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Piel de pollo blanca vs amarilla: mitos y verdades

Una creencia muy extendida en los hogares ecuatorianos sostiene que el color de la piel del pollo está ligado a su calidad o a sus propiedades nutricionales. Sin embargo, esta idea carece de respaldo científico. De acuerdo con la Federación Avícola Catalana y diversas entidades oficiales, la diferencia entre el pollo amarillo y el pollo blanco se explica únicamente por la alimentación de las aves. Este factor no altera su composición nutricional, ni representa ventajas o desventajas para la salud. Ambos tipos de pollo cumplen con los mismos estándares sanitarios y ofrecen beneficios equivalentes dentro de una alimentación equilibrada.

El tono de la piel responde exclusivamente a la presencia o ausencia de pigmentos en la dieta del animal, y no guarda relación con métodos de crianza, rusticidad o procesos tradicionales, según señalan fuentes del sector avícola y especialistas en nutrición.

¿Qué origina la diferencia de color en la piel del pollo?

La diferencia fundamental entre el pollo con piel amarilla y el de piel blanca radica en los pigmentos que el ave consume. El color amarillo aparece cuando el pienso contiene carotenoides, pigmentos naturales presentes en el maíz y otros vegetales. Estos compuestos se absorben y se depositan en la piel y la grasa del pollo, generando una coloración más o menos intensa, tal como lo explica la Federación Avícola Catalana.

Por el contrario, cuando la dieta del animal carece de carotenoides o de pigmentos autorizados, la piel permanece blanca o ligeramente rosada. Ni el sistema de cría ni las condiciones de bienestar animal influyen en este rasgo. Tanto la Unión Europea como el Código Alimentario Argentino regulan el uso de estos aditivos, los cuales deben estar aprobados y someterse a estrictos controles de seguridad e inocuidad. Así, ambos tipos de pollo llegan al consumidor bajo las mismas exigencias sanitarias y controles equivalentes.

El color amarillo en la piel del pollo se debe a los carotenoides presentes en la dieta, especialmente provenientes del maíz (Imagen Ilustrativa Infobae)

La Federación Avícola Catalana aclara que la producción de pollos de ambos colores responde únicamente a preferencias del mercado y costumbres regionales, sin que existan diferencias en la calidad ni en los controles aplicados.

¿Cuál es más saludable para el organismo?

Desde el punto de vista nutricional, no existe una diferencia significativa entre el pollo amarillo y el blanco. Ambos aportan proteínas de alto valor biológico, vitaminas del grupo B (como la niacina y la B6), minerales esenciales como fósforo y zinc, y bajo contenido de grasa cuando se consume sin piel, según la Fundación Española de la Nutrición y la Academia Española de Nutrición y Dietética.

Una porción estándar de 100 gramos de carne de pollo cocida y sin piel contiene aproximadamente 22 gramos de proteínas y menos de 3 gramos de grasa, de acuerdo con datos de la Fundación Española de la Nutrición y el Ministerio de Salud de Argentina. El color de la piel no modifica estos valores.

El consumo de pollo, ya sea con piel amarilla o blanca, aporta proteínas, vitaminas B y minerales esenciales sin diferencias por el color (Imagen Ilustrativa Infobae)

Especialistas del Hospital Clínic de Barcelona y la Mayo Clinic recomiendan priorizar la frescura al escoger pollo: el producto debe tener olor neutro, color uniforme y textura firme. No se aconseja elegir el pollo por el color de la piel, ya que este no influye en la calidad nutricional ni en los beneficios para la salud.

Por lo tanto, el pollo, sea amarillo o blanco, constituye una fuente de proteínas magras adecuada para todas las edades y puede formar parte de una dieta equilibrada, siempre que se consuma fresco y adecuadamente manipulado.

¿Conviene comer la piel del pollo?

La piel del pollo aporta sabor y jugosidad, pero contiene principalmente grasa, en su mayoría saturada. Consumir la piel de forma ocasional no representa un riesgo para personas sanas, pero su ingesta habitual puede incrementar el aporte calórico y de grasas saturadas, lo que no es recomendable para quienes presentan riesgo cardiovascular, colesterol elevado o sobrepeso.

La Fundación Española del Corazón y la Mayo Clinic aconsejan retirar la piel antes de cocinar o consumir el pollo para reducir la ingesta de grasas y calorías. Por ejemplo, 100 gramos de muslo de pollo asado con piel aportan cerca de 200 kilocalorías y 8 gramos de grasa, mientras que sin piel el aporte calórico y lipídico se reduce casi a la mitad.

Especialistas aconsejan retirar la piel del pollo para disminuir la ingesta de grasas saturadas y reducir el aporte calórico

No obstante, la piel contiene pequeñas cantidades de vitaminas liposolubles y puede ser consumida de manera ocasional en una alimentación variada. La clave, según la Academia Española de Nutrición y Dietética, es la moderación y la elección de métodos de cocción saludables, como el horneado, hervido o a la plancha.

El consumo de pollo, independientemente del color de su piel, es seguro y saludable si se elige un producto fresco y se mantiene una manipulación higiénica. La decisión de consumir la piel debe basarse en las necesidades individuales y en las recomendaciones médicas, priorizando siempre una dieta equilibrada y baja en grasas saturadas.

Fuente: Infobae

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