La edificación de un nuevo oleoducto que conecte las zonas occidental y oriental de Emiratos Árabes Unidos se perfila como una maniobra estratégica ante el cierre del estrecho de Ormuz, una ruta marítima vital para el comercio global de crudo. Este proyecto busca garantizar la continuidad operativa de las exportaciones energéticas y disminuir la dependencia de un paso que atraviesa una de las regiones geopolíticas más volátiles del mundo.
De acuerdo con la agencia estatal emiratí WAM, el nuevo conducto enlazará diversas regiones del país hasta alcanzar Fuyairah, en el golfo de Omán, lo que permitirá aumentar la capacidad de exportación sin requerir el tránsito por el estrecho controlado por Irán.
La obra, actualmente en ejecución, tiene prevista su entrada en operaciones para 2027 y se inscribe en una iniciativa más amplia para robustecer la infraestructura energética, la seguridad logística y la capacidad de respuesta del país ante eventuales crisis.
El anuncio se realizó tras una reunión del Comité Ejecutivo del Consejo de Administración de la petrolera estatal emiratí, donde se examinó el progreso de varias obras relacionadas con el suministro energético y la ampliación de la red exportadora. Las autoridades subrayaron la urgencia de agilizar el desarrollo del oleoducto para satisfacer la creciente demanda mundial y asegurar la continuidad de los envíos internacionales, el abastecimiento energético y las operaciones de exportación de crudo.
Un paso vital para el comercio mundial
El estrecho de Ormuz se ha convertido en un punto crítico para la logística global desde el inicio de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán a finales de febrero. La escalada militar ha provocado el cierre de facto de este corredor marítimo estratégico, afectando directamente el tránsito de buques petroleros, el comercio energético y las embarcaciones dedicadas al transporte internacional.
Por esta vía circula aproximadamente el 20% del petróleo mundial, además de una porción significativa del comercio global de gas natural y productos petroquímicos. La interrupción del tráfico está impactando no solo en los precios internacionales de la energía, sino también en la planificación de las cadenas de suministro, las rutas marítimas y los costos logísticos del transporte de hidrocarburos.
En este contexto, Emiratos ha intensificado sus gestiones para reabrir el paso y ha alertado sobre las consecuencias de una interrupción prolongada. Las autoridades emiratíes calificaron la reapertura del estrecho como una “necesidad colectiva” para preservar la estabilidad económica, evitar mayores trastornos en el comercio marítimo y sostener la actividad de los mercados internacionales.
La coyuntura también ha obligado a las compañías energéticas y operadores marítimos a rediseñar sus operaciones. Algunas rutas se están extendiendo hacia corredores alternativos, mientras se incrementan los costos de seguros marítimos, tiempos de tránsito y disponibilidad de buques. El conflicto ha evidenciado la vulnerabilidad de ciertos nodos estratégicos en la red logística energética global.

Infraestructura energética y resiliencia logística
La ampliación del nuevo oleoducto se presenta como parte de una estrategia de largo plazo para reducir la dependencia de pasos marítimos críticos y fortalecer la resiliencia operativa del país. El desarrollo de infraestructura terrestre para el transporte de hidrocarburos cobra cada vez más relevancia en un escenario donde los conflictos geopolíticos están alterando flujos comerciales, operaciones logísticas y cadenas internacionales de abastecimiento.
La terminal de Fuyairah, hacia donde se dirigirá gran parte de la nueva capacidad exportadora, ya desempeña un papel estratégico en el mapa energético regional. Su ubicación en el golfo de Omán le permite operar fuera del estrecho de Ormuz, ofreciendo una alternativa logística clave para mantener el abastecimiento regional, la continuidad operativa y los envíos hacia mercados asiáticos y otros destinos internacionales.
El impacto de la guerra también se ha reflejado en la producción petrolera regional. Según datos difundidos, la producción de la OPEP cayó cerca de un 34% desde el inicio del conflicto, mientras que Emiratos registró una baja superior al 40% en sus niveles de bombeo respecto al período previo a la guerra. En paralelo, Abu Dabi anunció su salida de la organización petrolera, argumentando las fuertes perturbaciones operativas generadas en el golfo Pérsico, el mercado energético y las rutas marítimas regionales.
Más allá del escenario actual, la construcción de nuevas vías energéticas alternativas refleja cómo la infraestructura logística, la seguridad energética y la capacidad de adaptación operativa se están consolidando como factores estratégicos en el comercio global. La necesidad de garantizar abastecimiento, continuidad y menor exposición a conflictos regionales está acelerando inversiones en corredores terrestres, terminales portuarias y sistemas de transporte vinculados a la energía.
Fuente: Infobae