Desde las primeras líneas de Despedidas, el novelista británico Julian Barnes deja en claro que este será su último trabajo de ficción. Se trata de una profunda exploración sobre la memoria, el pasado, la persistencia del amor, la noción de final y la necesidad de aprender a despedirse.
Con 80 años cumplidos, Barnes conversó en Barcelona sobre su obra junto a sus editoras en español y catalán. El autor de El loro de Flaubert (1984) confesó que aún no sabe exactamente qué significa publicar su último título. “Yo siempre he sido periodista, además de escritor de ficción. Seguramente seguiré escribiendo ensayos, críticas, pero tengo la percepción de que cuando has dicho lo que has dicho, cuando has tocado todas tus melodías, ya está, y creo que esta es la situación”, afirmó.
Editada en castellano por Anagrama, en Despedidas el novelista indaga en los misterios y verdades de la vida sin ocultar su enfermedad, un tipo de cáncer sanguíneo que hoy es incurable.
El creador de El sentido de un final, obra profundamente marcada por la muerte de su primera esposa, la agente literaria Pat Kavanagh, en 2008, y por la que obtuvo el Premio Booker de ficción en 2011 (uno de los galardones más prestigiosos en el mundo angloparlante), incluye en el corazón de su última novela una historia dentro de la historia. En ella, dos personas que conoció en su juventud aparecen como protagonistas, a quienes prometió que jamás escribiría sobre ellas.

El novelista, considerado una de las figuras vivas más relevantes de la literatura británica, señaló que a lo largo de los años ha cubierto un espectro “muy amplio” de temas. Sin embargo, cree que ahora, cuando ha dicho todo lo que tenía que decir, “se tiene esta sensación, lo que hay que hacer es callar”. “Dejarlo aquí es lo correcto”, indicó. Con su característico humor británico, bromeó diciendo que aún le quedan viajes por hacer y presentaciones, y que si por casualidad terminara firmando otro volumen, este debería llamarse Perdónenme, pero solo era una broma.
El adiós de Julian Barnes
Con un final que no deja a nadie indiferente y que incluso provoca lágrimas, incluyendo la frase “No, no dejes de mirar”, Barnes comentó que la última página de su novela más “conversacional” es la más significativa, la que más veces ha reescrito y corregido. “Fue imaginar una escena en la que estoy con uno de mis lectores, con alguien a quien le gustan mis libros y estoy diciendo adiós, me estoy despidiendo y fui ajustando, ajustando”, explicó.
Consultado sobre si la literatura puede funcionar como consuelo ante la muerte, el escritor respondió que nunca ha escrito para sentirse “mejor” o para “escapar de un problema o buscar consuelo”. Su objetivo, dijo, es decirle a quien lo lee: “Así es como lo veo, esta es mi opinión; pueden estar de acuerdo o discrepar”.

La memoria como acto de imaginación
Respecto a la memoria, un tema central en su novela, Barnes reveló que su forma de pensar sobre ella ha cambiado con los años. De joven la consideraba algo “sólido, invariable”, pero con el tiempo se ha dado cuenta de que su hermano filósofo tenía razón al definirla como “un acto de imaginación, más que de recuperación”.
En su opinión, los recuerdos “a menudo no son lo que pensamos que son y, de forma inevitable, nuestros preferidos son los menos fiables, porque así los vamos contando, vamos cambiando el relato”. Asimismo, considera que la memoria posee aspectos “peculiares, extraños”, ya que un hecho vivido por una persona puede ser trasplantado a otra, hasta el punto de que quien no lo experimentó lo narre como si hubiera sido suyo.
Fuente: Infobae