Desde su irrupción a principios de los años 90, El Haragán y Compañía se ha consolidado como una de las agrupaciones más representativas del rock mexicano. Su propuesta, directa y fuertemente influenciada por las vivencias urbanas de la Ciudad de México, les ha asegurado un sitio entre los grandes del género.
De cara al año 2026, la banda liderada por Luis Álvarez ha lanzado una renovada interpretación de Juan el Descuartizador, grabada junto al español José Andrëa, exvocalista de Mägo de Oz y actual líder de Kabrönes. El resultado es una pieza más robusta, con guitarras más agresivas y una producción que impulsa uno de los temas clave de su álbum debut Valedores Juveniles (1990) hacia un sonido más metalero.
“Con José Andrëa tenemos una historia de amistad de más de una década. Nos hemos visto en giras, hemos convivido, coexistido en el escenario, en camerinos. Se logró hacer una muy buena química de amistad con él”, comentó Álvarez en una entrevista.

La idea de grabar una nueva versión de Juan, el descuartizador se gestó durante años y finalmente se materializó en la Ciudad de México, en el marco de un festival organizado por los españoles Ángeles del Infierno. “Nos encontramos casualmente, los Ángeles me invitaron a tocar una canción con ellos y supimos que venían los muchachos, nos pusimos de acuerdo, pudimos agendar estudio de grabación y así fue como hicimos la canción”, relató el cantante.
La colaboración con José Andrëa le otorgó un matiz inédito al clásico de El Haragán y Compañía. No obstante, según Luis, este trabajo representó un hito para la banda más allá de sumar una voz emblemática del rock en español. “En esta canción metimos por primera vez cello y violín. Metimos una guitarra extra que le da más poder a la base rítmica de la canción y creo que sí, José Andrëa le pone la sal y pimienta que necesitaba esta canción”, afirmó.

Esta reversión marca el inicio de una nueva fase para El Haragán, que busca continuar impulsando su proyección internacional, especialmente en Colombia. La banda visitó ese país por primera vez en 2018, como parte de los festivales Viva El Planeta, organizados por Doctor Krapula en Bogotá y Medellín.
En 2025, El Haragán y Compañía regresó a territorio colombiano para participar en el festival Fiura en Cali y ofrecer un concierto en el Relevent Bar, en Bogotá. “Fue muy interesante ver que la gente ya nos canta las canciones, que ya hemos ganado fans”, recordó sobre sus presentaciones del año anterior. “Me causaba mucha ternura y mucho cariño el que la gente estuviera pidiendo las canciones y cantando y coreando y que me gritaran: ‘¡Haragán, Haragán! ¡Oye, Luis!’ Era algo muy bonito, fue algo muy, muy chido”.

Este recibimiento se sumó a la intención manifestada por la banda de convertir a Colombia en un eje central de su plan de expansión internacional. “Yo creo que Colombia puede ser nuestra segunda casa, así lo veo yo, nuestra segunda oficina, por así decirlo, o plataforma de lanzamiento, aparte de la Ciudad de México”, aseguró Luis. Agregó que la banda mantendrá una presencia constante en el país: “No vamos a dejar de trabajar Colombia, no vamos a dejar de quitar el dedo ahí en el gatillo hacia allá. Entonces, pues les vamos a dar mucha lata”, advirtió.
A pesar de su sólida ética de trabajo, el cantante reconoció que la trayectoria de la banda ha atravesado obstáculos y momentos complicados, incluyendo cambios de integrantes y la falta de apoyo en los medios masivos. Sin embargo, insistió en que la única vía para avanzar es trabajar sin descanso: “Haragán es una banda incansable. Hemos estado chambeando todo el tiempo. Somos como un trenecito que ya agarró su ritmo y sigue su camino siempre”, declaró.
En cuanto al desafío de mantener la relevancia, aseguró que la clave está en “ser fiel a lo que haces”. Desde sus inicios, se propuso no perder de vista el sentido de su música ni el mensaje que deseaba transmitir. En ese sentido, señaló que el público es difícil de engañar: “El público sabe cuando estás tocando rock de a de veras, estás tocando blues, estás siendo sincero (…) El rock habla, es rebelde, habla de denuncia, habla de situaciones humanas, de soledad, de todas las cosas humanas que pasan. No es color de rosa, no, no son cancioncitas de amor”.
La vigencia, según el músico, depende de no dejar de soñar y de seguir apostando por proyectos propios, renovándose sin traicionar la esencia de la banda: “Básicamente es no dejar de soñar, no dejar de hacer proyectos”.
Fuente: Infobae