La forma en que nos alimentamos ha dado un giro drástico en comparación con las costumbres de nuestros antepasados, y esa transformación repercute directamente en la salud, el bienestar y las dinámicas sociales. El reconocido nutricionista y divulgador Pablo Ojeda señala que cada vez más personas optan por recuperar patrones alimenticios de antaño, eligiendo productos frescos, de estación y elaborados en casa, al estilo de lo que hacían los abuelos.
Esta corriente está respaldada por diversos estudios internacionales que destacan los beneficios de una dieta fundamentada en ingredientes naturales frente a la avalancha de comidas ultraprocesadas y rápidas.
Según reportes de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), el consumo de alimentos ultraprocesados ha crecido en España en las últimas dos décadas, sobre todo entre la población infantil y juvenil, lo que ha disparado los casos de enfermedades metabólicas, obesidad y afecciones cardiovasculares.
Por su lado, la Organización Mundial de la Salud (OMS) insiste en la necesidad de reducir el consumo de azúcares añadidos, grasas trans y productos industrializados para disminuir la incidencia de diabetes tipo 2, hipertensión y ciertos tipos de cáncer.
El estudio Global Burden of Disease Study, divulgado en la prestigiosa revista The Lancet, identifica una alimentación pobre en frutas, verduras y granos enteros como uno de los principales factores de riesgo de mortalidad y deterioro de la calidad de vida a escala global.
¿Por qué volver a la dieta de los abuelos?

Adoptar los hábitos alimentarios de generaciones anteriores significa dar prioridad a productos frescos, locales y de estación, además de reducir la presencia de alimentos procesados, azucarados y comidas rápidas en la mesa.
De acuerdo con la AESAN, la dieta mediterránea tradicional, basada en un alto consumo de verduras, legumbres, pescado, aceite de oliva y frutos secos, se vincula con una menor prevalencia de enfermedades crónicas, una mayor esperanza de vida y una mejor salud del corazón.
Pablo Ojeda destaca que “comer como nuestros abuelos” no solo trae ventajas físicas, sino que también fortalece los vínculos familiares, fomenta el disfrute social alrededor de la mesa y promueve una conexión más consciente con los alimentos.
La OMS recalca que impulsar la cocina casera y la educación nutricional desde la infancia contribuye a formar hábitos saludables duraderos y resulta esencial para prevenir el sobrepeso infantil, un problema en aumento en España y otras naciones europeas.
Asimismo, los hallazgos del Global Burden of Disease Study indican que el consumo habitual de alimentos mínimamente procesados, acompañado de actividad física moderada y constante, ayuda a prevenir enfermedades cardiovasculares, obesidad y ciertos tipos de cáncer.
Este regreso a la alimentación tradicional también implica valorar el origen de los comestibles, respaldar a los productores locales y disminuir el impacto ecológico derivado del transporte y la industrialización.
Obstáculos y caminos a seguir

Aunque la ciencia respalda este enfoque, retomar la dieta de los abuelos enfrenta dificultades en la vida actual, como la escasez de tiempo para cocinar, el acceso limitado a productos frescos en zonas urbanas y rurales, y el dominio de la oferta de comidas rápidas y ultraprocesadas en supermercados y restaurantes.
Especialistas en salud pública y nutrición, entre ellos los de la AESAN y la OMS, sugieren reforzar las políticas que faciliten el acceso a mercados locales, un etiquetado claro de los alimentos, la restricción de la publicidad de productos ultraprocesados dirigida a niños y jóvenes, y la incorporación de educación alimentaria en las escuelas y los medios de comunicación.
La trayectoria de los países mediterráneos y ciertos modelos comunitarios europeos demuestra que rescatar recetas tradicionales, el consumo consciente y la participación en mercados de proximidad pueden ser herramientas efectivas para revertir tendencias negativas en la salud colectiva.
Adoptar los principios de la alimentación de nuestros abuelos no significa descartar la innovación culinaria, sino más bien combinar tradición y saber científico para edificar un sistema alimentario sostenible, saludable y ajustado a la realidad actual.
Proyectos como huertos urbanos, talleres de cocina tradicional y campañas de divulgación sobre nutrición son estrategias que facilitan este cambio cultural y promueven una relación más equilibrada con la comida.
Fuente: Infobae