El acto de bostezar es una de las primeras acciones que se observan en la vida humana, incluso antes de nacer. Aunque comúnmente se asocia con el cansancio, abrir la boca e inhalar aire cumple funciones esenciales en el desarrollo y la comunicación. Durante la gestación, los fetos también bostezan, lo que ha llevado a los científicos a investigar si estímulos externos, especialmente los de la madre, pueden desencadenar este comportamiento.
Científicos de la Universidad de Parma, en colaboración con expertos de otras instituciones europeas, analizaron si el bostezo materno puede provocar el del feto. El estudio, publicado en la revista Current Biology y basado en observaciones con ultrasonido y métodos automatizados, ofrece una nueva mirada al vínculo temprano entre madre e hijo, planteando interrogantes sobre cómo se forma esa conexión antes del parto.
El impacto del bostezo materno en el comportamiento fetal
La investigación revela que el bostezo fetal no ocurre de forma aislada, sino que parece una respuesta directa al bostezo de la madre. Mediante ultrasonidos y grabaciones del rostro materno, los investigadores observaron que, cuando la madre bostezaba, más de la mitad de los fetos imitaban el gesto. En contraste, cuando las madres no bostezaban, casi ningún feto presentaba ese movimiento.

Los datos indican que un 63,9% de las madres y un 52,8% de los fetos bostezaron en la situación diseñada para provocar el contagio, mientras que en las pruebas de control estos porcentajes fueron mínimos. Además, la mitad de las duplas madre-hijo repitió el bostezo de forma sincronizada, un resultado muy superior al azar. Los investigadores también notaron que los fetos solían bostezar poco después de la madre, sugiriendo que perciben señales fisiológicas maternas y responden a ellas.
El análisis estadístico mostró una relación fuerte entre la cantidad de bostezos de la madre y del hijo, apoyando la idea de que no son simples movimientos reflejos independientes, sino una interacción compartida. Según los autores, estos resultados cuestionan la imagen tradicional del feto como un ser aislado, y demuestran que ya participa de un entorno común con su madre.
Cómo se estudió el bostezo prenatal
El estudio incluyó a 38 mujeres embarazadas entre las semanas 28 y 32 de gestación. Cada una participó en cuatro situaciones: una en reposo y tres con estímulos visuales distintos, como videos de personas bostezando, abriendo y cerrando la boca, o con el rostro inmóvil. Mientras, los investigadores registraron las expresiones de madres y fetos con ultrasonido y cámaras de video.
Para identificar los bostezos, tres especialistas analizaron las grabaciones de forma independiente, alcanzando una coincidencia casi total. Además, el equipo usó herramientas de inteligencia artificial para seguir los movimientos faciales y una red neuronal para detectar patrones específicos en la apertura de la boca. Esto permitió comparar con precisión los gestos de fetos y madres.

Los científicos también midieron el tiempo exacto entre el inicio de los videos y el primer bostezo. En promedio, las madres bostezaron a los 84,8 segundos y los fetos a los 175,2 segundos, confirmando que los bostezos maternos ocurren antes.
La comprensión del desarrollo temprano y la interacción social
El artículo señala que el bostezo fetal podría ser una de las primeras señales de comunicación madre-hijo antes del nacimiento. Los investigadores creen que este comportamiento anticipa la capacidad de “contagio” social, es decir, la tendencia a imitar gestos o emociones de otros.
Según los autores, el fenómeno no se explica solo por movimientos automáticos, sino por una interacción compleja entre los cuerpos. Por ejemplo, cuando la madre bosteza, se producen cambios hormonales o en la respiración que el feto percibe e influyen en su comportamiento.

El trabajo también reconoce limitaciones importantes: la muestra fue pequeña y todas las participantes estaban en una etapa específica del embarazo, por lo que no se sabe si el fenómeno ocurre en otras fases o cerca del parto. Además, no se identificó exactamente cómo se transmite la señal. Para futuras investigaciones, sugieren estudiar más mujeres y medir factores como hormonas o frecuencia cardíaca fetal.
El equipo resume su hallazgo principal:
“Nuestra investigación proporciona la primera evidencia empírica de que el bostezo fetal puede resonar con el comportamiento materno”.
Este descubrimiento abre nuevas posibilidades para entender los primeros lazos sociales y cómo madre e hijo comienzan a influirse incluso antes del parto.
Fuente: Infobae