifestaciones expresivas del pensamiento a nivel lingüístico. Es otro sistema de input y output comunicativo”, sostiene. “Esta área sigue siendo en gran parte inexplorada”.

—¿Sentís que hubo progreso con la tecnología?
—Sí, desde las videollamadas hasta los subtítulos automáticos, que nos hacen respirar. Es comparable a lo que representó para los oyentes el nacimiento del teléfono o el cine sonoro. “Lo que falta explorar es el reconocimiento de las lenguas de señas. A partir de ahí, podrían generarse subtítulos automáticos o incluso una voz de IA que hable por uno”, asegura. “Hay que equilibrar las dimensiones sonora y visual en cada innovación”.
Trayectoria en Hollywood y el éxito de ‘Sobran las palabras’
Insolera ha trabajado con Universal, Disney y Paramount, pero no habla de “llegar”. “Estoy de viaje dentro de esta industria y sé que vienen nuevos capítulos. Tengo una responsabilidad en términos de representación”, señala. “Faltan historias realmente visuales, no como tema, sino como lenguaje en sí. Una cultura más visual que pueda expresarse sin representaciones erróneas”.
Sobran las palabras alcanzó el Top 10 en más de 40 países. “Ya me di cuenta desde el momento en que me llamaron para este rol”, dice. Es el remake de La Famille Bélier, que luego dio origen a CODA, ganadora del Óscar. “Le dije al director Luca Ribuoli que necesitábamos ajustes en la lengua de señas para que el mundo pudiera conectarse. Él respondió que era una película solo para Italia. Yo pensé: ‘No entiende con quién está trabajando’”, recuerda.

—¿Te sorprendió llegar al primer puesto en Argentina?
—Me imaginaba que en mi país natal iba a alcanzar el número uno, y así ocurrió. “En una entrevista con Matías Cufré, periodista sordo argentino de Locufre, descubrí que muchas personas en Argentina no usan Apple TV y no vieron CODA. Sobran las palabras se convirtió para muchos en la primera película de este tipo”, explica. “El engagement de la comunidad sorda y sus aliados impulsó la película, junto al interés de la Generación Z y los amantes de la música. La lengua de señas en el cine es muy marketable”.
—¿Qué conecta tanto con el público?
—La mezcla de elementos potentes: el contraste entre música armónica y ruido fastidioso, que genera tensión y humor; y el amor como lenguaje universal. “La conexión entre los personajes muestra que el entendimiento va más allá de las palabras”, afirma.

El impacto personal y la representación en la industria
El personaje de Alessandro Musso le recordó a su padre. “De niño dejó Sicilia para ir a Buenos Aires a los 10 años, y a los 50 regresó a Italia con la familia. A pesar de ser profundamente sordo, siempre tuvo una gran determinación para alcanzar sus objetivos”, relata. “Su pasión por los autos lo llevó a trabajar como matricero en empresas automotrices”.
Insolera es crítico con la representación actual. “Hay más apertura, pero sigue siendo la excepción más que la regla. El cambio concreto sería cuando el mundo entienda que hablar visualmente es humano”, sentencia. Ha rechazado guiones cuando la representación de la sordera estaba mal planteada, aunque está abierto a modificarlos.


—¿Cómo ves la relación de actores de Hollywood con la lengua de señas?
—Joaquin Phoenix, en una fiesta en Los Ángeles con su Globo de Oro por Joker, “me dijo que conocía el alfabeto manual. Era muy entusiasta”. Sebastian Stan “me comentó que tenía un amigo sordo, y nuestra conversación fue fluida. Incluso dijo que le gustaría usar más lengua de señas”. En cambio, Quentin Tarantino “se mostró reservado, con dificultad para mantener una conversación fluida. Aun así, creo que puede generar un gran cambio”.
—¿Hay prejuicios en Hollywood que el público no ve?
—Sí, por falta de información y diversidad mediática. “Todo empieza con los guionistas, que no incorporan diversidad desde el inicio. Luego el casting, donde las agencias no proponen a sus clientes para personajes sordos. Y los directores no se atreven a hacer cambios en el lenguaje de la escena”, denuncia.


En The 355, Jessica Chastain, productora del proyecto, “me ayudó a conseguir una audición con Simon Kinberg. Ella reconocía mi talento y estaba familiarizada con la cultura sorda”, agradece. “Los medios de comunicación tienen un rol muy importante en cómo se habla de nuestra comunidad visual”.
Vínculo con Argentina y proyectos futuros
Hace una década, Insolera apareció en el videoclip de María Eva Albistur, “Flash”. “Me gustó mucho la vibra. Sería interesante expandir este ángulo y convertirlo en una película”, comenta. También se cruzó con Gaspar Noé en Buenos Aires, pero perdieron contacto. Fue contactado por Disney para doblar en inglés a un personaje sordo en la serie argentina Limbo, producida por Mariano Cohn y Gastón Duprat. “En Argentina la serie se realizó con un actor oyente que fingía ser sordo. El resultado fue incorrecto. Habría sido mejor contar con un actor sordo real”, lamenta. “Me encantaría trabajar en una película argentina, quizá con Ricardo Darín”.


—¿Qué mensaje le darías a alguien que siente que su diferencia es un límite?
—Es una forma de bullying no intencional usar el término “capacitado” en oposición a “discapacitado”. “Nadie es perfecto. Todos tenemos límites. Muchas veces pueden superarse si buscamos soluciones. Lo peor es adaptarse pasivamente”, concluye.
Fuente: Infobae