Las aulas escolares mantienen una disposición que no ha cambiado significativamente en décadas, e incluso siglos. Este esquema, que ubica al docente al frente y a los alumnos en filas, se repite tanto en las escuelas del pasado como en las actuales, generando un debate sobre su efectividad en el proceso de enseñanza.
La discusión sobre la pertinencia de este modelo tradicional ha cobrado fuerza a partir de evidencias que vinculan el diseño del espacio educativo con el rendimiento académico. Agustina Selvi Paglayan, especialista en Educación, ofreció un análisis detallado basado en datos concretos y estudios internacionales durante una entrevista en el programa Infobae en Vivo A las Nueve.
“Viene del sistema prusiano del siglo XVIII, donde Prusia era un régimen autoritario, era un rey absolutista. Entonces, además, no era un sistema pensado para una sociedad democrática”, señaló la profesional. Agregó que la organización física del aula, con el maestro al frente y los alumnos en fila, “está pensada para que el maestro tenga esa autoridad y esa autoridad que representa la autoridad del Estado”.
Según Paglayan, este formato no fomenta el debate ni el pensamiento crítico, sino la memorización y la repetición: “Los niños sentados en filita. ¿Y qué es lo que tiene que hacer un chico para que le vaya bien en la escuela? Aprenderse de memoria lo que le dice el maestro. Y repetir”.
La especialista afirmó que este diseño sigue presente en América Latina y en países considerados referentes educativos, reproduciendo formas de autoridad y desigualdad. “Me parece que es importante tener presente que no es que Argentina está atrasada”, aclaró.
Impacto medible en el aprendizaje y opciones de cambio
La disposición clásica tiene consecuencias cuantificables en el desempeño estudiantil. Paglayan mencionó investigaciones internacionales: “Un artículo de la Universidad de Stanford, que siguió a 4.000 estudiantes durante un tiempo, vio que el diseño del aula determina hasta un 20% el rendimiento de esos alumnos. Es un montón. Y hablan de la luz, hablan del ruido, hablan de la ventilación, hablan de la temperatura adentro”.
Sin embargo, cambios menores pueden generar efectos notables. “No necesitas hacer una refacción total del aula, que haciendo incluso cosas como cambio de pintura, cambio de iluminación, que no sea el tubo fluorescente, ponerle plantas, cosas mínimas te generan hasta un 70% del impacto de estas megareformas estructurales”, explicó la experta.
Paglayan destacó cómo los sistemas alternativos abordan la relación entre espacio, motivación y colaboración. “Con otra filosofía tipo Waldorf, Reggio Emilia u otras, hay mucha evidencia de que esos son modelos que fueron pensados como una alternativa a este modelo tradicional. El modelo tradicional es el que abunda en todo el mundo”.
Describió la tendencia a organizar a los estudiantes en grupos y a permitir el movimiento dentro de las aulas: “La tendencia así de los grupos de educación más progresistas o de vanguardia se están moviendo más hacia el grupo y también hacia que no estés sentado, que te estés moviendo. Eso es porque el estarte sentadito era parte de enseñarte a quedarte quieto, a ser obediente”.

Enfoque interdisciplinario y motivación intrínseca
La especialista subrayó que el aprendizaje basado en proyectos y el trabajo interdisciplinario potencian la motivación y la asimilación de contenidos. “Justamente porque los dejás elegir, aprenden con mucha más motivación. Y ellos ven: si yo quiero construir casas, necesito saber matemática, necesito saber de física, necesito saber de temas de historia del arte y un montón de cosas así. Entonces vas tomando lo que le interesa y, cuando uno trabaja en un proyecto, la verdad es que los mejores proyectos son los interdisciplinarios”.
Para Paglayan, aprovechar la curiosidad facilita la enseñanza de contenidos clave: “Es simplemente el tema de que el aprendizaje es mucho mayor cuando uno tiene una motivación intrínseca para aprender. Entonces, es simplemente en ese momento aprovechás eso que le genera curiosidad”.
Advirtió también que muchas de las reformas que se discuten a nivel internacional solo se aplican a grupos específicos o en entornos piloto pequeños, mientras que la mayoría de las aulas en el mundo mantienen la disposición tradicional a gran escala.
“En este tipo de aulas la evidencia que existe sobre el impacto que tienen sobre aprendizaje es principalmente de chicos pequeños, como de jardín de infantes y preescolar, y en esos contextos funciona muy bien”, explicó. Y agregó: “Creo que no hay ningún estudio que mire esto en una escala grande y en escuelas de primaria y secundaria”.
Fuente: Infobae