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Alejandro Roemmers: “Ser empresario me cerró puertas como escritor”

Alejandro Roemmers reflexiona sobre su vida desde un amplio sillón en su hogar, con vista a un jardín cuidado, una barranca y una piscina. “Cuando te acostumbran a vivir bien, te ponen en una jaula de oro”, expresa.

El empresario farmacéutico, heredero de uno de los laboratorios más grandes de Argentina con presencia en 15 países de América Latina, lleva décadas escribiendo. Aunque su faceta más conocida es la de poeta, en 2008 publicó El regreso del joven príncipe, una novela que se convirtió en un éxito de ventas. La obra narra la historia de un adolescente de la Patagonia que resulta ser una versión crecida del Principito. Luego llegaron títulos como El joven príncipe señala el camino, Morir lo necesario y El misterio del último Stradivarius, este último con prólogo de Mario Vargas Llosa, quien en 2022 lo acompañó en la presentación de Morir lo necesario en la Feria del Libro de Buenos Aires.

Roemmers y su libro de poesía: lo que más le importa.

En 2019, Roemmers adquirió a Alejandro Vaccaro —expresidente de la Fundación El Libro— una colección de objetos de Jorge Luis Borges: 30.000 piezas entre manuscritos, cartas, imágenes y documentos. Su sueño es que ese material sea la base de un Museo Borges en Argentina. “Estamos viendo con el Palais de Glace”, asegura, aunque desde el gobierno indicaron que la reparación del histórico edificio aún está en proceso de licitación.

En la última Feria del Libro, junto a Vaccaro, Roemmers presentó un libro que documenta esa colección. También leyó fragmentos de Todo lo inolvidable, una antología de sus poemas, que considera su trabajo más relevante.

Además, creó en 2018 la Cátedra Iberoamericana Alejandro Roemmers de Industrias Culturales y Creativas en la Universidad Miguel Hernández de Elche (España), enfocada en impulsar el potencial económico de las industrias culturales iberoamericanas.

Poeta, escritor, pero también dueño de un laboratorio. Roemmers reconoce que su padre lo encaminó hacia los negocios: “A mí me gustaba mucho la poesía de chico y me hubiera gustado estudiar Literatura o Filosofía. Pero bueno, la bendición o maldición de que la familia tuviera la empresa familiar”. Destaca que siempre fue el mejor promedio: “Diez absoluto en el colegio, en la universidad, en todos lados”.

“Gracias a Dios, pude superar mi bajón y mi depresión de chico por no poder estar haciendo lo que quería, que era escribir o ser periodista, y en cambio estar en la empresa”

Roemmers estudió en el colegio alemán, luego en el San Juan el Precursor de San Isidro. A los 14 años, su familia se mudó abruptamente a España por amenazas de la guerrilla. Vivió cuatro años y medio allí, luego medio año en Estados Unidos para estudiar inglés y finalmente regresó para estudiar Administración de Empresas en la UCA. “Mi padre me dijo: ‘Mirá, vos hacé lo que quieras, es un mundo libre, pero yo no te voy a mantener toda la vida’”, recuerda.

“Tuve que hacer un difícil compromiso: dije ‘estudio Administración, aprendo a ganarme la vida, voy a trabajar 20 años a full para la empresa y después me voy tomando tiempo para cosas que me atraigan más’. Fue exactamente lo que hice, a la alemana. Me retiré a los 45”, afirma.

Su gestión en la empresa fue exitosa: “La multipliqué muchas veces, la extendí a toda Latinoamérica”. Cuenta que cuando su padre pidió ideas para diversificarse, él propuso expandirse a otros países. “Si Argentina va mal, todo lo que hagamos en Argentina va a andar mal. ¿Por qué no hacemos lo que ya sabemos hacer pero en otros países? Por suerte elegimos eso. Salió muy bien”, relata.

A pesar de los negocios, la escritura lo acompañó siempre, especialmente la poesía. “La única excepción fue El regreso del joven príncipe, que escribí a mediados del 99 y que era algo que estaba ahí, estaba dentro de mí”, confiesa. Sus amigos le decían: “Tenés que escribir un libro que diga cómo puede ser que vos, que sos un empresario exitoso, sos tan diferente a cualquier empresario”.

Mario Vargas Llosa presentó

-¿Ser empresario lo perjudicó como escritor?

“Me perjudicó como escritor totalmente, porque el mundo literario es como una cofradía. Está esa cosa de ‘Es empresario’. Y te liquidan. Porque además hay mucha bohemia, se piensa que el empresario no puede tener sensibilidad, que toda la sensibilidad es nada más que de la izquierda, o de los pobres. Cuando realmente no es así, porque hay gente de todos los niveles que es sensible”, responde.

Ejemplo de ello es el premio San Francisco de Asís que recibió. “Los franciscanos son la orden más sencilla, humilde y de izquierda que uno puede imaginar. Cuando me avisaron del premio, le escribí al superior: ‘¿Usted lo pensó? Porque a mí me gusta vivir muy bien, tengo una vida de lujo’”. La respuesta fue: “Mire, estudiamos su obra, sus charlas, todo lo que usted hizo en la vida. Usted es más franciscano que cualquiera de nosotros”.

Sobre su vocación poética, recuerda que a los 14 años escribió un poema que decía: “Amar a manos llenas, a cántaros, a todos, a cada uno y a cualquiera, como la lluvia generosa y ciega que cae sobre los techos y los campos”. El superior franciscano le dijo: “A esa edad, uno quiere a su mamá o a su papá, algún amigo… pero nadie está pensando en amar a todos, a cada uno y a cualquiera. Es una vocación de amor universal”.

Roemmers mantuvo correspondencia con el papa Francisco. “Tengo muchas cartas con Bergoglio. Yo le mandaba poemas, mis libros. Hicimos muchas cosas en distintos lugares del mundo. Más de la mitad de mi tiempo y de mi dinero lo doy para un montón de causas”, asegura.

Sobre su vínculo con Borges, cuenta: “Vi a Borges una sola vez en mi vida. Yo tenía catorce años y con un amigo lo fuimos a ver a su casa. Yo le leía mis poemas y él decía: ‘Ah, esto me recuerda a no sé qué’, y empezaba a recitar en inglés. Yo hablaba un poquito de inglés, pero para entender lo que recitaba, no”. Sin embargo, el destino lo unió al escritor: “Termino siendo ahora dueño de la principal colección de él que hay en el mundo y completándola. Y soy el que está batallando porque le hagamos un museo a Borges en la Argentina. Llevo tres gobiernos intentando”.

El proyecto del museo busca ser “abierto a colegios, a jóvenes, con algo interactivo, entretenido, que se pueda interactuar con Borges”, y una posible sede es el Palais de Glace: “No le falta tanto para arreglarlo. Por ahí con una ayudita que yo pueda dar…”, dice con optimismo.

Fuente: Infobae

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