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Catarata submarina más alta del mundo está oculta en el Atlántico

En las profundidades del océano Atlántico, entre Islandia y Groenlandia, se encuentra la cascada más imponente del planeta, pero no es visible a simple vista. Se trata de la catarata del Estrecho de Dinamarca, un fenómeno submarino que supera en altura a cualquier catarata terrestre conocida. Con un descenso de 3,5 kilómetros y un caudal de 3,2 millones de metros cúbicos por segundo, esta maravilla natural ha sido estudiada por científicos desde 1995, quienes advierten que su funcionamiento es crucial para la estabilidad del clima global.

A simple vista, el Estrecho de Dinamarca parece un canal ártico común: aguas frías, cielos grises y ninguna señal evidente de lo que ocurre cientos de metros más abajo. Sin embargo, en el fondo de ese canal oceánico, que separa las costas de Islandia y Groenlandia, se desarrolla el fenómeno hidrológico más imponente del planeta. La llamada catarata del Estrecho de Dinamarca no puede verse a simple vista ni detectarse desde el espacio, salvo a través de indicadores cartográficos como la temperatura y la salinidad del agua. Aun así, su escala supera con creces a cualquier cascada que el ojo humano haya contemplado jamás.

Según la NOAA (Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos), la caída de agua mide 3,5 kilómetros de profundidad, lo que la convierte en más de tres veces la altura del Salto del Ángel, en Venezuela, la cascada terrestre más alta del mundo, con sus 979 metros. Su anchura abarca aproximadamente 480 kilómetros —la totalidad del estrecho— y el descenso se extiende a lo largo de entre 500 y 600 kilómetros de lecho marino. El caudal alcanza los 3,2 millones de m³ por segundo, un volumen que eclipsa el caudal del río Amazonas y multiplica exponencialmente el de las cataratas del Iguazú o las del Niágara.

¿Cómo se forma una cascada sin acantilado?

El mecanismo que genera esta cascada no tiene nada que ver con un río que cae al vacío. Todo comienza con la diferencia de densidad entre dos masas de agua: la fría y densa, que proviene de los mares nórdicos —los mares de Groenlandia, Noruega e Islandia—, y la más cálida del mar de Irminger, en el Atlántico Norte. Cuando se encuentran, el agua fría, al ser más densa, se hunde bajo la más cálida y comienza a deslizarse por la pendiente del fondo oceánico. El resultado es un flujo descendente continuo y silencioso que, a pesar de su volumen, avanza a apenas 0,5 metros por segundo, frente a los 30,5 m/s que registran las cataratas del Niágara.

La paradoja de la cascada más grande del mundo es, precisamente, su lentitud. No hay estruendo ni niebla de agua. Un investigador parado sobre las olas del Estrecho de Dinamarca no percibiría nada inusual. Solo los instrumentos científicos, capaces de medir variaciones de temperatura y salinidad en profundidad, pueden rastrear su paso.

El lecho marino esculpido por glaciares hace miles de años crea la pendiente necesaria para el descenso de la catarata submarina más grande del planeta (Imagen Ilustrativa Infobae)

Una formación de la última Edad de Hielo

El origen de esta estructura se remonta a entre 17.500 y 11.500 años atrás. Fue entonces cuando los glaciares excavaron el lecho marino entre Islandia y Groenlandia, tallando una pendiente pronunciada que hoy actúa como el “precipicio”. La cascada no surgió de un evento geológico súbito, sino de un proceso lento de erosión glaciar que dejó grabada en el fondo del Atlántico la rampa más grande del planeta.

Los científicos llevan estudiando el fenómeno desde 1995. Un estudio publicado en 2024 en la revista científica Nature Communications, liderado por el Dr. Dipanjan Dey de la Universidad de Southampton junto a investigadores del Centro Nacional de Oceanografía del Reino Unido y la Universidad de Estocolmo, determinó que la mezcla de aguas atlánticas y árticas en la zona del Estrecho de Dinamarca es responsable del 33% de la transformación de agua cálida y salada en agua fría, más fresca y densa que alimenta la circulación oceánica global.

Su papel en el clima del planeta

La catarata del Estrecho de Dinamarca no es solo un récord geográfico: es una pieza estructural del sistema climático terrestre. Al canalizar las aguas polares hacia el sur, impulsa la Circulación de Retorno del Atlántico (AMOC), el mecanismo que redistribuye calor, nutrientes y carbono por todos los océanos del mundo. Sin ese flujo descendente, las corrientes que mantienen los inviernos templados en Europa occidental o que regulan los niveles del mar en la costa este de Estados Unidos se verían gravemente alteradas.

El profesor Robert Marsh, coautor del estudio de Nature Communications e investigador de la Universidad de Southampton, advirtió que el calentamiento global representa una amenaza directa para este mecanismo: “A medida que la superficie del océano se calienta y se vuelve más dulce, la mezcla entre aguas atlánticas y árticas se reduce. Eso debilita la AMOC al disminuir la densidad y profundidad de su flujo hacia el sur, lo que podría desencadenar cambios abruptos e irreversibles en el clima del planeta”.

Fuente: Infobae

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