El mundo de la música colombiana está de luto tras la confirmación del fallecimiento de Totó la Momposina, ocurrido este martes 19 de mayo de 2026. Este suceso ha reavivado el recuerdo de una de sus actuaciones más emblemáticas: la que ofreció durante la entrega del Premio Nobel de Literatura a Gabriel García Márquez.
La premiación tuvo lugar el 10 de diciembre de 1982 en el Konserthuset de Estocolmo. Gabriel García Márquez, vestido con un liquiliqui blanco, recibió el galardón de manos del rey Carlos XVI Gustavo de Suecia.
La solemnidad del acto protocolario dio paso a una celebración donde la identidad colombiana se manifestó a través de la música y la danza. En la recepción posterior, Totó la Momposina, invitada especialmente a petición del propio escritor, subió al escenario junto a su grupo, integrado por músicos y bailarines, y ofreció una muestra viva de los ritmos del Caribe: bullerengue, cumbia y tambora.

Los acordes de los tambores y las gaitas, sumados a la voz inconfundible de Totó, transformaron el salón en una pequeña fiesta colombiana.
Los asistentes, entre quienes se encontraban miembros de la realeza sueca, académicos, escritores y personalidades internacionales, presenciaron una expresión artística pocas veces vista en ese contexto. El contraste entre los trajes de gala y la energía de los músicos dejó una impresión duradera.
La actuación de Totó la Momposina no fue solo un homenaje a García Márquez, sino una afirmación de la riqueza y diversidad cultural de Colombia, llevada al centro de la escena mundial.
La presencia de la artista en Estocolmo respondió a un deseo explícito de García Márquez: que la música popular de su país estuviera presente en el festejo más importante de su carrera. El escritor consideraba que la esencia de su literatura tenía una raíz común con los ritmos y relatos orales del Caribe. Por esa razón, eligió rodearse de representantes de esa tradición, entre ellos Totó la Momposina y Leonor González Mina, la Negra Grande de Colombia.
Durante la presentación, Totó la Momposina interpretó piezas emblemáticas del repertorio caribeño, acompañada por el sonido de la tambora y el coro de sus músicos. El ambiente formal de la recepción se transformó. Algunos asistentes se animaron a seguir el ritmo, movidos por la fuerza de los tambores y la alegría de las voces.

El propio García Márquez, según relataron testigos, celebró el momento levantando los brazos y uniéndose a la fiesta. La música se convirtió en el puente entre la solemnidad sueca y la espontaneidad latinoamericana.
La actuación no tuvo una duración extensa debido a los compromisos de la agenda oficial. Sin embargo, el impacto fue inmediato. Quienes presenciaron la escena señalaron que la presentación de Totó la Momposina aportó autenticidad y emoción a la celebración, logrando que la cultura colombiana se hiciera sentir fuera de sus fronteras. El eco de esa noche contribuyó a abrir puertas para la música tradicional en escenarios internacionales y consolidó a Totó como una de las grandes embajadoras del folclore colombiano.
La proyección internacional que siguió a ese episodio permitió a Totó la Momposina colaborar con músicos de diferentes países y llevar su propuesta artística a nuevos públicos. La conexión entre su música y la obra de García Márquez quedó registrada como una muestra de cómo la literatura y las tradiciones orales comparten un mismo espíritu narrativo.

En palabras de quienes estuvieron presentes, “después de la ceremonia, García Márquez levantó los brazos por encima de la cabeza en gesto de triunfo. Luego, todo fue música y carnaval. Totó la Momposina y Leonor la Negra Grande de Colombia prendieron la fiesta entre colores y aplausos”.
La participación de Totó la Momposina en Estocolmo consolidó su posición como embajadora cultural de Colombia. La proyección internacional que le otorgó aquel evento contribuyó a fortalecer su carrera y a difundir los ritmos tradicionales del Caribe colombiano en escenarios de todo el mundo.
Fuente: Infobae