El mundo del café vive un auge imparable. Cafeterías de especialidad en cada esquina, cursos para baristas aficionados y menús degustación centrados en esta infusión de grano tostado han conquistado paladares. Era inevitable que la coctelería se sumara a la tendencia. Los cócteles con café son hoy una de las grandes modas en el universo de los destilados, aunque no es nada nuevo: el carajillo o el cremat ya demostraban esta alianza.
Esta historia de amor entre el café y el alcohol encuentra su expresión más viral en el espresso martini. Un placer de sobremesa que triunfa en países anglosajones y cada vez más en nuestras tardes. Su nombre engaña, pues no es un martini verdadero al carecer de ginebra y vermut. Conocemos a fondo su historia y preparación de la mano de Frank Lola, bartender y cofundador de Lovo Bar (Calle de Echegaray, 20).
El espresso martini, según Frank, es creación del barman británico Dick Bradsell, quien lo ideó en su bar de Londres, Soho Brasserie, a finales de los noventa. “Se empezó a beber para resolver esa necesidad de que la cafeína te haga el kick, te despierte un poquito”. Su fama creció rápidamente hasta convertirse en uno de los grandes clásicos de la coctelería internacional.

En el mundo del café, es probablemente uno de los cócteles más replicados y también uno de los más sencillos de preparar en casa. Frank Lola lo incluye en su nueva carta de tardeo, dedicada al café y a otros combinados como el Irish Coffee. La idea, explica el coctelero, nace del auge “del amor por el café y los specialty coffees, algo que sigue creciendo imparable”. En Lovo Bar se suman con lo que mejor saben hacer: cócteles. Frank nos cuenta los secretos de su espresso martini, el gran rey de la sobremesa coctelera.
El café
Por supuesto, todo buen espresso martini comienza con un buen café. “Cuanto mejor sea tu café, mejor empieza el cóctel”. Este puede ser, explica Frank, de la variedad, sabor e intensidad que más nos guste. “Vosotros mismos podéis regular si lo queréis más fuerte o más suave, incluso descafeinado”, añade. En cuanto a la cantidad, el consenso es de unos 50 mililitros; “sería lo que llamamos aquí un double shot”. El método varía según la cafetera: desde la típica cafetera italiana hasta una máquina espresso o automática, pasando por el goteo o la infusión.
El licor y el azúcar
El amargor del café se compensa con un toque de licor y otro de azúcar, que convierten la bebida en una bomba de sabor dulce perfecta para la sobremesa. “El licor de café realza otros matices del café y le añade un puntito de azúcar y un poquito de alcohol. Tienes una parte amarga, una parte aromática, dulce, que te va a envolver y te va a dar esa parte redonda”, explica Frank.
El azúcar es un ingrediente con el que podemos jugar. “Si sustituimos el azúcar y lo cambiamos por un sirope de agave, los matices ya son diferentes, un poco más melosos”, detalla el coctelero. También podemos sustituirlo por azúcar de avellana, de nueces o almendras, de vainilla… “Son variantes muy divertidas”, concluye.
El alcohol
Lo que convierte esta combinación en un cóctel es el destilado, elemento clave donde muchos dudan al preparar su espresso martini. “Dentro de los alcoholes, suele funcionar muy bien uno neutro como el vodka”, la opción más común en bares y coctelerías, según el bartender. Pero si el vodka no es lo tuyo, hay alternativas. “Puedes optar por un alcohol que haya pasado por barrica, puedes jugar con grandes brandis españoles, puedes trabajar incluso con algún Pedro Ximénez o algún vino de Jerez o con rones o whiskeys”.
Cada uno aporta un matiz diferente. No existe una respuesta correcta; lo fundamental, dice Frank, es “hacerlo a tu gusto”. “Si a ti lo que te gusta beber normalmente es ron, no le eches vodka, échale ron. Te da ese punto que te va a gustar más a ti”. La única línea roja es la ginebra, porque “tiene una carga botánica importante, coge mucha fuerza dentro del propio cóctel y no le gusta a todo el mundo”.
Fuente: Infobae