El séptimo arte centroamericano vive un momento histórico. En una velada inolvidable, las actrices costarricenses Daniela Marín Navarro y Mariángel Villegas, junto a la mexicana Marina de Tavira (nominada al Óscar por Roma), obtuvieron de manera conjunta el galardón a la mejor interpretación femenina en la sección Una cierta mirada (Un Certain Regard) del Festival de Cannes.
Este reconocimiento celebra el talento actoral desplegado en «Siempre soy tu animal materno», el segundo largometraje de la realizadora costarricense Valentina Maurel. La cinta ya había hecho historia al convertir a Maurel en la primera directora de Costa Rica en ser seleccionada oficialmente por Cannes, consolidando al país como un semillero de cine de autor con alcance mundial.
Dado que era la única de las tres intérpretes presente en el festival el pasado 22 de mayo, Daniela Marín Navarro subió al escenario a recoger el premio acompañada por la directora. Visiblemente conmovida, la actriz dedicó el galardón a las realidades y desafíos que enfrenta el cine en su país natal.
“¡Que aguante el cine costarricense! Yo sé que a veces es muy difícil hacer cine. En Costa Rica no tenemos suficientes fondos. A veces todo se pone demasiado difícil, pero se puede lograr. Se puede lograr y aquí estamos y todos estamos verdaderamente poniendo una piedra sobre otra. Estoy demasiado feliz”, declaró Marín Navarro a la agencia EFE tras la ceremonia.

Para la joven actriz, este premio es un homenaje a la química forjada en el set: “Es un poco celebrar el trabajo que hicimos las tres en pantalla, es bellísimo”. También destacó la importancia de que un festival de la talla de Cannes dirija su atención hacia producciones que exploran “vínculos complejos” relacionados con el amor y la maternidad.
El reconocimiento a un trabajo en equipo
La directora Valentina Maurel expresó su orgullo y felicidad, señalando que el alma de su cinematografía reside en el trabajo con los actores. Maurel elogió a su trío protagónico como mujeres de una “gran generosidad y emocionalmente muy valientes”, capaces de interpretar papeles sumamente complejos.
Aunque los festivales rara vez otorgan premios de actuación compartidos, Maurel consideró que en este caso la distinción es de absoluta justicia. Las tres actrices aportaron cualidades únicas al proyecto:
- Marina de Tavira: Brinda la madurez y solvencia de una actriz con una extensa trayectoria en cine y teatro.
- Daniela Marín Navarro: A pesar de su juventud, ya cuenta con el prestigio de haber sido galardonada previamente en el Festival de Locarno.
- Mariángel Villegas: Debuta con paso firme y por la puerta grande en el cine internacional a través de este largometraje.

La directora reflexionó sobre el impacto político y cultural de este hito para la región. Para la cineasta, este premio demuestra que Centroamérica puede exportar narrativas que eviten los clichés tradicionales.
“Esto viene a confirmar que es posible hacer películas que abarquen los territorios de la intimidad, de la ambigüedad, de la interioridad en Costa Rica; que no sea necesariamente un cine que sea turístico porque es un país turístico”, puntualizó.
Además, recalcó que la región es capaz de romper con el monopolio de las temáticas de violencia: “No tiene que ser un cine centroamericano que solo logre hablar de nuestras crisis y de la violencia en nuestra región, que es real, pero también se puede hacer un cine diferente”.
Una trama sobre heridas generacionales
Coproducida entre Bélgica, Francia y México, «Siempre soy tu animal materno» logró conectar profundamente con el público de Cannes, donde tras su estreno recibió una ovación de cuatro minutos.
La historia sigue los pasos de Elsa (Marín Navarro), una joven algo perdida que regresa a Costa Rica tras estudiar en Europa. Al volver, descubre que su hermana menor, Amalia (Villegas), vive en un alarmante aislamiento dentro de la casa familiar, rodeada de compañías sospechosas y sumergida en el esoterismo.
Al intentar alertar a sus padres, Elsa se topa con la indiferencia: un padre (Reinaldo Amién) distraído por sus conquistas amorosas y una madre (De Tavira) completamente absorta en la reedición de los poemas eróticos que escribió en su juventud.

El resultado es un retrato íntimo y desgarrador sobre las fracturas afectivas entre generaciones y los lazos, a menudo complejos y asfixiantes, entre madres e hijas. Con este galardón, la cinematografía costarricense no solo se posiciona con fuerza en el mapa internacional, sino que demuestra que la falta de recursos se puede superar con valentía, rigor artístico y una mirada única.
Fuente: Infobae