En 1933, el renombrado escritor alemán Thomas Mann dejó su tierra natal cuando Adolf Hitler ascendió al poder. Ahora, la cinta Fatherland, exhibida este jueves en el Festival de Cannes, recrea su retorno del exilio dieciséis años después. La historia lo sitúa en una Alemania fracturada entre Este y Oeste, donde se le exige definir una postura política.
Optando por la Palma de Oro, el director polaco Pawel Pawlikowski (conocido por Cold War y Ida) entrega una obra en blanco y negro. En solo 1 hora y 22 minutos, logra sintetizar las tensiones de una nación en plena desnazificación, así como los conflictos internos del premio nobel de literatura, quien viaja junto a su hija Erika, interpretada por Sandra Hüller.

“Todavía hoy en Alemania hay quienes reprochan a Thomas Mann haber huido, y otros que lo consideran un gran antifascista”, comentó Hüller a una agencia de noticias durante una mesa redonda en Cannes. La actriz brilló en la edición de 2023 con Anatomía de una caída.
Mediante el regreso del ganador del Nobel de Literatura de 1929, interpretado por Hanns Zischler, Fatherland examina una sociedad alemana marcada por los silencios y las omisiones en torno al nazismo y la Segunda Guerra Mundial.
Zischler, nacido en 1947 entre los escombros de Núremberg, vivió esa realidad de primera mano. “Lo extraño es que enfrentábamos una realidad que nadie explicaba. Las ruinas que veíamos eran casi mitológicas”, relató el actor. “Claro que había habido bombardeos, pero ¿por qué? Todo lo anterior era un misterio”.

La cinta también está marcada por el trágico destino de uno de los hijos de Mann. Fatherland resuena con los debates que hoy agitan a Cannes y a la industria cinematográfica sobre el rol de los artistas en tiempos convulsos.
La película retrata a un Thomas Mann atrapado entre dos bloques ideológicos. Es acusado tanto de respaldar a Estados Unidos –país que le otorgó la ciudadanía en 1944– como de formar parte de una “quinta columna” al servicio de Stalin. “Como artista, siempre se puede elegir no traicionarse”, afirma Hüller, aunque reconoce que resulta más sencillo cuando se ocupa “una posición privilegiada”.
El realizador polaco Pawel Pawlikowski recurre una vez más al blanco y negro para narrar una historia que “no sea biográfica ni narcisista, que sea lo más universal posible y con escenas fuertes pero que no lo expliquen todo”, indicó. Su intención, al igual que en sus trabajos previos, es dejar “el espacio para reflexionar”. Y asume que “hay gente que entra en este espacio y otros no”.
La producción de Fatherland tomó solo año y medio, todo un récord para Pawlikowski. Sin embargo, el director tardó casi ocho años en presentar un nuevo largometraje, luego de que su proyecto anterior se frustrara a causa de la pandemia.

“Han pasado muchas cosas en mi vida en estos ocho años y yo busco una historia que tenga relación conmigo, no necesariamente desde el punto de vista intelectual, sino con el momento en el que yo me encuentro en la vida”, explicó. “Es una película sobre lo qué pasa en el interior de la familia Mann y en un momento único de la historia (…), pero no es una reconstrucción histórica”, precisó.
El filme muestra el viaje de Mann (interpretado por Hanns Zischler) y Erika desde su exilio en Estados Unidos hacia una Alemania que le reprocha al premio nobel de literatura su postura tibia frente al nazismo. El suicidio de su hijo Klaus sobrevuela el trayecto y evidencia la rigidez del escritor, quien ni siquiera asistió a su entierro. Esta situación obligó a una narración contenida, condensada y con una tremenda frialdad.
Mann era un hombre incapaz de expresar sus emociones, aunque sintiera el dolor por la muerte de su hijo. En ese momento, además, no sabía en qué lengua hablar ni escribir. “Las cosas pueden parecer diferentes según la lengua y la cultura de la gente que lo vea. Yo trato de hacer filmes que demuestren que la vida es complicada y que no hay una sola verdad universal”, señaló Pawlikowski.
Fuente: Infobae