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El instinto de supervivencia: cómo los animales protegen a sus crías

En el reino animal, el cuidado parental se presenta como una de las estrategias más elaboradas para asegurar la continuidad de las especies. No se trata solo de alimentar o proteger, sino de un conjunto de conductas que moldean el futuro de los individuos y de las poblaciones enteras.

Investigadores de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) explican que en los mamíferos, el cuidado materno incluye acciones como alimentar, proteger y mantener el calor de las crías desde sus primeros días. Estas prácticas garantizan no solo su integridad física, sino también un desarrollo psicológico adecuado.

El impacto del cuidado parental trasciende la supervivencia inmediata; modifica la manera en que las especies perpetúan sus linajes y define la estructura social y ecológica de los grupos. Según un artículo de la Revista Endémico, desde bacterias hasta reptiles arcaicos, aves y mamíferos, la diversidad de estrategias de inversión parental y cooperación es enorme.

En algunas aves, ambos padres alternan la vigilancia del nido y la búsqueda de alimento.(Imagen Ilustrativa Infobae)

Un fósil que cambia la historia: cuidado parental hace 309 millones de años

Un descubrimiento paleontológico ha revolucionado lo que se sabía sobre el cuidado parental en la prehistoria. El fósil de Dendromaia unamakiensis, un reptil que habitó la Tierra hace 309 millones de años, muestra a un adulto junto a su cría, lo que contradice la idea de que los animales antiguos solo confiaban en la cantidad de descendencia para asegurar la supervivencia.

Este hallazgo, detallado en la Revista Endémico, amplía la perspectiva sobre la evolución de los cuidados parentales y su relevancia en la historia de la vida en el planeta.

La oxitocina es clave en la formación del apego entre madre y cría en mamíferos. (Imagen ilustrativa Infobae)

El lazo que todo lo puede: la impronta materna y la hormona del amor

La impronta materna es considerada el primer vínculo afectivo entre una madre y su cría. Se trata de un proceso complejo donde la carga genética de cada progenitor se modifica por separado, involucrando mecanismos sensoriales, hormonales y neuronales.

Según la UAM, este proceso permite que las madres reconozcan a sus crías y eviten cuidados mal dirigidos. La oxitocina, conocida popularmente como la ‘hormona del amor’, juega un papel fundamental: facilita el reconocimiento mutuo, el apego, la expulsión de leche y la respuesta protectora de la madre.

El entorno también influye decisivamente. Factores como la temperatura, la luz y el hacinamiento afectan a madres y crías. Por ejemplo, el calor extremo o la falta de sombra y agua incrementan el estrés y la mortalidad en especies como el búfalo de agua y la vaca. La intervención humana durante el periodo de impronta puede alterar el desarrollo emocional de las crías; un manejo inadecuado puede aumentar la agresividad e incluso provocar abandono o canibalismo, especialmente en roedores.

El acicalamiento en roedores cumple funciones de higiene y refuerza el vínculo olfativo con las crías. (Imagen Ilustrativa Infobae)El abandono de crías en roedores suele estar asociado a estrés o manejo humano inadecuado. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Mamíferos y aves: dos mundos, un mismo objetivo

Las diferencias entre especies determinan el tipo e intensidad del cuidado parental. Los mamíferos se dividen en especies precociales, cuyas crías pueden moverse y seguir a la madre poco después de nacer, y especies altriciales —como perros, gatos y roedores— que requieren cuidado continuo durante semanas. El reconocimiento entre madre e hijo ocurre mediante señales sensoriales como el olfato y el tacto; en ovejas, el olor es esencial en las primeras horas, mientras que en roedores el acicalamiento genera feromonas que refuerzan el vínculo.

Las colonias de aves ofrecen protección colectiva contra depredadores durante la época de cría. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En las aves, el cuidado parental biparental es la regla general. Cerca del 90% de las más de 10,000 especies de aves conocidas practican la protección y alimentación conjunta de la descendencia. Según la Revista Endémico, ambos padres suelen construir nidos, vigilarlos y atenderlos. Mientras uno busca alimento, el otro permanece en el nido para proteger y regular la temperatura de los huevos. La formación de colonias reproductivas permite la defensa colectiva y eleva la tasa de supervivencia de los polluelos.

En mamíferos precociales, las crías caminan y siguen a la madre poco después de nacer.(Imagen Ilustrativa Infobae)

La participación paterna también se observa en ciertos mamíferos biparentales, donde el macho asiste en el parto, protege y contribuye al desarrollo social y cognitivo de las crías. Esta colaboración mejora las probabilidades de supervivencia y desarrollo exitoso de los recién nacidos.

Más allá de la familia: el cuidado que trasciende especies

La biología contemporánea reconoce que el cuidado parental y el apoyo mutuo no se limitan a la relación madre-cría. También abarcan a miembros de una misma especie o de diferentes especies, influyendo en la dinámica de comunidades y ecosistemas completos.

Especialistas de la UAM subrayan que la calidad del cuidado parental determina la salud física, emocional y social de los animales adultos. La cooperación y el aprendizaje parental continuo son esenciales para la supervivencia y adaptación en todos los niveles del mundo viviente.

La prolactina es una hormona que estimula la producción de leche en mamíferos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Fuente: Infobae

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