*Grupo INECO es una organización dedicada a nivel mundial que se dedica a la prevención, diagnóstico y tratamiento de afecciones mentales. Mediante su Fundación INECO, se enfoca en la investigación del cerebro humano.
La sociedad contemporánea impone un ritmo de vida vertiginoso: jornadas laborales repletas, bandejas de correo atiborradas, compromisos sociales que copan los fines de semana y una conexión digital permanente. Este constante ajetreo, que parece no tener fin, pareciera sin un ciclo sin aparentemente nunca se detiene, opera a menudo como un tapón para las experiencias emocionales, los recuerdos dolorosos e, inclusive, los vacios existenciales que todos llevamos dentro.
El psiquiatra Viktor Frankl, creador de la logoterapia, identificó la llamada neurosis de domingo. Este fenómeno se manifiesta como depresión o una sensación de vacío que invade a las personas al enfrentarse, luego de la semana laboral, a la inactividad del domingo. Según Frankl, en esa pausa obligada, el ritmo vertiginoso de la rutina deja de disimular el vacío existencial, confrontando a la persona consigo misma y con una falta de propósito en la vida.

De acuerdo con las Terapias Basadas en la Evidencia (TBE), vivir una vida con propósito no equivale a cumplir metas específicas dentro de la rutina, sino que representa un proceso permanente vinculado a los valores personales. Estos principios fundamentales nos ayudan a distinguir qué es correcto e incorrecto, a definir cómo queremos comportarnos en la vida, y a identificar qué es lo que realmente nos importa.
Los valores se expresan en todos los ámbitos de la existencia: desde el trabajo y la educación, hasta las relaciones interpersonales, el crecimiento personal y los momentos de ocio o descanso y recreación.
Una manera de reconocer esos valores es hacerse estas preguntas:
- ¿Qué es lo más importante en lo más profundo de mi ser?
- ¿Cuáles son las convicciones que quiero reflejar con mi vida?
- ¿Qué tipo de cualidades deseo cultivar como persona?
- ¿Cómo quiero ser en mis relaciones (laborales, familiares, personales)?
- ¿Cómo quiero trascender?
Es clave entender que los valores no son idénticos a las metas. Los valores implican una acción continua; sin interrupción, son la dirección hacia la que avanzamos. Por otra parte, las metas representan aquello que buscamos alcanzar en el trayecto. Mientras las metas pueden lograrse y tildarse como “cumplidas”, pues son hitos tangibles, los valores permanecen “en curso”, son continuos. Un valor es como dirigirse hacia el oeste; una meta, en cambio, es como un río, una montaña o un valle que se atraviesa durante el viaje (por más que se avance, nunca se llega al máximo, nunca se llegará realmente al oeste).
Por ejemplo, querer un empleo mejor constituye una meta específica; una vez conseguido, la meta se cumbre meta está cumplida. No obstante, dar lo mejor de uno mismo en el trabajo, ofrecer un buen servicio o aportar a una sociedad más justa es, en cambio, un valor, ya que involucra una acción continua.
“Una vida regida por los valores está estrechamente relacionada con el bienestar<> (aunque ello no implica que sea fácil). La depresión puede surgir de no haber tenido una vida intrínsecamente motivadora y de perseguir metas equivocadas; de ahí la relevancia de identificar los propios valores desde el principio”, explica Trinidad Zappaterra (M.N:84685), licenciada en Psicología del Departamento de Psicoterapia Cognitiva de INECO.
Recomendaciones para vivir acorde a los valores
Un ejercicio útil consiste en anotar todo aquello que valorarías si nada pudiera detenerte en su búsqueda, si no hubiera obstáculos en el camino: ¿Qué es realmente importante?; ¿Qué te interesa y te motiva?; ¿Hacia dónde te gustaría encaminarte y esforz?; ¿Qué cualidades personales deseas expresar y plasmar?; ¿Qué habilidades anhelas desarrollar?
Si, por caso, para alguien es importante es la crianza de sus hijos, una meta consonante con ese valor sería apartar en la agenda tiempo de calidad con ellos.
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Esas metas deben representar un desafío, pero deben ser alcanzables con esfuerzo y dedicación.
Aquí se incluyen aquí pensamientos, emociones, conductas, el entorno en el que uno está inmerso, así como los hábitos propios y el estilo de vida. Preguntas detonantes. Cuando piensas en la vida que quieres y en los valores que te gustaría activar, ¿qué cosas impiden que puedas vivir esa vida? ¿Qué elementos la favorecen?
En un contexto marcado por la inmediatez, la meta final del ser humano no es únicamente cumplir con tareas, obligaciones o saborear gratificaciones de corto plazo, sino alcanzar el bienestar vinculado a una vida plena, basada en valores y en la trascendencia personal.
Fuente: Infobae