Los dispositivos digitales pueden afectar negativamente la comprensión de textos, sobre todo en niños y jóvenes, debido a distracciones, formatos inapropiados y una tendencia a la lectura superficial impulsada por las pantallas. Así lo sostienen expertos en psicología cognitiva basándose en estudios de movimientos oculares y actividad cerebral. Esta preocupación cobró fuerza cuando el gobierno sueco decidió retirar los dispositivos digitales de las aulas y regresar a los libros impresos.
Los investigadores de la Universidad Macquarie en Sídney, Australia, señalan que el problema no es el soporte en sí, sino el contexto de lectura y la madurez del lector. Entre sus hallazgos clave: el procesamiento visual demora 60 milisegundos en llegar al cerebro, y la velocidad máxima de lectura oscila entre 300 y 400 palabras por minuto. La pandemia de COVID-19 intensificó el debate sobre la comprensión en formato digital.
Cómo aprende el cerebro a leer
De acuerdo con los profesores Erik D. Reichle y Lili Yu, de la Universidad Macquarie, la lectura es una de las tareas más complejas para el cerebro humano. A diferencia del habla, no es una habilidad innata; su dominio exige años de entrenamiento y práctica.

Al leer, los ojos efectúan movimientos rápidos denominados sacadas entre palabras. Durante estos movimientos, el procesamiento visual se detiene y solo se reanuda en fijaciones, cuando la mirada permanece quieta. Estudios que registran estos movimientos muestran que el lector fija la mirada en casi todas las palabras, porque la capacidad de captar información visual en cada fijación es muy limitada.
Límites físicos y velocidad de la lectura
La percepción de letras durante la lectura se restringe a una zona del campo visual conocida como rango perceptivo. En idiomas que se leen de izquierda a derecha (español, inglés), esta área abarca de dos a tres espacios a la izquierda del punto de fijación y de ocho a doce a la derecha. En lenguas de derecha a izquierda, como el árabe, la dirección se invierte.
La información visual tarda 60 milisegundos en llegar del ojo al cerebro, y las palabras requieren entre 100 y 300 milisegundos adicionales para ser reconocidas. Esto limita la velocidad máxima de lectura a entre 300 y 400 palabras por minuto, dependiendo de la complejidad del texto y la habilidad del lector. Quienes promueven la lectura rápida enseñan técnicas superficiales, pero la comprensión se reduce a medida que aumenta la velocidad.
Efectos de los dispositivos digitales en la comprensión
No todos los dispositivos digitales tienen el mismo impacto. Los lectores electrónicos (e-readers) favorecen los procesos mentales necesarios para una lectura eficiente, de manera similar a los libros impresos. En contraste, dispositivos con distracciones como anuncios emergentes o formatos deficientes (texto centrado, espacios irregulares) dificultan la comprensión profunda.

Investigadores australianos indican que imágenes y sonidos ajenos al texto pueden desviar la atención en cualquier momento. La mayoría de los adultos ha desarrollado autocontrol para ignorar estas interrupciones, pero los niños pequeños aún no tienen esa capacidad. Para un niño con problemas de comprensión, cualquier distracción empeora la situación.
Hábitos lectores en entornos digitales
Estudios de seguimiento ocular muestran que entornos digitales como las páginas web promueven estrategias de lectura particulares: leer rápido para obtener una idea general o buscar información específica sin leer todo. Aunque útiles en algunos contextos, estas tácticas reducen la comprensión global.
Los docentes advierten que esto es especialmente grave en niños, porque se necesitan años de práctica para coordinar los sistemas mentales que sustentan la lectura madura. Si los hábitos digitales se fijan antes de que esa coordinación esté desarrollada, el impacto en el aprendizaje puede ser permanente.
Pandemia y debate sobre lectura digital
La pandemia de COVID-19 impulsó una migración masiva a la educación en línea y aumentó el tiempo de lectura digital en todas las edades. Aunque estos cambios fueron necesarios, sus efectos a largo plazo en el desarrollo lector aún son inciertos.
Los investigadores señalan que la mayoría de los estudios de seguimiento ocular se han hecho en pantallas de computadora. Las nuevas tecnologías permitirán comparar directamente los movimientos oculares y la comprensión entre dispositivos digitales y papel, ofreciendo mayor claridad sobre las ventajas y desventajas de cada soporte. Los especialistas subrayan que la capacidad lectora está vinculada al nivel educativo, la situación socioeconómica y el bienestar, por lo que es urgente evaluar el impacto del cambio de soporte.
Fuente: Infobae