El Arsenal había perdido los tres primeros partidos de la temporada 21-22. Era el tercer curso de Mikel Arteta al frente del club londinense. Hurgó y encontró en su propia experiencia vital un relato para fomentar una reacción de sus jugadores. Como hace a menudo, cargó las tintas de la emotividad.
Les explicó antes de un encuentro ante el Norwich que cuando era un crío de dos años debió someterse a una operación de corazón, entonces una de las primeras de ese tipo en España. Que los médicos le dijeron a sus padres que debían vigilar con los esfuerzos físicos que hiciera en adelante. Que aun así consiguió, como es conocido, una prolongada carrera como futbolista de élite.
Pero para inspirar a sus discípulos comparó al equipo médico que le salvó la vida con un equipo de fútbol. «Están dispuestos a trabajar las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Lo hacen por una sola razón: porque aman lo que hacen. Esa es su motivación, ese es su propósito», se le escucha decir en un documental de Prime Video con interioridades de la plantilla. Quería lo mismo de sus jugadores.
Es uno de los muchos ejemplos que se explican sobre cómo Arteta trata de motivar y responsabilizar a la plantilla del Arsenal. Es un método sustentado en la intensidad psicológica y que ahora ha dado premio, siete años después de su nombramiento, en concreto en navidad de 2019. Campeón de la Premier por primera vez en 22 años. Fin a tres años consecutivos como segundos, una frustración colectiva. «¡Second again!» (Segundos otra vez), les cantaban como mofa en muchos estadios. «¡Champions again!», pudieron corear al fin los aficionados gunner en su celebración de anoche. Y aún les aguarda la final de Champions ante el PSG, el día 30 en Budapest.
«Quemaré hasta la última gota de sangre por este club de fútbol», dijo enfáticamente Arteta en su toma de posesión, cuando solo tenía 37 años, el más joven de la Premier, después de tres temporadas empapándose de las enseñanzas de Pep Guardiola en el Manchester City. El tremendismo forma parte de su libro de estilo. Los detalles, también. No solo en lo futbolístico.
Al poco de llegar mandó plantar un olivo de 150 años en el área de entrenamientos. El árbol databa de 1886, año de la fundación del Arsenal. Su propósito era representar las raíces del club, dar a conocer a todos de dónde vienen. «Tenemos que cuidar esas raíces todos los días, asegurarnos de que no se envenenen, no se dañen y que esté en buenas condiciones», explicó.
Vía elperiodico.com
🏆😭LA EMOCIÓN DE ARTETA🏆
“Es una de las mejores sensaciones que he tenido en mi vida. No pude ver el partido del City. Podía oír ruidos desde dentro, luego mi hijo abrió la puerta, corrió hacia mí…
…estaba llorando y dijo ‘¡somos campeones, papá!’” pic.twitter.com/82YBl8XSOM
— KCH RADIO 90.9FM (@kchradio) May 21, 2026