La escena se ha vuelto un clásico en redes sociales: un orador sube al podio, menciona la inteligencia artificial y la sala estalla en abucheos. Corte. El video circula. Se repite una vez, y otra, y otra más.
Esto ha ocurrido en la Universidad de Arizona, en la Universidad de Florida Central, en la Universidad Estatal de Tennessee del Medio y en el Glendale Community College. Distintos estados, distintas personas al micrófono, pero el mismo resultado: silbidos y desaprobación.
La temporada de graduaciones en Estados Unidos ha dejado una lección clara: la inteligencia artificial se convirtió en la palabra más peligrosa que un orador puede pronunciar frente a una audiencia de recién titulados.
Lo curioso es que la generación que abuchea es la misma que ha convivido con ChatGPT durante casi toda su carrera universitaria. Son la clase de 2026, que ingresó a la universidad justo cuando estalló el auge de la IA generativa, en noviembre de 2022. Usan las herramientas que ahora denuncian.
La lista de los abucheados
El caso más sonado fue el del exCEO de Google, Eric Schmidt, quien subió al estrado de la Universidad de Arizona el 15 de mayo. Cada vez que mencionaba la IA —ya fuera para alertar sobre sus riesgos o para presentarla como una oportunidad— era interrumpido con silbidos. Dijo: “Afectará a todas las profesiones, todas las aulas, todos los hospitales, todos los laboratorios”. La sala le respondió con hostilidad.
Schmidt intentó calmar los ánimos: “Sé lo que muchos de ustedes están sintiendo. Los escucho. Hay un miedo”. No funcionó. Los abucheos continuaron.
Pero Schmidt no fue el único. El 8 de mayo, la ejecutiva inmobiliaria Gloria Caulfield fue interrumpida en la Universidad de Florida Central apenas dijo: “el auge de la inteligencia artificial es la próxima revolución industrial”. La reacción fue tan inmediata que ella misma se sorprendió: “¿Qué pasó? Toqué una fibra sensible”. La sala estalló en aplausos ante esa última frase, la única que no mencionaba la IA.

El ejecutivo discográfico Scott Borschetta corrió la misma suerte en la Universidad Estatal de Tennessee del Medio. Cuando empezó a hablar de IA en la producción musical, llovieron los abucheos. Lejos de ceder, insistió: “Es una herramienta, hacela funcionar para vos”. Tampoco ayudó.
En el Glendale Community College, la presidenta Tiffany Hernandez terminó disculpándose cuando el sistema automatizado con IA que anunciaba los nombres de los estudiantes falló en plena ceremonia. La tecnología que debía lucirse se convirtió en la burla de la noche.
La excepción que confirma la regla
En medio de este panorama, el discurso del cofundador de Apple, Steve Wozniak, en la Universidad Estatal de Grand Valley, en Michigan, se volvió viral por motivos opuestos. Wozniak no fue abucheado. Recibió aplausos.
Su truco: una sola frase, dicha con un timing impecable. “Todos ustedes tienen IA”, comenzó —pausa— “inteligencia real (actual intelligence)”. La sala respondió entre risas y aplausos.
En un ciclo de ceremonias dominado por ejecutivos que llegaron a hablarle a la Generación Z sobre el futuro y se toparon con una generación que no quería escucharlos, Wozniak hizo lo contrario: les devolvió el protagonismo. No les dijo que se adaptaran a la tecnología. Les dijo que ellos eran la tecnología que importaba.
Otro orador que supo leer a la audiencia fue Ed Bastian, CEO de Delta Airlines, en la ceremonia de la Universidad Emory. Bastian contó que había pedido a la IA que escribiera su discurso, que el resultado fue rápido e impresionante, pero que le faltaba “alma y calidez”. “Ustedes quieren escucharme a mí, no a un algoritmo mío”, dijo, y agregó que lo descartó y escribió el discurso a mano. Recibió aplausos.
¿Es solo un meme o hay algo más detrás?

Los clubes luditas que se organizan en los campus —en referencia a los trabajadores textiles británicos del siglo XIX que destruían maquinaria para proteger sus empleos— aseguran que es algo más profundo. Organizan marchas y exigen a las universidades que inviertan en profesores, no en software. La resistencia más fuerte proviene de las carreras artísticas, donde los estudiantes ven en la IA generativa una amenaza directa a su futuro laboral.
El caso más extremo ocurrió en Alaska, donde un estudiante fue arrestado por arrancar una exhibición de arte generado por IA de una pared universitaria y comérsela en señal de protesta. No es exactamente el comportamiento de alguien que sigue una moda pasajera.
Al mismo tiempo, las universidades van en dirección contraria: OpenAI, Anthropic y otras empresas tecnológicas están cerrando acuerdos corporativos con instituciones educativas que quieren mostrarse como adoptantes tempranas de la tecnología. Para muchos estudiantes, esa ecuación —pagan aranceles mientras la universidad incorpora chatbots— es exactamente lo que los hace sentir estafados.
Las cifras detrás del enfado

La reacción emocional tiene respaldo en los números. Un informe de Gallup de abril de 2025 mostró que un número creciente de integrantes de la Generación Z —nacidos entre 1997 y 2012— reporta sentirse ansioso o enojado frente a la IA, mientras que cayó con fuerza la proporción de quienes decían sentirse esperanzados o entusiasmados respecto al año anterior.
Casi la mitad de los encuestados consideró que los riesgos de la IA superan sus beneficios. Solo el 15% dijo que es claramente positiva. Y aunque la mayoría reconoció que necesita conocimientos sobre IA para el mercado laboral, también señaló que la tecnología obstaculiza el aprendizaje profundo y la creatividad —justamente las habilidades por las que fueron a la universidad.
El contexto laboral no ayuda a calmar esos temores. En las mismas semanas en que se realizaban estas ceremonias, Standard Chartered anunció que eliminará más de 7.000 puestos reemplazando “capital humano de menor valor” por IA. Meta prevé despedir al 10% de su plantilla global. Amazon suprimió unos 30.000 puestos corporativos en los últimos meses en su apuesta por la eficiencia automatizada.
Los graduados que escuchan a un ejecutivo hablarles del “futuro prometedor de la IA” saben, mientras aplauden o silban, que esos anuncios de despidos salieron en los mismos diarios esa misma semana.
El malestar es genuino. La forma, en cambio, es menos espontánea de lo que parece. Antes del primer video viral, hubo incomodidad en silencio. Después apareció un mensaje tácito: abuchea al CEO que habla de IA en tu graduación y te vuelves viral.
Fuente: Infobae