Apenas 24 horas después de la controvertida presentación de Novela, Fito Páez ya estaba lanzando otro disco. Nada define mejor su trayectoria artística, que se acerca a los 45 años. Todavía resuenan en las redes los ecos de la silbatina del público y la reacción del rosarino en un concierto imprevisible. Como un acto poético, él responde con más canciones nuevas.
Fito dio vuelta la página con una propuesta diferente, pero complementaria. Cambian el ambiente y el contexto: un grupo reducido de periodistas y amigos, la incondicionalidad de sus hijos Martín y Margarita y de su novia, Sofía Gala. Se mantiene la esencia de un artista que siempre elige mirar hacia adelante y compartir lo que le pasa en canciones, libros o películas. Como dirá luego, citando a Lennon, hablar en primera persona es hacerlo de lo que uno conoce.
Al analizar el material, si Novela fue un proceso que le llevó casi toda su vida adulta, Shine se parece más a una pulsión urgente, casi un instinto de supervivencia. El disparador fue el accidente casero que le fracturó nueve costillas y lo tuvo un tiempo largo en el hospital. El dolor físico y espiritual, pero también el amor por Sofía Gala, quien se suma a la lista de musas inspiradoras.
La cita es en un espacio fabril reconvertido en estudio, a pocas cuadras del Movistar, con estética subterránea y neoyorquina. En las pantallas se proyecta el corto “Todos los Fitos”, donde el artista se psicoanaliza entre presente y pasado. Cuando se apagan las luces, su voz saluda con familiaridad. No hay presentador ni introducción formal. Él mismo arma el marco para lo que se viene.
“Nadie sabe cómo se hacen las cosas: se hacen”, dice al comienzo de un manifiesto sobre el arte autobiográfico que pasa por Fellini, Cassavetes y Juan L. Ortiz para desembocar en John Lennon. “Cuando le cuestionaban por qué hablaba siempre de él, contestaba de una manera muy sencilla y honesta: ‘Es lo único que conozco’. Y yo siempre fui medio autobiográfico, como mi amigo Johnny”.
La mirada se dirige a Madrid, septiembre de 2024. Terminaba los últimos ajustes de Novela cuando se cayó de una escalera. Cuatro escalones. Nueve costillas fracturadas y un mes de internación con opiáceos. “Ahora suena gracioso”, dice. “No lo fue”, aclara, describiendo el encuentro con la posibilidad real de la muerte. Algo que en la literatura y el cine “muchas veces se roza de manera liviana”. Él lo vivió tres veces en un mes.
“Uno redimensiona todo. No lo sabés en ese momento, pero cuando salís de allí y empezás la tarea de la reconstrucción —o del posible renacer— aparece una pulsión que tiende siempre a construir o reconstruir”. La manera que encontró para dejar testimonio fueron las canciones.
La resurrección se corporizó en la gira 40/30, con el repertorio de Del 63 y Circo Beat. Pasado ese tiempo, después de renegar y llorar mucho, llamó a su colaborador Diego Olivero. Tenía cuatro ideas compuestas en Madrid con una guitarra. Suficiente para lanzarse a la aventura.
Se fueron a un pueblito en el sur de Brasil y en diez días había un disco. Faltaba camino, pero el boceto estaba instalado. En ese proceso tomó una decisión estética: quitar instrumentos, “desbarroquizar”. Volver a la guitarra como máxima autoridad compositiva, lo que encierra una complejidad mayor a la que aparenta: “Hacer lo que hizo Miró —que terminó pintando como un niño de más grande— no es tan sencillo”, grafica.
Con “Universo” como excepción, dedicada a “mi hermano” Pablo Milanés, Shine es una pintura en tiempo real de una época de contrastes. “No le dimos mucho respiro”, dice. Fue una operación deliberada: tomar el toro por las astas. “A la mierda Pro Tools y todo lo que uno incorpora en la inercia de las cosas”. Es un disco tocado y grabado en vivo, que atraviesa su mundo privado.
También está Sofía Gala, quien le mandó un WhatsApp con una sola palabra: “Hablame”. Terminó dando concepto al disco. “Tenía humor, era una orden, era una sentencia”. La canción es una pieza instrumental que aparece tres veces y cumple un rol de enrarecerlo. Iba a ser el título, hasta que decidió por Shine: una palabra corta que “tiene mucho que ver con cómo me siento ahora”. Fito brilla y le dedica el disco a Sofía: “Por su compañía, por su amor, por sus charlas, por comprender este momento complejísimo que atravesamos juntos”. Como escena final, sella todo con un beso.
El ambiente se deja llevar por el Fito Páez cosecha 2026. El músico se mezcla entre el público, se pone y saca los anteojos, gesticula como director de orquesta, sonríe y acompaña los aplausos. Se detiene en El honor de los lobos, con destino de hit y épica desgarradora.
Cuando termina Shine, Fito se seca algunas lágrimas. Le acercan un micrófono, duda y empieza a sonar Beatles For Sale. El disco suena completo, como Shine y como Novela. Así como Fito concibe su obra, interpelando a quien quiera oírlo y a quien no, evitando la zona de confort, ofreciendo su corazón más allá de los silbidos.
Fuente: Infobae