En el pasado, un adolescente forjaba su personalidad en el hogar, las aulas o con sus amigos del vecindario. Actualmente, ese proceso se desarrolla, de forma creciente, bajo el escrutinio de millones de extraños, medido en likes y moldeado por algoritmos. La interrogante tradicional de “¿quién soy?” se ha transformado en “¿cómo deseo que me perciban?”.
Luis Torres Cardona, psicólogo sanitario experto en infancia y adolescencia y docente del Máster en Psicología Clínica Infantojuvenil de ISEP, ha acompañado a numerosos jóvenes en su práctica clínica. Su conclusión es contundente: las plataformas digitales no son un mero escaparate, sino un entorno que esculpe la identidad desde adentro.
Durante el seminario Aprende de los Mejores, organizado por el Instituto Superior de Estudios Psicológicos (ISEP), el especialista analizó esta realidad con base en los datos del Barómetro Juventud, Salud y Bienestar 2025, donde el 54,7% de los jóvenes entre 15 y 29 años reportó haber enfrentado problemas de salud mental en el último año.

Una personalidad diseñada para la audiencia
Torres denomina “identidad performativa” a la distancia entre lo que un adolescente es realmente y lo que decide exhibir públicamente. “Muchos jóvenes no solo construyen quiénes son, sino también cómo quieren ser percibidos” en sus perfiles de redes sociales, señaló el experto.
En este contexto, la validación externa —un like, un comentario, el número de visualizaciones o seguidores— deja de ser un complemento para convertirse en el indicador del valor personal. “Cuando esa validación no llega como esperan, pueden aparecer sentimientos de rechazo, invisibilidad o baja autoestima”, advirtió Torres.
El asunto no es solo psicológico, sino estructural. “Los algoritmos no son neutrales: priorizan aquello que genera interacción y atención”, enfatizó. Con el paso del tiempo, los jóvenes identifican qué versiones de sí mismos reciben mayor aprobación y modifican su conducta en consecuencia.
Es decir, ciertos rasgos, estilos o comportamientos se refuerzan de forma progresiva, no porque el adolescente los elija de manera consciente, sino porque obtienen más reconocimiento digital. “El algoritmo influye en qué se muestra, qué se refuerza y qué termina integrándose en la propia identidad”, subrayó el psicólogo.
Lo que se observa en la consulta
Las repercusiones llegan a la terapia en forma de revisión obsesiva del teléfono, miedo a perderse experiencias sociales (FOMO), preocupación excesiva por la apariencia o cambios en la forma de vestir y actuar para seguir las tendencias. “También aparecen conductas de evitación emocional: adolescentes que utilizan Instagram, TikTok o similares para aliviar ansiedad, soledad o aburrimiento de forma inmediata”, apuntó Torres.
Y es que “las redes funcionan como un regulador emocional rápido. El alivio es real, pero efímero. Y el precio es alto. Al buscar siempre la gratificación instantánea, los jóvenes tienen menos oportunidades de desarrollar estrategias propias para manejar las emociones. El resultado es mayor impulsividad, menor tolerancia a la frustración y una dependencia creciente del móvil ante cualquier malestar”.

Pantallas que reemplazan la interacción real
Uno de los efectos menos evidentes, pero más alarmantes, ocurre cuando se apaga la pantalla. Algunos adolescentes muestran dificultades para soportar los silencios, interpretar emociones cara a cara, mantener conversaciones extensas o resolver conflictos reales.
Torres aclaró que el inconveniente no reside en el uso de redes en sí, sino en “la sustitución progresiva de experiencias presenciales por relaciones mediadas digitalmente”. Las plataformas no eliminan las habilidades sociales, pero reducen las oportunidades de practicarlas a fondo.
Además, el experto evitó señalar a una plataforma concreta. Insistió en que el impacto depende del uso y de la vulnerabilidad psicológica de cada adolescente. No obstante, reconoció que las redes altamente visuales, como Instagram y TikTok, generan mayor presión al exponer de forma continua a “contenido editado, idealizado y altamente competitivo”, lo que incrementa la comparación social y la búsqueda de aprobación externa.

Indicadores de alarma que no deben pasarse por alto
¿Cómo saber cuándo el uso de redes ha traspasado un límite? Para Torres, las señales incluyen cambios bruscos de ánimo vinculados al móvil, irritabilidad al no poder conectarse, aislamiento, alteraciones del sueño, bajo rendimiento académico o preocupación constante por los likes. También merece atención una marcada discrepancia entre la identidad real del adolescente y la que proyecta en línea.
Torres lo resumió en una medida muy simple: “Cuando el uso digital empieza a generar sufrimiento, deterioro funcional o pérdida de bienestar, es importante intervenir”.
Fuente: Infobae