Han transcurrido casi dos milenios desde que el Vesubio sepultó a la ciudad romana de Pompeya bajo cenizas en el año 79 d.C., pero aún emergen historias de sus habitantes gracias al patrimonio resguardado por el Parque Arqueológico. Los arqueólogos examinan sin cesar los objetos junto a las víctimas, revelando fragmentos de vidas personales y las últimas decisiones de quienes intentaron huir. El hallazgo más reciente apunta a un médico que cargaba su maletín cuando comenzó la erupción volcánica que acabó con todos.
Tras siglos de saqueos que redujeron el patrimonio, un equipo de expertos se dedicó a recuperar vestigios de la ciudad. El proceso avanza lentamente, y más de sesenta años después de la excavación del Jardín de los Fugitivos, surge un nuevo descubrimiento. No proviene de una excavación reciente, sino de una reinterpretación científica de materiales recuperados en 1961 bajo la dirección del arqueólogo Amedeo Maiuri.
En esa zona, entonces ocupada por un viñedo, se identificaron moldes de catorce personas atrapadas en la nube piroclástica. Se extrajeron varios moldes de yeso, y con las nuevas tecnologías, los científicos analizaron los objetos ocultos en uno de ellos. Era una pequeña caja de material orgánico “con elementos metálicos, una bolsa de tela que contiene monedas de bronce y plata, y una serie de instrumentos compatibles con un botiquín médico”.
Una superficie de preparación y pequeños instrumentos
Las pruebas diagnósticas, mediante rayos X y tomografías computarizadas en la Casa di Cura Maria Rosaria de Pompeya, revelaron una pequeña losa de pizarra dentro del estuche —usada para preparar sustancias médicas o cosméticas— y pequeños instrumentos metálicos que podrían ser instrumental quirúrgico. Estos elementos respaldan la hipótesis de que la víctima era médico.
“Eran médicos, en todo momento, incluso cuando huían”
La investigación es resultado de un esfuerzo interdisciplinario que reunió a arqueólogos, restauradores, antropólogos físicos, arqueobotánicos, numismáticos, radiólogos, técnicos de diagnóstico y especialistas en modelado digital, restaurando no solo un objeto, sino la historia de una vida interrumpida. El Parque destaca el hallazgo como un hito que aúna el pasado y el presente.
“Incluso hace dos mil años, existían personas que no ejercían la medicina, limitadas a un horario de consulta, sino que simplemente eran médicos, en todo momento, incluso cuando huían de la erupción, que fue frustrada por el flujo piroclástico que impactó al grupo de refugiados que intentaban abandonar la ciudad por Porta Nocera”, reflexiona el director del Parque, Gabriel Zuchtriegel, en un comunicado.
“Este hombre —agrega— se llevó consigo sus herramientas para estar preparado para reconstruir su vida en otro lugar, gracias a su profesión, pero quizás también para ayudar a otros. Dedicamos este pequeño pero significativo descubrimiento a todas las mujeres y hombres que hoy en día siguen ejerciendo esta profesión con un profundo sentido de responsabilidad y servicio a la comunidad”.
Fuente: Infobae