La cantautora colombiana Sonia Bazanta Vides, conocida mundialmente como Totó la Momposina, falleció a los 85 años a causa de un infarto al miocardio provocado por una enfermedad degenerativa. La artista pasó sus últimos días en México, país donde residía.
La trayectoria de Totó la Momposina estuvo marcada por una misión fundamental: preservar y difundir las raíces musicales de la costa caribeña colombiana en la memoria colectiva. Nacida en Talaigua Nuevo, Bolívar, desde pequeña estuvo inmersa en un ambiente familiar donde la música era parte esencial de la vida cotidiana. Absorbió conocimientos transmitidos por cinco generaciones de su familia, incluyendo a sus padres y abuelos.
A lo largo de su carrera, la artista relató en múltiples ocasiones que la violencia bipartidista de la década de 1950 obligó a su familia a mudarse a Bogotá. En la capital, tanto ella como su madre, Libia Bazanta de Vides, incursionaron en la televisión nacional con el programa “Acuarelas Costeñas”.

Esa aparición fue pionera al llevar a los hogares colombianos los ritmos y bailes del Caribe, marcando el inicio de la carrera de Totó como difusora de la cultura tradicional. A los diez años, acompañada por su madre, comenzó a construir su identidad artística frente al público.
Años después, Totó decidió instalarse en París, donde estudió Historia de la música y profundizó en la investigación de los ritmos y danzas de su región. Ese trabajo académico y de campo consolidó su prestigio tanto en Colombia como en escenarios internacionales.
Durante más de cinco décadas, Sonia Bazanta Vides —nombre real de Totó— se dedicó a rescatar y engrandecer la música ancestral de los pueblos ribereños. Fusionó ritmos de cumbia, bullerengue, porro y otros estilos, reivindicando la herencia indígena y africana en cada interpretación. Obras emblemáticas como ‘La Candela Viva’ y ‘El Pescador’ la posicionaron como símbolo y defensora de la identidad sonora del Caribe colombiano.
En una entrevista concedida al periodista Bernardo Hoyos en 1989, la cantante recordó uno de los hitos más destacados de su carrera: su participación en la ceremonia de entrega del Premio Nobel de Literatura a Gabriel García Márquez en 1982, en Estocolmo.

“Fue como estar levitando”
, expresó Totó sobre ese momento, al que había soñado asistir mucho antes de recibir la invitación oficial. Ese episodio simbolizó para ella el reconocimiento definitivo a la cultura del Caribe colombiano.
Totó destacó que mantener vivo el legado familiar implica también un compromiso con la investigación y difusión de las manifestaciones folclóricas del país. Según la artista, resultaba imprescindible que las nuevas generaciones conozcan “cuáles son nuestras raíces culturales, nuestro folclor”, para preservar la identidad y la riqueza musical de Colombia.
Las enseñanzas de su padre, tamborero, y de su madre, cantadora y bailarina, así como la herencia de su bisabuelo Sixto Vides Choperena —creador de la Danza de los Goleros—, marcaron la senda que Totó siguió con rigor.
En abril de 2024, la salud de la artista generó preocupación pública. Su hijo, en diálogo con Jorge Barón para el programa Show de Las Estrellas, reveló que Totó padecía afasia, un trastorno que afecta la capacidad de comunicarse, aunque físicamente se encontraba estable.

En ese momento, residía en México y su familia solicitó apoyo institucional para afrontar la situación. La afasia puede estar asociada a lesiones cerebrales o enfermedades neurodegenerativas, y resulta en dificultades para hablar, comprender, leer o escribir.
El fallecimiento de Totó representa una pérdida profunda para el folclor colombiano. La cantante no solo mantuvo vivas las tradiciones orales de su tierra natal, sino que devolvió al folclor su lugar como arte mayor en la cultura nacional. Su trabajo enseñó a valorar la música de raíz como reflejo de la historia y la diversidad del país.
Reconocimiento internacional y legado imborrable
La influencia de Totó la Momposina superó ampliamente el ámbito local. Su voz y las expresiones del Caribe colombiano se escucharon en escenarios internacionales de primer nivel, como la ceremonia del Premio Nobel de Literatura de Gabriel García Márquez en 1982 en Estocolmo. Además, participó en festivales globales como Womad, bajo el impulso de Peter Gabriel, consolidando su rol de embajadora cultural.
Al llevar tambores, gaitas y cantos tradicionales a públicos diversos, Totó inspiró a nuevas generaciones de músicos colombianos a explorar y dignificar sus propias raíces. Su retiro en 2022 no apagó su influencia: el legado de la cantante sigue presente en cada interpretación folclórica que honra la riqueza del Caribe.
La partida de Totó la Momposina deja una huella imborrable en la memoria musical de Colombia y del mundo. Su vida y obra continúan recordando que la música tradicional es también un puente hacia la identidad, la memoria y la unidad de los pueblos.
Fuente: Infobae