La célebre expresión “yo y mis compañeros tenemos una enfermedad del corazón que solo el oro puede curar”, atribuida a Hernán Cortés, se ha convertido en un símbolo de la ambición que marcó la conquista de México. Sin embargo, los historiadores aclaran que esta frase no fue pronunciada literalmente por el conquistador extremeño, sino que es una construcción literaria escrita por el cronista Francisco López de Gómara en 1552. El texto original de Gómara dice: “Tenemos yo y mis compañeros mal de corazón, enfermedad que sana con ello el oro”, y fue redactado casi tres décadas después de los hechos, sin que ningún testigo presencial la registrara.
La controversia revive en la actualidad por el viaje de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, quien en mayo de 2026 participó en un homenaje a Cortés en la Ciudad de México. El acto, titulado “Celebración por la Evangelización y el Mestizaje en México”, fue organizado junto al músico Nacho Cano y la alcaldesa de Cuauhtémoc, Alessandra Rojo de la Vega. La presidenta mexicana Claudia Sheinbaum respondió de manera contundente: “Todavía hay personas que creen que Hernán Cortés fue lo mejor que les pudo pasar a los territorios; un asesino”, declaró el 10 de mayo en Cajeme, Sonora. Este cruce de posturas volvió a colocar en el centro del debate bilateral la figura del conquistador y lo que realmente dijo.

El origen literario de una frase que no fue dicha
La fuente de la expresión se halla en el capítulo XXVI de La conquista de México, obra que López de Gómara publicó en Zaragoza en 1552. Allí narra que Cortés, al preguntar al emisario de Moctezuma, Teudilli, si el gobernante mexica poseía oro, recibió respuesta afirmativa y replicó: “Envíeme de ello, que tenemos yo y mis compañeros mal de corazón, enfermedad que sana con ello.” El investigador David Sánchez Sánchez, de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP), estudió esta cita en su artículo “Hernán Cortés y la enfermedad del oro”, publicado en 2019 en la Revista Digital A&H. Sánchez concluye que la versión popular actual es una adecuación moderna del texto de Gómara, sin ser una cita textual.
Un detalle clave: López de Gómara nunca pisó América. Conoció a Cortés hacia 1540, cuando el conquistador estaba en sus últimos años, y fue su capellán hasta la muerte de este en 1547. Su relato se basó en conversaciones privadas y en la lectura de otras crónicas, como las del soldado Andrés de Tapia y la de fray Toribio de Benavente (Motolinía). Al año siguiente de su publicación, el Consejo de Indias intervino la obra de Gómara por críticas a decisiones del rey Carlos V.
Los cronistas que sí estuvieron presentes en el encuentro no mencionan la frase. Bernal Díaz del Castillo, en su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, narra el intercambio de objetos —una rueda de oro del tamaño de una carreta, una rueda de plata y un casco lleno de granos de oro valuado en tres mil pesos— pero sin aludir a ninguna “enfermedad del corazón”. Andrés de Tapia, en su Relación sobre la conquista de México (1540), tampoco la consigna.

El “mal de corazón” en la medicina del siglo XVI
La expresión no era una metáfora vacía. Entre los siglos XVI y XVII, el “mal de corazón” designaba una dolencia prolongada, de origen desconocido, asociada al cansancio extremo o al gran esfuerzo físico, localizada en el músculo cardíaco. El oro tenía un lugar en la medicina de la época: el protomédico Luis Mercado lo incluía entre los tres remedios contra la peste —“oro, fuego y castigo”—, y médicos como Bernardino de Laredo o Marsilio Ficino lo incorporaban en preparados como cordial y reconfortante del corazón. Desde la antigua China, hacia el año 2500 a.C., el metal ya se asociaba a la longevidad por su resistencia a la oxidación. La frase de Cortés, tal como la reconstruyó Gómara, operaba en ese doble registro: el oro como remedio físico y como satisfacción de la codicia.
Motolinía fue el primero en articular la crítica moral más descarnada. En su Historia de los indios de la Nueva España escribió que “con el oro cobraron mil enfermedades” y atribuyó a la codicia la causa de todos los males de la conquista: “Si alguno preguntase que ha sido la causa de tantos males, yo diría que la codicia.” El fraile señaló que de mil hombres castellanos que llegaron a la Nueva España, apenas uno regresó a España, y que sus bienes no llegarían al tercer heredero.

Cortés: ambición de riqueza, fama y fervor religioso
La historiografía actual rechaza la imagen unidimensional del conquistador como un hombre movido solo por el oro. Hernán Cortés de Monroy y Pizarro Altamirano nació en Medellín, Extremadura, en 1485, estudió en la Universidad de Salamanca y llegó a las Indias en 1504. Según el portal Noticonquista de la UNAM, la expedición que lo llevó a México-Tenochtitlan partió de Cuba en 1519 con 11 barcos y alrededor de 600 hombres. Fue nombrado gobernador y capitán general de Nueva España en 1522, y en 1529 recibió el título de marqués del Valle de Oaxaca. Murió en Castilleja de la Cuesta, Sevilla, el 12 de marzo de 1547.
¿Cuánto oro obtuvo realmente Cortés?
El investigador Juan Louvier, de la UPAEP, señala que “cada español, uno por uno, tuvo motivaciones materiales, psicológicas o religiosas en proporción diferente.” Cortés combinaba ambición de riqueza, voluntad de ampliar el reino castellano, búsqueda de fama y fervor religioso. Desde la llegada a Cozumel hasta la toma de México-Tenochtitlan en 1521, obtuvo no más de 1,500 kilos de oro, según el historiador Calderón. La producción posterior fue principalmente de plata, no de oro.
Los informantes indígenas de fray Bernardino de Sahagún describieron la reacción de los españoles ante los primeros regalos de oro mexica con una imagen que atravesó los siglos: “Se les puso risueña la cara, se alegraron mucho, estaban deleitándose. Como si fueran monos levantaban el oro, como que se sentaban en ademán de gusto, como se les renovaba y se les iluminaba el corazón.” El historiador Miguel León Portilla recogió ese testimonio en La visión de los vencidos, publicado por la UNAM en 2004.

El homenaje de Ayuso y la respuesta de Sheinbaum
El 5 de mayo de 2026, Isabel Díaz Ayuso participó en el evento “Celebración por la Evangelización y el Mestizaje en México: Malinche y Cortés” en el Frontón México, sede del musical Malinche de Nacho Cano. El acto estaba previsto originalmente en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, a menos de un kilómetro de la Iglesia de Jesús Nazareno, donde se conservan los restos de Cortés. La Arquidiócesis Primada canceló el evento en la Catedral con menos de una hora de anticipación, al señalar que la producción de Cano “no reunió la totalidad de permisos necesarios para la grabación en el recinto.” El acto se trasladó al Frontón México.
Grupos indígenas se manifestaron en las inmediaciones de la Catedral y exigieron a Díaz Ayuso que pidiera perdón a los pueblos originarios por los “crímenes de lesa humanidad” cometidos durante la conquista. Desde el Frontón, la presidenta madrileña afirmó: “Ojalá algún día haya muchos más eventos como este, que nunca tengan que ser cambiados de sitio, que nunca la libertad pida perdón por ser libertad.” Defendió “cinco siglos de mestizaje” marcados por “la esperanza, la alegría y las alianzas”, y rechazó los “discursos del odio que dividen.”
Sheinbaum respondió ese mismo día desde Puebla: “A quienes reviven la conquista como salvación les decimos: están destinados a la derrota. Quienes buscan reivindicar a Hernán Cortés y sus atrocidades están destinados a la derrota.” El 7 de mayo profundizó la crítica: “Imagínense la ignorancia de venir a hacer un homenaje a Hernán Cortés”, señaló, y añadió que la figura del conquistador fue censurada en la propia España, “donde no lo querían”, por los actos de violencia cometidos contra los pueblos indígenas. El 10 de mayo, en Cajeme, Sonora, reiteró su postura: “Nosotros luchamos contra el racismo. Nuestro reconocimiento siempre será para los pueblos originarios porque somos legados de grandeza.”

Una frase que condensa cinco siglos de disputa
La expresión del “mal de corazón” que Gómara atribuyó a Cortés en 1552 —y que el imaginario popular transformó en la cita que circula hoy— condensa una tensión que no ha encontrado resolución: la del significado de la conquista para las identidades de México y España. Para los pueblos originarios y el gobierno mexicano, Cortés representa el inicio del despojo y la violencia colonial. Para Díaz Ayuso y sus aliados en el PAN, la conquista es el origen del mestizaje y de una herencia cultural compartida.
La frase, sea o no auténtica, sigue funcionando como un espejo. Lo que cada quien ve en ella —la codicia de un conquistador, la ambición universal del ser humano, o el fundamento de una civilización a base de sangre y guerra— revela menos sobre Hernán Cortés que sobre quien la cita o continúa apoyando a los conquistadores españoles.
Fuente: Infobae