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Berlín regresa a Sevilla: robos, pasiones y un cuadro de Da Vinci en Netflix

Se dice que Sevilla posee un brillo único, como lo atestiguan David Lean y George Lucas, quienes eligieron esta ciudad para filmar cintas tan emblemáticas como Lawrence de Arabia y Star Wars: La amenaza fantasma. Sin embargo, en los últimos años la capital hispalense había quedado un tanto relegada, necesitando una gran historia que le devolviera su antiguo esplendor, ese que parecía haberse trasladado cada vez más hacia Madrid y Barcelona. Con el estreno de la nueva temporada de una de las series más exitosas de Netflix, eso ha cambiado radicalmente.

Berlín y la dama del armiño es la continuación directa de la primera temporada de Berlín, que llegó a Netflix dispuesta a capitalizar el éxito de La casa de papel y se encontró con una audiencia totalmente entregada. Tras la renovación para una segunda temporada, surgió la duda de si Berlín y su banda podrían abrirse camino propio, lejos del recuerdo de El Profesor, Tokio, Río y compañía. La respuesta es que sí, aunque no de manera absoluta. Hasta Sevilla está dividida por el fútbol, así que una serie no iba a ser la excepción.

La trama de Berlín y la dama del armiño comienza con Berlín (Pedro Alonso) y Damián (Tristán Ulloa) disfrutando aún del éxito de su último golpe, pero con la sensación de que un nuevo gran robo está a punto de aparecer. Este se presenta en forma de una obra de arte: La dama del armiño de Leonardo Da Vinci, que está a punto de ser trasladada a Sevilla para una gran exposición y se convierte en el objeto de deseo de Álvaro Hermoso de Medina (José Luis García-Pérez), un poderoso empresario y filántropo local que le encarga a Berlín el hurto para añadir la pintura renacentista a su exclusiva colección. Dicha colección despierta el interés del ladrón, llevándolo a diseñar un plan maestro: el robo del robo. Mientras preparan el golpe del cuadro, también urden un complot para apoderarse de la colección completa de su propio benefactor. Pero nada resultará tan sencillo como parece, especialmente por las fricciones que surgen dentro de la banda.

El amor nos separará como banda

Como los seguidores ya pueden imaginar, la gran dificultad para Berlín no radica en preparar el robo. El verdadero desafío es hacerlo con una banda que se fragmenta poco a poco. Todos regresan, sí, pero no de la misma manera. La felicidad de los recién casados Keila (Michelle Jenner) y Bruce (Joel Sánchez) comienza a desvanecerse con la primera amenaza de infidelidad, mientras que la pareja formada por Cameron (Begoña Vargas) y Roi (Julio Peña) está directamente rota. La serie aprovecha a los primeros para abordar el tema de las relaciones abiertas, pero desaprovecha el talento de la otra y tira, literalmente, por la borda la química que habían construido en la primera temporada.

Por otro lado, Berlín y la dama del armiño compensa esto con un reparto invitado repleto de grandes estrellas, desde el propio José Luis García-Pérez al más puro estilo villano de James Bond, hasta una ambigua Marta Nieto como una femme fatale, o Luis Callejo como un temible secuaz. Sin embargo, quien brilla con luz propia es Inma Cuesta en el papel de Candela, el interés amoroso de Berlín en esta temporada y la única capaz de sostenerle la mirada y el pulso a un Pedro Alonso que, siempre que aparece, inunda la pantalla con su presencia y sus quizá algo recargados soliloquios. La presencia de la actriz valenciana de nacimiento y andaluza de formación ayuda a traer a la tierra ese aire grandilocuente que siempre rodea al personaje, haciéndolo más humano en esta aventura, si es que eso es posible.

Inma Cuesta es una de las estrellas invitadas en 'Berlín y la dama del armiño'

Berlín: ¿un adiós o solo un hasta pronto?

Con tanto lío amoroso, es normal que la serie pierda algo de combustible en sus episodios centrales, después de un interesante inicio —la parte más thriller con la infiltración en la hacienda del villano— y antes de un final al puro estilo Ocean’s. No obstante, no merece la pena insistir en algo que ya sucedía en La casa de papel, como es el culebrón de personajes. El juego de flashbacks ayuda a ir encajando piezas, aunque lastre el ritmo de una serie que tampoco parece tener demasiada prisa por contarlo todo, quizá por esa parsimonia tan característica de la ciudad que retrata con tanto mimo.

Es una carta de amor a Sevilla, pero también al propio Berlín, en lo que bien podría ser su broche final después de un largo camino que arrancó sin muchas esperanzas en La casa de papel y que lo ha terminado convirtiendo en uno de los símbolos de Netflix España y casi de toda la marca a nivel mundial. Sea este o no su final, tal y como todo apunta, el camino del personaje ha dejado más de un robo para el recuerdo, y sin duda una hilera de corazones rotos.

Fuente: Infobae

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