Mientras el mundo sigue enfocado en el petróleo, China ha dado un paso que redefine el control de los recursos del siglo XXI.
El gobierno chino puso hoy en vigor la ley de nacionalización de reservas minerales estratégicas aprobada en 2024. El primer mineral incluido en el nuevo régimen es el cobre.
Para comprender su alcance, es necesario retroceder 50 años. El motor del siglo XX fue el petróleo. Automóviles, aviones, fábricas, fertilizantes y plásticos dependían de él. Quien controló el petróleo, marcó las reglas del mundo. En 1974, el acuerdo de petrodólares entre Estados Unidos y Arabia Saudita consolidó ese orden durante cinco décadas.
El motor del siglo XXI es la electricidad. Los vehículos eléctricos, los centros de datos de inteligencia artificial, las fábricas automatizadas y las ciudades inteligentes funcionan con ella. Y la electricidad se transmite y almacena con minerales.
Sin cobre no hay transmisión. Sin litio no hay baterías. Sin cobalto no hay refrigeración para los centros de datos.
Las cifras explican la posición de China:
– Es el mayor productor mundial de energía, con un volumen 2 o 3 veces superior al de Estados Unidos.
– Concentra cerca del 70% de la producción mundial de tierras raras.
– Procesa alrededor del 60% del litio y controla cerca del 70% del cobalto procesado a nivel global.
– Es el mayor exportador de ácido sulfúrico, insumo clave para el procesamiento del cobre.
En otras palabras, China ya dominaba la producción o el refinado de casi todas las materias primas críticas para la energía. Solo le faltaba cerrar el ciclo con el cobre. Esa pieza se completó esta semana.
¿Por qué ahora?
Porque Estados Unidos ha acelerado sus contramedidas:
– La propuesta de anexión de Groenlandia, que concentra grandes depósitos de tierras raras.
– La operación en Venezuela, país con 303.000 millones de barriles de petróleo y reservas de oro, uranio y hierro.
– El acuerdo minero con Ucrania, que incluye plata, litio, titanio y tierras raras.
– La ampliación de la Chips Act para atraer fábricas de semiconductores a territorio estadounidense.
El modelo estadounidense apuesta por chips y software. El modelo chino asegura el combustible que los hace funcionar.
Esta no es la primera restricción china. En meses recientes, Pekín limitó las exportaciones de tierras raras, anunció controles sobre la plata en octubre de 2025 y prohibió la exportación de ácido sulfúrico el 1 de mayo. La producción de cobre de Chile y la República Democrática del Congo quedó entonces en una posición más vulnerable.
Ahora el cobre. Con esta medida, China cierra la puerta a las exportaciones y consolida un monopolio estatal sobre el insumo central de la electrificación global.
El patrón es consistente: identificar una materia prima crítica, restringir su salida, acumular reservas internas y tomar control del eje de la economía de la inteligencia artificial.
La diferencia es que las restricciones anteriores afectaban sectores específicos. El cobre afecta a toda la cadena:
– El plan de electrificación de Estados Unidos depende del cobre.
– Los objetivos de energía verde de Europa dependen del cobre.
– El crecimiento industrial de la India depende del cobre.
– Los centros de datos de inteligencia artificial dependen del cobre.
Ahora veamos la situación claramente:
Quien controla los minerales controla la energía.
Quien gobierna la inteligencia artificial gobierna el futuro.
Por: JDET